Las tres renovaciones

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Por Fernando Oz

En la Tierra Sin Mal hay funcionarios y, especialmente, exfuncionarios de la renovación que promueven en secreto una suerte de revuelta interna. Algunos dicen que la discusión se debe dar dentro del partido, los más extremistas dicen que hay que patear el tablero y alinearse bajo el paraguas del Frente de Todos. Seguir ocultando esta situación es contraproducente en mediano plazo. En un país donde hay pibes que se mueren de hambre no debería haber tiempo para armar confabulaciones y jugar a las escondidas.

Quienes tenemos algunas décadas escribiendo sobre cuestiones políticas y husmeado en las cocinas del poder, conocemos las diferentes mañas y códigos de la fauna política. Los periodistas sabemos que las declaraciones en off the record son mucho más sabrosas que las declaraciones en on. Pero también sabemos que el político debe tener muchos años de confianza con un periodista para darle un off real y sincero. Además, los off no se regalan, siempre hay un interés por parte de quien los da. Claramente el off no se sustenta por sí solo, siempre hay que contrastarlo con algunas otras fuentes y mucho mejor si se consiguen documentos. En el on se encuentra el mensaje que el político quiere transmitir, lo mismo ocurre en el off; la única diferencia es que en el segundo caso no quiere dejar los dedos marcados. En Estados Unidos y en Europa también se utilizan otras variantes como el embargo de la información o el off off, tecnicismos que ahora no vienen al caso.

Lo que trato de decir es que detrás de todo off the record se esconde alguien que está interesado en brindar una información, aunque sea un dato mínimo. Claramente que el dato puede ser falso y es obligación del periodista cotejarlo, especialmente cuando se trata de un off.

Si X dice que por la ruta cruzó algo que tenía pico de pato, Z agrega que la cola se parecía a la de un pato, H destaca que observó que esa cosa tenía patas de pato y K observó que llevaba plumas, tampoco hay que creerlo, pero probablemente sea un pato o alguien disfrazado. En la Tierra Sin Mal hay una sumatoria de off que indican que podrían pasar cosas.

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Las tres renovaciones

Hoy, dentro del conjunto de la renovación hay tres subconjuntos. Por un lado, están los nostálgicos, son los que en voz baja reniegan de las decisiones políticas que se tomaron a fines de 2015 cuando asumió la Presidencia Mauricio Macri y apuntan contra la teoría de “gobernabilidad con gobernabilidad se paga”. Por otro lado, están los que se bañaron de macrismo, apostaron a ese modelo y ahora borran con desesperación de sus redes sociales las fotografías en las que se mostraban sonrientes con funcionarios del PRO; claramente aquel es el subconjunto menor.

En el tercer subconjunto se encuentran los más evolucionados, que son los que entendieron la idea de lo propio. Ni con los unos, ni con los otros, sino con nosotros, con lo nuestro. Saltar la grieta, construir una historia con identidad propia.

Por aquel conjunto de subconjuntos navegan los que aprovechan la estrecha visión de los confundidos para sacar el mayor redito político posible. Son los oportunistas, los herederos de El Hombre Corcho de Roberto Arlt y de El hombre mediocre de José Ingenieros.

Las parcelas de poder no sirven en una construcción colectiva. La renovación sabe de internas y mezquindades, de las voces que estuvieron detrás de Juan Pablo Tschirsch, posteriormente de Alex Ziegler, y de los que se medían los glóbulos K en el torrente sanguíneo.   

Los confundidos saldrán de las penumbras cuando alguien eche luz sobre el camino. El principal problema que tiene hoy la renovación no se encuentra en las internillas de cabotaje ni en el egoísta egocentrismo de algunos de sus dirigentes, sino en la estrategia comunicacional hacía dentro y hacia afuera.  

Ya es tiempo de que la renovación sintetice, lo más puntillosamente posible, sus bases de pensamiento. Su propia doctrina política. Todos los intentos para armar una escuelita de dirigentes fracasaron por el exceso de vedetismo. La imagen de Andresito y la saturación de la palabra misionerismo, ya no es suficiente.

“Argentinos, a las cosas”, había dicho José Ortega y Gasset hace más de 80 años durante una conferencia que ofreció en Buenos Aires. En aquel momento, el filósofo español decía que debíamos alejarnos de las cuestiones “personales, de suspicacias, de narcisismos”. “Misioneros, a las cosas”, posiblemente diría aquel portador de una mente brillante si hoy escuchara el murmullo de off que trae el río que suena al pasar por la Tierra Sin Mal.  ♣♣♣

#PA.

Domingo 16 de febrero de 2020.
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