La diplomacia 5.0 Neo

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Por Fernando Oz

Posiblemente mi amigo el trader de la city porteña tenga razón. Hace meses que me viene diciendo que la crisis todavía no llegó, que está muy cerca y que cuando nos golpee la puerta será mucho peor que el estallido de 2001. J.L. es un veterano bandido que bordea los sesenta años, lleva más de la mitad de su vida especulando con la timba financiera y todos los veranos organiza una gran fiesta en su casona de Punta del Este aunque la crisis haga que la mitad de sus invitados no pueda asistir.

Según su pronóstico, el ominoso clima de rumores que hoy nos envuelve parecerá cosas de niños. Todo indica que más tarde o temprano, las dificultades económicas, sociales y políticas, nos escupirá la verdad a la cara más allá del resultado de las urnas.

Es muy posible que el dólar se vuelva a disparar, no ahora sino antes de fin de año y no importa quién haya sido electo presidente en octubre. J.L. dice que tenemos un tipo de cambio muy bajo y que el contagio de la devaluación de la moneda china todavía no llegó al país. Difícilmente el FMI podrá contener más allá de noviembre la tapa de la olla de los desmanejos económicos internos azuzada por la guerra comercial entre Donald Trumpo y el gigante chino.

Resulta un error pensar en que un tipo de cambio alto vaya a incrementar las inversiones, fomentar el crecimiento o aumentar la productividad. Pero, al igual que en otras oportunidades, la economía del país es irreal. La máquina de letras, el cambio sostenido por el FMI, más la exorbitante tasa de interés, nos creó un globo económico tan irreal como el uno a uno del menemismo, o la vida subsidiada con las tarifas energéticas por el piso que pintó el kirchnerismo.

Aunque el Gobierno pretenda liquidar reservas, no podrá llegar a fin de año con un dólar por debajo de los 50 pesos. La calma electoral sostenida por el FMI no durará mucho tiempo más, la desconfianza aumenta, la fuga de capitales es como una canilla abierta, faltan cincuenta metros para las elecciones de octubre y otros cincuenta para que nos lleguen las boletas de los vencimientos de la monumental deuda externa en la que nos han metido.

El campo hace fuerza para tener un dólar alto, lo mismo promueven algunos exportadores. El dólar alto es inflación, la inflación descontrolada es más pobreza. El próximo gobierno, sea cual sea, va a necesitar dólares para pagar la deuda y no entrar a un default. La situación es realmente explosiva.

¿Después de octubre podrá el Gobierno encontrar un equilibrio real para aumentar la productividad, frenar la fuga de capitales, otorgar sustentabilidad para una suba salariar que reactive la economía interna? ¿Quien jure como Presidente el próximo 10 de diciembre tendrá tiempo para frenar el estallido?

Hay una sola salida para evitar que todo vuele por los aires y hay dos caminos que conducen hacia esa puerta, uno más largo y otro más corto. La senda más extensa es la económica mediante la implementación de planes sectoriales de competitividad que impulsen el consumo, más una inyección de rebajas impositivas. Es lógico pensar que es más fácil poner en marcha una reforma del aparato estatal en un marco de economía en expansión. La vía más corta es el acuerdo de la clase política. Sólo un pacto patriótico podrá evitar el inminente naufragio.


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Frente a semejante panorama me preguntaba en qué posición quedará la Tierra Sin Mal después del 10 de diciembre con la jugarreta libertadora de la boleta corta. La respuesta la encontré después de algunos llamados.

En el entorno de Alberto Fernández creen que la neorenovación (ellos la siguen llamando Renovación) tuvo un gesto de “caballerosidad” al cumplir con su palabra de no hacer campaña por algún candidato presidencial en particular. “Ni siquiera nos hizo falta repartir la boleta de Alberto y Cristina porque la propia dirigencia renovadora se ocupó en hacerlo”, se lee en el WhatsApp que me envió uno de los hombres que acompaña a Fernández a todos lados desde que lo incorporó a la campaña.

Algo similar dicen en la jefatura de Gabinete que maneja Marcos Peña: “Hasta el momento nos vienen demostrando que hacen un culto de la fidelidad a la palabra empeñada. Vos fíjate que a lo largo de la campaña no hemos tenido problemas. Hay cosas que compartimos y otras que no, pero siempre nos han apoyado y hay un buen diálogo”. Los embajadores de la Tierra Sin Mal en el macrismo siguen con las credenciales sin tachaduras.

Es así, los neorenovadores se ocuparon en repartir las boletas de Fernández, Macri, y Roberto Lavagna en un mismo sobre junto a la boleta corta que lleva los candidatos a diputados nacionales de la neorenovación.

La relación del salteño Juan Manuel Urtubey con el gobernador saliente Hugo Passalacqua es la de dos chicos en un pelotero. Así que tampoco hay un frente abierto por aquel lado.

Hasta el momento, la diplomacia del estratega Carlos Rovira sigue siendo efectiva. La política exterior de la Tierra Sin Mal promete mantenerse inalterable durante los próximos meses, pese a las operaciones fallidas de quienes quieren arrastrar a la provincia hacia la grieta. Se esperan nuevos actos de sabotaje para quebrar las relaciones diplomáticas, el grumete de confabuladores está integrado por gente del mismo palo, ex funcionarios, renovadores de la primera ola, nuevos sindicalistas, y algún funcionario con aspiraciones a ser una opción en las elecciones de 2023.

Mientras tanto el gobernador electo, Oscar Herrera Ahuad, acelera sus clases de inglés y ya gastó tres docenas de lápices y cuatro gomas de borrar intentando armar su gabinete. Por ahora hay más personas en el banco de suplentes que entre los titulares que saldrán a la cancha. Se buscan funcionarios que hablen fluidamente inglés, sepan manejar redes sociales y estén a tiro con las nuevas tecnologías.

Las relaciones exteriores serán una de las claves para la neorenovación. Parecería ser que ya no es suficiente una embajada en Buenos Aires y el plantel de diplomáticos resulta chico. Después del éxito de la Escuela de Robótica se viene la creación del Instituto del Servicio Exterior de la Tierra Sin Mal. ♣♣♣

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