Desvelan una de las sedes secretas del espionaje británico en Londres

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Por Guillermo Ximenis

Encajado entre una cafetería Starbucks y un pub especializado en “fish and chips“, un anodino edificio de oficinas en el centro de Londres ha sido durante los últimos 66 años la sede secreta de una de las agencias de espionaje más poderosas del Reino Unido. Desde 1953, los agentes del centro de escuchas británico (GCHQ, en inglés) han trabajado para interceptar comunicaciones y romper claves de cifrado desde ese inmueble, ubicado en la estrecha Palmer Street, frente a la estación de metro de St James’s Park.

La organización de inteligencia, que ha jugado un papel clave en la seguridad del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra Fría, solo ha desvelado el emplazamiento una vez ha abandonado el edificio.

Ahora se ha conocido que desde allí se coordinaron dispositivos de seguridad durante los Juegos Olímpicos de 2012 y se han desarrollado programas contra el terrorismo y el crimen organizado en los últimos años.

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Unas discretas cámaras en la fachada eran el único signo que podía hacer sospechar a los transeúntes que caminaban frente a una de las sedes de la agencia, que desde 2013 ha sido objeto de polémica por el programa de vigilancia mundial a través de internet que reveló Edward Snowden.

Los documentos del antiguo espía desvelaron que el GCHQ colocó aparatos para interceptar la información de internet que circula por los cables de fibra óptica que conectan a las islas británicas con el resto de Europa y Estados Unidos.

La ambición de esa estructura, que podía recolectar 10 gigabits de información por segundo, quedaba patente en algunos de los textos internos de la agencia que fueron aireados, con títulos grandilocuentes como “Mastering the Internet” (Dominando internet) y “Global Telecoms Exploitation” (Explotación global de las telecomunicaciones).

Desde que estalló la polémica, la agencia de inteligencia, que trabaja junto a los espías del MI5 (servicio interior) y el MI6 (servicio exterior), ha iniciado una campaña para limpiar su imagen y aparecer como una organización más transparente y amable ante los ciudadanos británicos.

En particular, ha puesto un especial énfasis en dar a conocer su historia, que tiene su punto álgido en el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando su personal logró descifrar los mensajes codificados de los nazis con la célebre máquina Enigma.

El matemático Alan Turing, uno de los padres de la computación moderna, fue uno de los protagonistas de aquel empeño, que requirió a miles de personas trabajando desde Bletchely Park, las instalaciones que el centro de escuchas construyó en la campiña inglesa.

Tras la guerra, a principios de 1950, el GCHQ trasladó una parte del personal que mantenía en Londres al oeste de Inglaterra y decidió dejar en la capital británica una sede más pequeña, en la que lidiaría con los documentos secretos más sensibles y donde estaría el despacho del director de la agencia.

Fue entonces cuando el Ministerio de Trabajo cedió para ese propósito un edificio de oficinas recién construido en el centro de la ciudad, a pocos minutos a pie del palacio de Buckingham y el palacio de Westminster.

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El GCHQ, que en 2019 celebra el centenario de su creación, ha vendido ahora el edificio a una compañía privada, pero no ha revelado todavía cuál será su futuro uso. También ha asegurado que mantendrá su presencia en Londres, pero no ha detallado dónde estarán sus nuevas oficinas.

Pese a que todavía mantiene algunos secretos, la voluntad de transparencia llevó en 2016 a la agencia a convertirse en el primer servicio de espionaje del Reino Unido en abrir una cuenta de Twitter.

Desde ese canal suelen publicar acertijos, puzles y problemas matemáticos que les permiten identificar a posibles candidatos para trabajar como agentes de inteligencia. Los aspirantes, en todo caso, ya saben que si son contratados no irán a trabajar a Palmer Street.  ♣♣♣

EFE.

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