La inflación no baja cuando hay cartelización

 -  - 

Por Fabian Medina

–Economista–

Una cuestión que afecta a la mayoría de la sociedad es el valor de los productos, principalmente el de los alimentos y las bebidas. Desde el lado de la oferta, siempre existen motivos para justificar que esos precios ocupen buena parte del gasto en la canasta alimentaria y que no bajen.

Ante las alternativas históricamente llevadas a cabo, debemos preguntarnos: ¿Qué sucede que después de tantas medidas efectuadas no hemos conseguido bajar los precios? El mero recorrido dentro de un supermercado nos indica que allí no existen gerentes o jefes de compras. El contexto ha cambiado, antes se trabajaba punto a punto con los productores, mientras que hoy esa tarea se realiza con un comprador único. Todas las cadenas de supermercados actúan de esa manera, realizan un pedido enorme –alrededor de 500 o 600 camiones semanales– con el que un comprador de una firma chica, por ejemplo, no puede competir. Luego esa mercadería es almacenada en los depósitos de dichas cadenas.

Debemos señalar como muy importante la situación existente en el interior del país, donde los supermercados más pequeños sufren otra situación: grupos compradores que ofrecen sus servicios de adquisición de productos –vía web también– y se ufanan de poseer una cantidad encomiable de bocas de venta para disminuir los precios. Esto no es solo engañoso, sino que genera una situación de monopolio que en el corto plazo elimina todo tipo de competencia. La tiranía ejercida por estos compradores genera un nivel de inflación que solo se consigue bajar lentamente y se acelera cuando ellos así lo disponen, en detrimento de la población argentina.

Las consecuencias de dicho accionar son:

  • deja existir la competencia en la compra, que es donde realmente el comerciante genera un margen para establecer sus ganancias
  • se establece un ahorro en términos de salario, tanto gerencial como personal del área suprimida; quedando únicamente como posibilidad de ofrecer mejores precios a la población -al efecto de no incrementar desmedidamente el stock- la de las ofertas limitadas en el tiempo de compra por cantidades como ser 4×2, 3×2, 2º unidad al 80% o promociones similares

Hay que señalar que si los supermercadistas compraran desde cada uno de sus sectores podrían conseguir precios distintos con los cuales la competencia sería muy beneficiosa para la sociedad e incluso para ellos, ya que podrían estar en un estado de competencia aunque imperfecta per se, competencia al fin. Luego de esta situación de competencia imperfecta, lo que sigue es el control por parte del Estado para que no existan  cartelizaciones en los precios de venta, una función ejercida habitualmente en cualquier Estado desarrollado. ♣♣♣

#PA.

Fabián Medina es economista y profesor de la UBA.

Sábado 8 de febrero de 2020.
comments icon 0 comments

Write a comment...

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *