Hacer ver: arte y política

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Por Mariana Díaz


“Si el arte llega a todos, permite expresar sentimientos y hace que la libertad exista y que la humanidad sea más poderosa”. Ai Weiwei.

Artista contemporáneo, pensador y activista. Nació en Beijing en 1957, dentro de una familia de artistas que sufrió la persecución del gobierno comunista y fue desterrada a una provincia occidental de China. Después de la muerte de Mao Zedong, Ai Weiwei se trasladó a Nueva York para estudiar artes plásticas. Entre 1981 y 1993, desarrolló su trabajo artístico en base a la apreciación de los readymades de Marcel Duchamp y elaboró una profunda crítica hacia los sistemas de los valores sociales y culturales de China.

A través del análisis y la reflexión, desarrolla instalaciones, arquitectura, arte conceptual y proyectos de activismo, en los que constantemente cuestiona los valores políticos, económicos, sociales y culturales.

Ai Weiwei tirando al suelo una urna de la dinastía Han. 1995. Gelatina de plata.

Tirando al suelo una urna de la dinastía Han, es una obra en la que el artista deja caer un objeto ceremonial de 2000 años de antigüedad, permitiendo que se destruya contra el suelo junto a sus pies, creando e incorporando el readymade cultural.

La acción, no solo trata el valor económico del objeto histórico, sino que también, trata el valor simbólico y cultural, la dinastía Han está considerada como una era determinante en la historia de la civilización y la destrucción de la urna significa arrojar todo un legado de gran significado cultural para China.

En 1995, Ai Weiwei comienza a utilizar objetos antiguos como readymades, demostrando la intención de cuestionar todo lo que se encuentra relacionado a las estructuras sociales y culturales.

Ante las críticas de las diferentes posturas del arte y haciendo referencia a la destrucción de antigüedades durante la Revolución Cultural China, Ai Weiwei respondió:


“El presidente Mao solía decirnos que solo se puede construir un nuevo mundo si destruimos el viejo” Ai Weiwei.


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Elena Oliveras, propone que todo artista cuestionado pone de manifiesto, a su modo, el enfrentamiento a la lógica del fundamento o mandato. Esta lógica, trasladada al campo de la política, corresponde al término “policía”, según el cual, las disposiciones del gobierno se convierten en leyes naturales del orden social. Es así, que dentro de todo lo natural, algunos sujetos están destinados a mandar y otros a obedecer, unos a hablar y ser escuchados y otros a callar y no aparecer. La política consiste en la ruptura de la lógica del arkhé, sostiene Jacques Ranciére: “Nuestro mundo gira en sentido contrario, y quien quiera curar a la política de sus males no tendrá más que una solución: la mentira que inventa una naturaleza social para dar un arkhé a la comunidad”.

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La función del arte es incomodar, sensibilizar y reinterpretar las experiencias de lo habitual. Que haya pintura no significa que haya arte y que haya formas de poder no significa que haya política. La política del arte, es visibilizar a los sectores invisibilizados de la sociedad e interrumpir la -supuesta- normalidad. Para que existan arte y política, es fundamental poner en el centro la idea del desacuerdo y hacer ver las fallas que existen dentro del orden social.

Ai Weiwei, el arte y el hacer ver a través de un gesto hacia lo intangible. ♣♣♣

#PA.

DOMINGO 12 DE JULIO DE 2020.
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