El modelo que mata

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Por Lucía Sabini Fraga

HONDURAS DUELE. Este 2 de marzo, se cumplieron tres años del asesinato de Berta Cáceres. Fue acribillada a balazos por sicarios que entraron a su casa en la ciudad de La Esperanza, municipio de Intibucá, ciudad más alta de toda Honduras. Haber recibido, entre tantos otros reconocimientos, el Premio Medioambiental Goldman –una especie de premio Nobel verde– en abril de 2015 en EEUU, no le sirvió para salvar su vida.

Berta era ecologista y había comenzado diez años atrás una feroz lucha contra el proyecto hidroeléctrico de Agua Zarca, un emprendimiento aprobado como concesión del gobierno hondureño a la empresa Desarrollos Energéticos SA -DESA de ese país. La comunidad lenca de Rio Blanco, habitantes de la zona afectada, pidieron ayuda a la organización COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras) que era presidida por Berta Cáceres. Los habitantes observaban movimientos continuos de maquinaria pesada y no entendían por qué.

Los lencas son un pueblo milenario oriundo de Honduras y el oriente de El Salvador que se calculan actualmente en alrededor de 100.000 personas. Como gran parte de los pueblos originarios, viven en armonía y respeto con la naturaleza de la cual profesan un culto. Luego de años de pedidos, cortes de ruta y movilizaciones, donde los manifestantes sufrieron todo tipo de amedrentamientos, amenazas y represalias, lograron suspender la construcción de la represa y que parte de las firmas extranjeras interesadas se alejaran del proyecto. Berta sabía que muchos otros emprendimientos acechaban a la vuelta de la esquina y por eso nunca se quedó quieta.

Ese 2 de marzo Berta no estaba sola. Su amigo de años y de lucha Gustavo Castro estaba con ella en la casa, dormía en un cuarto contiguo. Los sicarios no tenían previsto encontrarse con invitados, así que una vez adentro del hogar le dispararan a matar. La bala rozó su cara, como estaba oscuro no lograron percibir el error. Gustavo se quedó quieto y simuló estar muerto; ese reflejo fue su salvoconducto a la vida.

Según un informe del año 2016 de la ONG inglesa Global Witness, Honduras era el país más peligroso del mundo para el activismo ambiental, habiendo sido asesinadas más de 120 personas desde el año 2010 por enfrentarse a empresas que acaparan la tierra y destruyen el medio ambiente. 20 asesinatos por año; casi dos asesinatos por mes, sólo de activistas medioambientales.

La misma fuente indicó que desde el golpe de estado del 2009 Honduras vivió un aumento significativo de megaproyectos vinculados a la provisión de energía barata para concesiones mineras.

Pese a todos los antecedentes expuestos, la policía hondureña barajó como primer hipótesis el “crimen pasional”. Y el dato que cierra el círculo: en el país caribeño el 90% de los homicidios quedan impunes.

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BRASIL EMBARRADA. Aunque muchos no se enteraron, a fines de enero hubo un nuevo “accidente” vinculado a represas en el gigante de América. Como resultado hubo más de 325 muertos y 160 desaparecidos, número que es más probable que pase a engrosar la lista de muertos que de sobrevivientes.

El accidente se produjo a partir de la rotura de la represa Córrego do Feijão –Estado de Minas Gerais–, perteneciente a la compañía minera Vale, desencadenando un alud de aguas residuales, que incluyen desechos químicos y tóxicos, que arrastraron todo a su paso, convirtiendo la zona en un enorme lodo y una trampa mortal.

La tragedia de este verano ocurrió tres años después de que otro dique de contención de la empresa Vale, en Rio Doce –también en Minas Gerais– se rompiera y vertiera 50 millones de metros cúbicos de agua y barro con desechos tóxicos. Se la llamó la tragedia de Mariana, nombre de la ciudad próxima más afectada. Mismo accidente, misma empresa, misma impunidad. Los muertos y desaparecidos los ponen los pueblos aledaños, las consecuencias medio ambientales, el planeta.

“La alarma llegó 12 horas después del rompimiento y no fuimos avisados. Nos quedamos esperando en medio del susto en medio de aquellas escenas increíbles de destrucción (…)”, narran algunos de los sobrevivientes.

Yara, miembro de la coordinación política-pedagógica del MAB, describe que“las personas están sufriendo los impactos ambientales sobre sus vidas, sobre el trabajo porque tienen dificultades de hacer producción por la contaminación de la tierra y el agua, en la propia salud. (…) Hoy todavía nadie fue re-ubicado”.

Pero eso no es todo: según la Agencia Nacional de Minería de Brasil, en una lista de 717 represas de desechos de minería en todo ese país, al menos 88 se encuentran a los niveles de la última represa dañada; es decir con peligros reales de rompimiento.

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¿POR CASA CÓMO ANDAMOS?  Misiones es una de las provincias argentinas más fuertemente ligadas a esta problemática por tener dos importantes represas, Yacyretá que es la más grande del país y Urugua-í. A su vez, se sostienen varios proyectos en carpeta como Corpus o Garabí, Panambí. Tras los sucesos en el país vecino en enero pasado los principales diarios titularon el “accidente” es sus portadas. Curiosamente, la palabra “represa” no aparecía en la tapa de uno de ellos, sino varios otros sinónimos de menor carga simbólica social, como dique o construcción de contención. En otro de los matutinos, no figura la cifra de muertos ni desaparecidos. Curiosos datos los que eligieron obviar.

En la provincia de la tierra roja el tema es ciertamente delicado. Según Jonathan von Below “tenemos el caso de Yacyretá donde siendo afectado parte de la provincia de Corrientes y Misiones, hoy en día Misiones sigue siendo una de las provincias que paga más cara la energía del país. Entonces ahí se muestra que hay inconsistencias en los supuestos de ese modelo de desarrollo energético”.

Para muchos al final no queda claro cuál es el beneficio de llevarse todo los costos sociales y ambientales –miles de relocalizados, desaparición de especies endémicas, entre otras– y no obtener ningún beneficio a cambio. Sin ser muy perspicaces, podríamos decir que a simple vista huele a mal negocio.

Jonathan von Below es ingeniero forestal y futuro doctor en Ciencias Agropecuarias. Trabaja en el Instituto de Biología Subtropical en la ciudad de Iguazú y forma parte de la Mesa Provincial por el No a las Represas en Misiones y del Movimiento de Afectados por Represas (MAR) a nivel latinoamericano. “Los problemas con las represas son las escalas en las que se emplazan y en qué lugares se hacen por el impacto que tienen, que pueden ser bien variados”, dice Jonathan.

La posibilidad de que se generen zonas propensas en la transmisión de ciertas enfermedades, la pérdida de biodiversidad, la afección a las poblaciones locales son algunas de las problemáticas concretas que Jonathan describe como derivadas de este tipo de infraestructuras.

En términos más sistémicos, “…muchas veces las construcciones de represas están destinadas a alimentar un modelo energético productivo muy depredador, muy voraz, cuya meta es consolidar el modelo extractivista, relacionado a la minería, el petróleo o el transporte de materias primas…”. Lo que sucede con las represas, sobre todo las mega represas, es que su construcción responde a “…un modelo a gran escala que sirve a los intereses de un grupo y no a los intereses de toda la población. (…)”.

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RESISTENCIA Y ENCUENTROS. El 14 de marzo es el Día Mundial de Acción en Defensa de los Ríos. En Latinoamérica existe una red de organizaciones sociales y ambientales que se nuclea a partir de la lucha por los ríos libres y curiosamente se llama MAR.

Una de las organizaciones impulsoras de esa articulación fue el MAB, movimiento social brasilero de carácter nacional presente en 21 estados y creado en 1991. El MAB posee una fuerte base social integrada por familias afectadas por represas o amenazadas por proyectos de represas; tanto del tipo hidroeléctricas, como embalses para la agro industria, o diques de contención para la explotación minera. En 2010, el Estado brasilero reconoció a partir de la denuncia del MAB, que hay un patrón de violación a los derechos humanos con la construcción de represas.

Desde el MAB plantean una lucha integral de derechos humanos“En el actual análisis de coyuntura, entendemos que tenemos un gobierno más conservador que propagandea para disminuir las leyes de protección ambiental y hacia las comunidades. Y ya estamos viendo resultados de eso…”, asegura Yara.

Como movimiento, el MAB realiza diversas campañas de concientización y trabajo ciudadano en diferentes territorios para alertar sobre los riesgos de los emprendimientos hidroeléctricos-mineros. Van a escuelas, universidades, instituciones, parajes, colonias de productores. Dentro de la organización, las mujeres armaron un frente propio que pone en debate muchas otras cosas además del modelo energético. La propuesta ya había sido incorporada por la organización Ríos Vivos de Colombia y dado buenos resultados. Allí las mujeres expresan lo que pasa; lo que les pasa en esas tragedias que al ser anunciadas ya son crímenes.

Gustavo Castro participó de varios encuentros del MAR. En septiembre del 2016, apenas unos meses después del asesinato de Berta, formó parte en la ciudad de Chapecó –en el sur brasileño– del encuentro de carácter formativo del movimiento. Allí, una mañana narró lo sucedido esa noche. Se quebró varias veces mientras contaba lo increíble. Los participantes escuchábamos atentos, indignados, emocionados. Cuando terminó de hablar hubo un silencio largo y un abrazo que se sintió interminable, como el río cuando corre en libertad.  ♣♣♣

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