Un laboratorio llamado Misiones

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Por Fernando Oz.

La edición de hoy de #PuenteAereo está vinculada a tres temas básicos. El primero es sobre la capacidad de saltar las grietas, que de algún modo es escapar del limitado pensamiento binario. Entender que entre el negro y el blanco hay una gama de grises.

El segundo tiene que ver con la evidente preponderancia de los partidos provinciales frente al viejo modelo bipartidista y centralista. Un camino hacia un sano federalismo que luego converge en el Congreso. De nuevo el salto y la gama de colores.

El tercero es sobre la saludable alternancia en el poder, estrechamente vinculado al desarrollo político de los pueblos. Una vez más el salto, el arcoíris de la diversidad del pensamiento.

Los viejos lectores de #PuenteAereo saben que desde hace tiempo vengo siguiendo la evolución de la renovación, aquel partido político que nació en la Tierra Sin Mal. En su momento señalé que los que seguían por aquel camino, tarde o temprano, iban a tener que romper algunos paradigmas y sacudirse de viejas mañas para poder saltar al siguiente paso o enfrentarse al fracaso.

Mientras algunos hablaban de misionerismo –término discutible y del que ya he escrito en varias oportunidades– yo hablaba de la neorenovación. Un salto cuantitativo y cualitativo que se encuentra en pleno proceso evolutivo.

A más de un renovador –algo que yo no soy– le consta que vengo hablando y escribiendo sobre la necesidad de exportar el modelo democrático evolutivo que se vive en la Tierra Sin Mal. Después llegó la conformación del bloque misionerista en la Cámara de Diputados de la Nación, un proceso que viví de cerca.

Para poder saltar la grieta, primero había que despojarse de las viejas antinomias del poder. Las contradicciones irresolubles, de algún modo, se desprenden solas frente a la validez del razonamiento lógico. Kant lo explicaba de una manera muy interesante; decía que si la razón sobrepasaba la experiencia, corría el riesgo de caer en alternativas racionales pero contradictorias entre sí.

La renovación tenía que pasar por experiencias democráticamente contradictorias para evolucionar. Algunos dirán que se trató de una cuestión pragmática de subsistencia, personalmente creo que se trató del justo medio entre la experiencia y la utilización del pensamiento lógico.

¿Cuántos opositores a la renovación, de pensamiento critico, decidieron formar parte de las listas de la renovación (neorenovación)? Algunos integrantes de la oposición irracional dirán que fueron comprados, pero cuántos de ellos pudieron ser comprados y cuántos se sumaron después de notar la evolución del pensamiento.

Alguien duda que de aquella reelección indefinida a la alternancia en el poder no hubo un evidente proceso de evolución de pensamiento. El espíritu de la alternancia en el poder tiene un hilo que inevitablemente conduce al refresh, un término que había que entenderlo desde una lógica disruptiva. La candidatura a gobernador del vicegobernador en campaña permanente, Oscar Herrera Ahuad, y de su compañero de fórmula, el médico de zapatos deslustrados, Carlos Arce, responden esa lógica.

El gen renovador se encuentra en un tubo de ensayo en continuo proceso de transformación. La renovación es un laboratorio social apasionante, al que se le debería prestar mayor atención. Pero ojo, son los ciudadanos los árbitros de las alternancias.

Todos los fracasos políticos tuvieron el mismo origen: la ausencia del consenso, de la concordia, entre todos los actores políticos sobre el juego al que querían jugar. Sucedió en el radicalismo, en el peronismo, en el fracasado proyecto de la alianza, en las adolescentes reyertas del kirchnerismo, y ahora estamos observando cómo se desase el aglomerado Cambiemos.   ♣♣♣

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