MACRI RELANZARÁ SU GESTIÓN EN CLAVE ELECTORAL

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Por Fernando Oz

¿CUÁNTAS VECES, especialmente durante el último año, escucharon decir que el Gobierno del aglomerado Cambiemos tenía las horas contadas? En el camino siempre surgía algún argumento para alargar aquel estado de agonía: hay que esperar que pase el mundial. Se cae después de firmar el último acuerdo con el FMI. Hay que esperar que termine la cumbre del G20. Tiene que llegar a mediados de diciembre. Todo vuela por los aires después de navidad. Nada de eso pasó y la estrella de Mauricio Macri sigue brillando.

Quienes han seguido de cerca su carrera política saben que Macri no es aquel hombre violento y caprichoso que tomó casi por asalto las riendas de un club de fútbol de la talla de Boca Juniors. Mucho menos aquel neurótico gerente general de una de las ramas del Grupo Socma que manejaba los asuntos empresariales durante descontroladas fiestas regadas de bebidas Premium. Tampoco es aquel vicepresidente de Sevel que montaba su base de operaciones en el vip de la discoteca El Cielo. También parece haber superado la conflictiva relación que siempre mantuvo con Franco, su padre, y con los empresarios que lo veían como el problemático hijo de.

Algunos dicen que Juliana Awada es su bálsamo. Otros opinan que el hecho de llegar a la Presidencia lo llevó a enterrar el farragoso apego psicológico al padre. En lo que sí todos coinciden es en que Mauricio ya no es lo que era y que enfrentar las tormentas y sus propios fracasos de cara al viento lo estimula.

“Mauricio cambió mucho. Reconoce sus errores y enfrenta las adversidades de la gestión de una manera diferente a la que lo hacía cuando estaba en el gobierno de la Ciudad. Él no se va de vacaciones, se va a meditar cuál será el próximo paso. Parece que se desenchufa pero en realidad no lo hace, toma distancia para ver las cosas desde otros ángulos”, dice un funcionario que lo acompaña desde su incursión por Boca.

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SU PRÓXIMO PLAN será promocionar una suerte de relanzamiento de su gestión. Incorporar algún que otro radical en cargos de exposición, recorrer el país, generar nuevos acuerdos de gobernabilidad, fortalecer su alianza con Estados Unidos y reformular viejos tratados con Brasil. También prepara una serie de reformas del Estado que enviará al Congreso, la idea parece que es la de apropiarse de la agenda política con una serie de iniciativas de corte progresista y otras que son de derecha.

Una estrategia de pinzas. Por un lado avanzar con un esquema a lo Bolsonaro, aunque más moderado en lo discursivo. Y por el otro, arremeter con temas transversales como ya lo hizo cuando reabrió el debate por la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo no deseado.

El rol de las Fuerzas Armadas será uno de los debates para el año electoral. El plan de reestructuración ya se encuentra listo desde hace meses. No sólo se buscará abrir el camino para que puedan tener un pie dentro de la seguridad interior, también se prevé la ampliación de las operaciones militares argentinas en el exterior.

También ingresará al congreso un paquete de leyes que flexibilice las condiciones laborales para darle una “competitividad” a la economía. La reforma laboral no estará sola: “habrá una serie de medidas que servirán de colchón, como por ejemplo acelerar la contratación de trabajadores temporarios y extranjeros”, detalló un funcionario que aún no se tomó vacaciones.

El relanzamiento de la gestión será antes de marzo en el marco de una batería de medias y proyectos de ley. Ahora el jefe de Gabinete, Marcos Peña, se prepara para tomarse unos días de vacaciones y a su regreso se ultimarán los detalles. “Ni la cuestión electoral, ni lo que suceda con el inicio del ciclo lectivo, van a frenar la gestión y los cambios que se vienen porque tienen que ver con la gestión”, dicen en el entorno de Peña.

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¿Y LA ECONOMÍA? En el aglomerado Cambiemos están confiados que en el segundo semestre habrá una leve reactivación que traerá “esperanzas” y “capitales extranjeros que no son golondrinas ni especulativos”. Habrá que ver, los muchachos del PRO tienen una gran habilidad para patear la pelota hacia delante.

Después de haber tocado un pico de 837 puntos básicos a fines de diciembre, el riesgo país hoy se encuentra por debajo de 700 según el índice que elabora JP Morgan. Aquel máximo no se produjo por los desaciertos del Gobierno del aglomerado. Los motivos son otros y están más vinculados a la política económica de Donald Trupm que a las decisiones que se tomen en la Casa Rosada.

En la oposición nadie quiere hacer la lectura sobre lo que ocurrió en Wall Street desde principios de diciembre, que fue cuando picó una crisis superior a la de 2008. Ni qué decir del aumento de la tasa de referencia que ejecutó la Reserva Federal de los Estados Unidos, algo que perjudicó a los mercados emergentes como el de Argentina. Ahora los activos criollos están en alza.

También hay otros datos positivos. A nivel nacional, la inflación se está desacelerando y Macri, el favorito del mercado, ha visto un aumento en los índices de aprobación.

De todos modos sigue habiendo desconfianza por parte de los fondos de inversión y los principales puntos de ese estado son:

  • Las desinteligencias que tuvo el equipo económico al administrar el endeudamiento, subir las tasas de interés, no bajar el déficit durante los primeros ejercicios, y la calesita de letras.

  • El endeble sistema jurídico que se maneja conforme a los resortes políticos y al humor de la opinión pública.

  • Las obligaciones de pago a futuro. Especialmente los desembolsos para los vencimientos del stand-by del FMI durante los ejercicios 2022 y 2023.

  • Aún es importante el desequilibrio que hay con la cuenta corriente externa, lo que genera una titilante luz roja con un riesgo país de 673 puntos.

  • La incertidumbre que genera un año electoral en un escenario polarizado y de variables temblorosas.

Lo que está sucediendo ahora, según nuestros analistas asociados, es que los inversores tienen a los títulos argentinos dentro de la franja de riesgo alto pese a que se trata de un país con la categoría de mercado emergente.

Hay otras señales positivas para los inversores:

  • El Gobierno cubrió prácticamente la totalidad de la última licitación de letras en dólares a una tasa de 7,75% anual.

  • El dólar se mantiene estable dentro de la estimada banda cambiaria.

  • La reducción del déficit fiscal primario comienza a tener números creíbles y racionales ante los ojos del mercado externo.

Hace unos días la agencia Bloomberg indicó que pocos economistas esperaban que el peso se convirtiera en una de las monedas de mercados emergentes con mejor desempeño. Ha subido un 10% frente al dólar desde el lanzamiento del nuevo plan del Banco Central, que también incluyó congelar la cantidad de pesos en circulación y mantener las tasas de interés cerca del 60%, una cifra mundial alta.

Hay una paradoja por resolver. Reducir las tasas de interés más rápido podría impulsar el endeudamiento, pero al mismo tiempo reactivar el crecimiento económico, al tiempo que reduce la demanda de pesos en el mercado.

Sin embargo, algunos analistas creen que hay razones para esperar que el peso se debilite más. Argentina está en recesión, se espera que la inflación termine este año en torno al 30% y la incertidumbre en torno a las elecciones presidenciales de octubre podría desencadenar otra crisis monetaria.

Por ahora Macri apuesta a su sociedad con Trump aunque sea un camino lleno de turbulencias. Lo que todos se preguntan en el mercado es si habrá voto castigo por una cadena de desaciertos que poco tienen que ver con la herencia. ♣♣♣

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