La derecha está de moda en Latinoamérica

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 Por Lucia Sabini Fraga

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La ola de la derecha en el continentinente mantiene su rumbo: esta semana Guatemala tuvo cambio de gobierno y Alejandro Giammattei Falla asumió la presidencia del país caribeño el martes 14 de enero por el espacio que preside, llamado Vamos por una Guatemala Diferente (Vamos). Si bien no había salido primero en las elecciones generales de junio de 2019, Giammattei se impuso en agosto durante la segunda vuelta con el 57,95% de los votos frente a la candidata Sandra Torres (42,05%), del espacio Unidad Nacional de la Esperanza (UNE).

La asunción misma ya tuvo un colorido inicio. “Les pido disculpas a todos los asistentes y a la población guatemalteca, motivos ajenos al nuevo Gobierno han afectado al desarrollo de los actos de la toma de posesión”, twitteo el nuevo mandatario que asumió con un atraso de casi cinco horas después de lo estipulado. Tan demorado, que los miembros de al menos dos delegaciones extranjeras se retiraron sin presenciar el acto, temerosos de perder sus vuelos de regreso. Gran parte del atraso estuvo ligado al escrache que sufrieron el actor de profesión ahora devenido en expresidente, Jimmy Morales, y su ex vicepresidente Jafeth Cabrera, por manifestantes que los agredieron y persiguieron cuando intentaban ingresar a su hotel en la capital de Guatemala.

El expresidente Morales mantiene abiertas distintas acusaciones por corrupción y manejo de dinero ilícito, y 17 solicitudes para procesos de desafuero, condición que le permitió hasta ahora eludir a la Justicia. El mismo martes, en su discurso de despedida, Morales aseguró que dejó una “administración estable” y “en condiciones de iniciar el camino hacia el desarrollo”. Uno de los ejes de su discurso –que atraviesa de lleno la política local– refiere a la crisis migratoria que también toca a varios países de la región como Honduras, El Salvador o México. El año pasado, Estados Unidos y Guatemala firmaron un acuerdo que convirtió a la nación centroamericana en “tercer país seguro”, una figura mediante la cual EE.UU. está autorizado para enviar migrantes salvadoreños y hondureños deportados a Guatemala.

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Por su parte, el discurso de Giammattei no retomó la cuestión migratoria en particular, pero si sucumbió ante las falencias más notorias que según los distintos organismos internacionales posee Guatemala respecto al continente: primero en desnutrición infantil crónica, penúltimo en inversión pública en educación, y con un 60 por ciento de la población en niveles de pobreza y exclusión. Y por supuesto, el flamante presidente fue de lleno al que parece el mal de época del continente: “Persigamos la maldita corrupción”. Su primer discurso pareció el guión de película de acción yankee. Guatemala posee uno de los peores índices respecto a los niveles de corrupción, junto a Haití, Venezuela y Nicaragua.

También anunció la lucha directa contra las “pandillas” ligadas al narcotráfico presentando, entre otras iniciativas, un proyecto de ley para declararlas como “grupos terroristas”. De cara a la violencia instalada en el país, el nuevo gobierno tiene un desafío más que grande: durante la última década se registró la muerte violenta de 60.000 personas. De hecho, el presidente anunció este viernes 17 la imposición de un “estado de prevención” en dos municipios para combatir a las famosas maras; esta medida implica limitar las reuniones al aire libre y permitir la disolución de reuniones, grupos o manifestaciones no autorizadas, y será llevada a cabo durante los próximos seis días durante las 24 horas. Bajo el nombre “Recuperación y Control 1”, esta primera operación del nuevo gobierno busca aparentemente “brindar de seguridad a la población”. 

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En su primera semana, el flamante presidente se anoto algunos porotitos en el ámbito de la política internacional, como para que no queden dudas de hacia dónde miran sus ojos: a solo dos días de asumir, rompió relaciones diplomáticas con el gobierno de Venezuela y su presidente Nicolás Maduro; al mismo tiempo que selló un acuerdo con el presidente de Colombia, Iván Duque, para coordinar el apoyo a los ejércitos de ambos países en la “lucha sin cuartel” contra los “enemigos de la democracia amparados en el tráfico de las drogas, las armas y la trata de personas”.

Duque, quien enfrentó duras protestas sociales contra sus políticas de gobierno este último año, también es acusado de no cumplir los Acuerdos de Paz alcanzados en Colombia y por el aumento de asesinatos de referentes y líderes políticos de la oposición.  

En uno de sus últimos twits, Giammattei también resaltó continuar la decisión encarnada por el anterior mandatario Morales de asentar la embajada del país caribeño en la ciudad de Jerusalén, una de las decisiones más polémicas del mandatario norteamericano Donald Trump en mayo del 2018 que fue rápidamente secundado por Guatemala, Honduras, Paraguay, y recientemente Brasil en lo que refiere a países de nuestro continente. Jerusalén es una ciudad en disputa hace más de 70 años, cuyo territorio pertenece a Palestina y que el Estado de Israel ha tomado como propio.

El jueves pasado, a solo dos días de asumir, el presidente de Guatemala se juntó con el secretario general de la OEA, el uruguayo Luis Almagro, donde acordaron “trabajar juntos para fortalecer los DDHH, la democracia, el desarrollo sostenible y la seguridad de Guatemala”. También coincidieron en la “necesidad de apoyar las acciones” del auto proclamado presidente encargado de Venezuela –la obsesión de la OEA–, Juan Guaidó, y de “continuar ejerciendo presión a la dictadura para lograr la redemocratización del país”.

Por lo visto, el hombre mantuvo en esta primera semana una agenda bastante cargada y no sólo en el ámbito internacional. Al día siguiente de asumir, mantuvo un encuentro con funcionarios estadounidenses y la Cámara de Comercio Americana en Guatemala con el fin de atraer inversiones del norte. Posteriormente se acercó a saludar a las tropas militares del país, con el fresco anuncio de que cada año se sumarán 1.500 soldados a las fuerzas del Ejército para completar un total de 6.000 durante sus cuatro años de Gobierno, “con el fin de fortalecer la seguridad en las fronteras, el resguardo de la población en casos de desastres y el apoyo a las instituciones del Estado cuando se requiera”, explicó el mandatario, muy a tono con los vientos militaristas que corren.   

El pasado jueves, el presidente reafirmó “su compromiso con Dios y con Guatemala” en un acto en el Quinto Tedeum Cristiano Evangélico, donde oraron por los gobernantes electos y el futuro de la nación. Giammattei, –médico cirujano de profesión– ha firmado un acuerdo como candidato durante el año pasado, en donde se puntualiza al matrimonio como una institución social “entre un hombre y una mujer” y “a favor del respeto a la dignidad humana desde el momento de la concepción”.

Paradójicamente, el presidente que no tiene ninguna intención de despenalizar la práctica del aborto ni legalizar el matrimonio homosexual, se manifestó a favor de la pena de muerte durante la última campaña, y favorable al uso militar en la seguridad ciudadana; sin duda, un curioso sentido del respeto por la vida.

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Dentro del Congreso, el nuevo oficialismo es la segunda fuerza luego del espacio UNE que responde al anterior gobierno. Sólo 17 congresistas corresponden a Vamos para el período 2020-2024, de una total de 160 miembros, en donde más de una docena de fuerzas pequeñas se dividen el total de escaños. Entre ellas, también se encuentran partidos como el movimiento de izquierda indigenista Winaq, fundado por la Premio Nobel de la Paz 1992 Rigoberta Menchú, que obtuvo cuatro bancas.

Pese a su minoría, el espacio gobernante mantendrá la presidencia del Parlamento con el diputado Allan Rodríguez, gracias a las alianzas establecidas con otros bloques minoritarios y disidentes de la oposición. Sin embargo, una sorpresa para Vamos fueron las declaraciones del presidente durante el discurso inaugural donde salió a despegarse de su propio espacio; informó que a partir de ese martes quedaba al margen de su partido político para servir a todos los guatemaltecos y no solo a sus partidarios: una declaración no apta para desconfiados. El médico ahora presidente fue candidato en cuatro ocasiones para ese cargo –que nunca ganó hasta ahora-, y su carrera como funcionario público tampoco es una novedad: durante el período 2005- 2007, Giammattei dirigió el Sistema Penitenciario de Guatemala, lapso durante el cual se produjo la escandalosa Operación Pavo Real, un caso de ejecuciones extrajudiciales y violaciones a los DDHH en la cárcel de Pavón, a cargo de policías y autoridades carcelarias, y por lo cual el actual presidente estuvo casi diez meses en prisión (y luego absuelto) diez años atrás.

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Guatemala posee 16 millones de habitantes, siendo el estado más poblado de Centro América, y mantiene poco menos del 40% de población indígena. En gran parte, eso explica por qué este país posee los sectores urbanos y rurales divididos en partes casi iguales, aunque con un creciente proceso de urbanización que no escapa a la tendencia mundial.

El rol de EEUU es una llave clave para comprender la raíz histórica de su economía extranjerizada (una auténtica “república bananera” controlada por la empresa United Fruit Company) y las grandes desigualdades aún reinantes de este pequeño país que sufrió –como gran parte del continente– un Siglo XX convulsionado: dictaduras militares, surgimiento de guerrillas armadas, abierta intromisión estadounidense y un conflicto –planteado como Guerra Civil– que se extendió entre 1960 y 1996, finalizando formalmente ese año con la firma de un acuerdo de Paz. Según una comisión de las Naciones Unidas, el saldo al final de la guerra fue de doscientos mil muertos, cuarenta y cinco mil desaparecidos, y cerca de cien mil desplazados, de los cuales (según la propia comisión) las fuerzas gubernamentales fueron responsables de 93 % de la violencia, y solo un 3% se puede adjudicar a manos de los grupos guerrilleros. Hasta el famosísimo Steven Spielberg se le animó al tema: fue el productor del documental Finding Oscar (Encontrando a Oscar), el drama de un niño de tres años apropiado luego de la matanza en 1982 del poblado Las Dos Erres, ejercidas por fuerzas especiales del ejército guatemalteco y entrenada por militares estadounidenses, para combatir al “comunismo”.

Esta semana se abre un nuevo capítulo en la historia de Guatemala; habrá que ver si el dicho por una vez no se cumple y no pasamos de Guatemala a guatepeor. ♣♣♣

#PA.

Domingo 19 de enero de 2020.
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