EL FASO DE PEPE

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Por Lucia Sabini Fraga

EL 24 DE DICIEMBRE perdimos el bus que nos trasladaría junto a dos amigas de Montevideo a la costa, a pasar las fiestas con nuestras respectivas familias. Llegamos tres minutos después de que partiera de la terminal Tres Cruces. Que colgadas estas gurisas, pensé. Una vez liquidado el asunto del nuevo billete, no quedaba otra que esperar. Nos compramos golosinas, tiramos las mochilas en el piso, nos hicimos un mate. Una de las chicas se armó un cigarrillo de marihuana mientras esperábamos en los andenes de la terminal, frente a la vista de los pasajeros que iban y venían, de los boleteros y los policías del servicio regular. Total normalidad.

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DESPUÉS DE LA LEGALIZACIÓN del aborto, del presidente humilde Pepe Mujija con su perra tuerta y su escarabajo del año 87, el Maracanazo y la garra charrúa; la Suiza de América hace campaña de sus múltiples encantos y la mística sigue intacta. Ser el primero del continente en legalizar la marihuana (en octubre de 2018 Canadá fue el segundo y tomó como referencia varios de los puntos de la normativa uruguaya) significó el broche de oro para constituirse como el país perfecto del progresismo regional.

A diferencia de otras legislaciones, el estado uruguayo tiene enorme injerencia en la producción y distribución de esta droga. Mediante licitación pública, dos empresas se constituyeron en octubre del 2015 como las productoras de cannabis de efecto psicoactivo de uso no médico (SIMBIOSYS e ICCORP, integradas por capitales uruguayos y extranjeros). Ambas fábricas funcionan en la localidad de Libertad –departamento de San José– al suroeste del país.

img_9464Se creó por ley el Instituto de Regulación y Control de Cannabis (IRCCA) que, entre otras cosas, realiza los controles de calidad pertinentes sobre la producción de cannabis, como ser la cantidad de THC o de agroquímicos permitidos. Luego la mercadería se empaqueta y distribuye en pequeños sobres a las farmacias adheridas de todo el país.

El consumo se puede realizar de otras dos maneras alternativas –más allá de la compra en farmacias– que son el auto cultivo y los Clubes Cannabicos, organizaciones no gubernamentales que militan activamente en el mundo de la marihuana y sus derivados. Los clubes también están regulados en cantidad de miembros y de producción; allí se desarrollan talleres, charlas e intercambio de experiencias. Se paga una cuota mensual para ser socio que habilita el consumo de determinada cantidades de marihuana. En todo Uruguay hay 114 clubes. Farmacias habilitadas, sólo 17.

Respecto al auto cultivo –que da respiro al control y monopolización estatal del circuito– el permiso es por un máximo de seis plantas por hogar. Sí, seis plantas. Una primera conclusión es que mucha gente fuma sin siquiera pisar de lejos la farmacia: los que plantan y los amigos de los que plantan. Y quien te dice, los amigos de los amigos de los que plantan.

En todos los casos, las plantas deben estar registradas en el IRCCA y cumplir las normas de control. Hasta el día de le fecha hay 6802 cultivadores inscriptos en todo el país.

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“EL SISTEMA FUNCIONA BÁRBARO”, dijo el farmacéutico de La Cabina, negocio pionero del departamento de Maldonado en el ingreso al circuito de venta de cannabis en Uruguay. Según nos contaron, ese departamento es el que tiene mayor registrados per-cápita del país en proporción a su población.

El departamento de Rocha –donde están las playas que los argentinos devoran en el verano como La Paloma, La Pedrera, la capital del hipismo latinoamericano Valizas o la versión chic de lugares sin energía eléctrica como Cabo Polonio– no tiene aún farmacias dentro del registro. Amparadas en una supuesta encuesta anónima a sus clientes, las farmacias temían perder usuarios si comenzaban a verse filas de zombies adictos exigiendo marihuana en la puerta de sus locales. Pocas fueron las que lo vieron como una oportunidad o no tuvieron tantos reparos. Como requisitos, a su vez, debían tener todos los papeles, impuestos y habilitaciones en regla y no ser nuevas (en criollo: no abrir pa´eso).

En Maldonado, hace un mes una nueva farmacia asomó al negocio cannábico y La Cabina (nombre curioso para una farmacia ¿no?) dejó de ser la única del departamento. Se va perdiendo el miedo. “La gente violenta es la que grita a los que están haciendo fila”, dice Alicia, dueña de ese local.

Una vez registrado, el consumidor pueden acudir a cualquier farmacia del país habilitada (mas allá de dónde vive o dónde se anotó) y con su dedo pulgar registrar la compra. El consumo tiene un tope mensual: 40 gramos. Es decir, unas ocho bolsitas. La farmacia lleva ese conteo de manera automática: cada paquete tiene su código de barras, como cualquier otro producto de producción masiva. Hay dos tipos de sobre: Alfa y Beta cuyos efectos difieren en ser “más sensoriales” o “más físicos” respetivamente. Depende lo que uno quiera sentir, el paquete que compra.

En La Cabina también se venden liyos, picadores (o desmorrugadores, como le dicen por estas tierras), pipas y encendedores. Hay gran variedad y están a la vista en una vitrina central: evidentemente en esta farmacia hay una posición activa respecto al uso de la marihuana. También fueron originales en comunicar el estado de abastecimiento: como no se puede hacer publicidad del consumo de esta droga, utilizan en su Facebook avatares de colores según disponibilidad para comprar. El sistema semáforo no falla.

La Ley 19.172, o Ley de la marihuana, fue presentada en diciembre de 2013, promulgada un año después y ya lleva cuatro años en práctica. Sin embargo, recién a mediados de 2017 comenzó activamente la venta en farmacias.

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NO TODO ES FELICIDAD. A nuestra madre patria (EEUU para los que dudaron) no les gustó tanto la medida pionera en el mundo de un Estado como ente productor y regulador de cannabis. El consumo de marihuana sigue en la nómina del narcotráfico –según la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC) Uruguay “ha violado los tratados internacionales” al legalizar la producción, venta y consumo– por lo que el paisito tuvo que enfrentar severas restricciones por parte de los bancos, en primer lugar internacionales (como el Santander), que luego se ampliaron al propio Banco Nacional de la República. Ante la amenaza de no poder comerciar o comprar dólares, el gobierno uruguayo firmó diversos acuerdos que en resumidas cuentas implica que la venta de marihuana en las farmacias sea en moneda contante y sonante (efectivo), sin bancos intermediarios.

¿Y de cuánto estamos hablando? La marihuana se vende en bolsitas y cada una de ellas tiene cinco gramos. El gramo cuesta 1,3 dólares por lo tanto la bolsita sale unos 210 pesos uruguayos. El precio lo fija el Gobierno mediante su organismo específico: el IRCCA, que depende del Ministerio de Salud Pública.

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UNA DIFERENCIA IMPORTANTE de la legislación uruguaya respecto a la argentina, es que el consumo no estaba penado desde mucho antes de la llegada de la Ley 19.172. De hecho, si bien hubo varias reglamentaciones y ninguna muy severa con el uso de la marihuana, en 1998 directamente se legalizó el consumo siempre y cuando implicara pequeñas cantidades para uso personal. No así su producción ni compra. Eso significaba dos cosas: que la gente ya fumaba en la calle sin ningún temor a que la policía lo detuviera y que el verdadero riesgo era la compra, sobre todo en las famosas bocas de venta. Con la ley, la primera cosa no cambio, la segunda sí.img_9455

Lucas tiene 34 años y es funcionario público del Parlamento Nacional. Está registrado como adquiriente para la compra de cannabis hace ya más de un año. Según él, la droga dejó de ser un tema tabú, y si bien la mayoría de la población no estaba de acuerdo con la ley en cuestión –muchas de las encuestas señalaban que alrededor de un 60 por ciento  de los encuestados estaban en contra y un 30 a favor– la medida implicó un progreso en términos de la “agenda de derechos”, como se la denomina.

A diferencia de lo que uno pudiera imaginar, no parece haber un costo político para el Frente Amplio (coalición gobernante desde el 2004) y por el contrario, ninguna fuerza opositora se animaría a ir para atrás con ésta política pública en caso de ganar las elecciones este año. Ya es una conquista.

–Lo que tiene de bueno, es que no tengo que ir a una boca–

En términos concretos, este cambio es sustancial. No solo por la ilegalidad de la compra sino porque son lugares que alientan otros tipos de consumo: si a la tercera vez que vas no hay marihuana, es probable que te terminen vendiendo pasta base o lo que haya en stock. Para Lucas, este hecho desnuda que hay un negocio alrededor de la droga que implica consumos cada vez más peligrosos.

Como enganche extra “comprar en la farmacia sale más barato que comprar un 25 en cualquier lado”. Calidad y precio: un negocio redondo. “La gente que fuma está contenta”, remata.

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LA RESISTENCIA A LA LEY y al consumo en general existió y seguirá existiendo. Quizás en el interior resuene más que en la capital, como suele pasar con este tipo de medidas debido a ciertas dosis mayores de conservadurismo y tradición. En lo que todos los consultados coinciden es que el consumo no ha aumentado. La gente fumaba desde antes y en las mismas cantidades.

La regulación apunta a desbaratar el negocio del narcotráfico y ese es el punto más atractivo, partiendo de la base de una realidad concreta y difícilmente modificable por ley: el amplio consumo de drogas. Además, el Estado encontró una forma más de recaudación.

img_9465Sin embargo, todavía la producción estatal que se realiza no es tan grande y se agota muy rápido (el mismo día en la mayoría de las farmacias habilitadas). Pero entonces ¿logra esa producción cubrir toda la demanda de consumo existente? El Gobierno se ufana de haberle arrebatado al narcotráfico 22 millones de dólares desde la instrumentación de la ley, –según datos oficiales– y a su vez en diciembre último firmó contratos para ampliar la producción de cannabis para 2019.

¿Se puede medir el impacto en la lucha contra el narcotráfico y su posible disminución? ¿Establecerán los grupos delictivos nuevos mecanismos para no perder terreno en la venta de droga? Es muy difícil saberlo.

En paralelo, el Estado también invirtió en campañas de concientización. Alertando los peligros y el mal uso de la marihuana se lanzó la campaña “Regular es ser responsable” en 2017 que intenta contrarrestar el uso indiscriminado de esta droga. Por ley, tanto manejar como asistir a lugares de trabajo o estudio bajo los efectos del cannabis no está permitido e implica consecuencias legales.

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“¿LO PEOR DE LA LEY? y que te tenés que registrar”. Para acceder a la marihuana en farmacias tenés que anotarte al registro de Adquirentes de Cannabis que comenzó a funcionar el 2 de mayo de 2017. Los requisitos son ser uruguayo y mayor de 18 años. Para inscribirse es necesario presentarse en algún local habilitado del Correo uruguayo con la cedula de identidad y una constancia de domicilio. Si bien, los entes estatales aseguran la confidencialidad de los datos la realidad es que en algún lado queda ese registro. “En un punto te están estigmatizando. Si vas a comprar un vino nadie te pide la cédula”, resume Lucas.

La ley, como todo cuerpo normativo, tiene sus puntos grises y la magia está en ir adaptando y encontrando soluciones en el recorrido mismo. La flexibilidad ha hecho perfeccionar el sistema.

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“VAS A PODER PROBAR la marihuana del Pepe”, me dijeron sonrientes. Sábado a la noche, y entre varios compartimos un cigarro de flores en la puerta de un barcito céntrico de Montevideo. A José Mujica –más conocido como el Pepe– le quedó entre otras cosas el mote de haber sido el presidente que firmó la legalización de la marihuana en Uruguay. Como reconocimiento los fasos llevan su nombre. ♣♣♣

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