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Casi famosos

Por Adrián Machado


“Fake Famous”, documental de HBO, aborda las estrategias y los artificios de la “nueva” fama que ostentan los influencers. Ser famosos por ser famosos para acceder a múltiples canjes puede necesitar de distintas tácticas: comprar seguidores, bots, puestas en escena. Todo con el fin de exhibir un modelo aspiracional difícil de alcanzar. De igual manera, la empresa (Instagram en este caso) mira para otro lado porque representa su propio beneficio en un negocio mayor.

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“Hace no tanto, para huir del ajetreo y la rutina del día a día, tomabas un avión a un lugar cálido, como Los Ángeles y te pasabas el fin de semana viendo atracciones turísticas, visitar el cartel de Hollywood y Venice Beach, admirar su arquitectura, pasear por sus playas y colinas, y disfrutar del glamour de Hollywood.

Ahora la gente toma un avión, se va a Los Ángeles y se hace selfies delante de una pared rosa. Esa pared es una de las mayores atracciones turísticas, aparece en numerosos portales de Internet sobre turismo y consta en más listas de lugares donde hacerte una foto para Instagram que la mayoría de los destinos turísticos del mundo. Viene gente de todas partes solo para hacerse una foto”.

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Así comienza “Fake Famous”, documental dirigido y producido por Nick Bilton, periodista que hace más de quince años escribe sobre tecnología en The New York Times. La producción que lanzó este año HBO inicia con la mencionada pared rosada ubicada en la esquina de Melrose y Harper de L.A., en el local del diseñador Paul Smith. Todos los días cientos o miles de instagramers se pasan por ahí para sacarse una selfie con el pantone Pink Ladies de fondo.

El negocio de Instagram, como el deseo aspiracional de una vida distinta son abordados en la casi hora y media que dura el documental. Finalmente, lo que hace girar todo el ecosistema de los influencers y sus diferentes estructuras (el film se centra solamente en Instagram) es el tráfico de datos. En ese sentido, esta esfera no está disociada del funcionamiento regular de las plataformas.

Según Bilton, alrededor de 140 millones de personas pueden ser consideradas como “influencers” en Instagram. Al menos la mitad de ellas, asevera el director del film, pueden considerarse falsas. El eje narrativo del documental es una especie de experimento social que se ensaya para demostrar que se puede crear a un famoso desde cero para esa red social.

Cuatro mil personas se presentaron a un casting en Los Ángeles, de las que fueron elegidas tres para ser convertidas en influencers por el realizador, especialistas en marketing y redes sociales, fotógrafos y estilistas. Las entrevistas comenzaban con una simple pregunta: “¿Querés ser famoso?

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Los elegidos no tenían ningún talento aparente (fueron descartados cantantes, deportistas y bailarines, por ejemplo). De esa manera fueron elegidos Dominique Druckman, Chris Bailey y Wylie Heiner. A partir de ese momento el periodista y productor del documental de HBO comenzó a comprar seguidores falsos para lograr likes, comentarios e interacciones.

Las producciones para los posteos que construirán el relato de los futuros influencers también son falsos: los bombones son manteca cubierta con cacao, el jugo de manzana hace de champagne y la ya clásica escena de “Belleza Americana” del spa con pétalos de rosa se recrea en una pelopincho. También se alquilan escenografías que simulan ser aviones privados.

Los tres aspirantes recorrieron caminos diversos: Dominique superó incluso la meta propuesta por Bilton, se convirtió e ingresó al circuito influencer (incluso se fue de viaje a Las Vegas junto a otras “estrellas” de IG) con todo lo que ello significa: canjes y acuerdos con marcas, invitaciones a probar distintos servicios, hasta unas vacaciones pagas…que no pudo disfrutar a causa de la irrupción del coronavirus (hasta ahí llega el documental, el inicio del primer confinamiento en los Estados Unidos). Precisamente, sobre el cierre del metraje vemos que comienza a ganar más seguidores reales que falsos, y que intenta darle un perfil más “real” a su cuenta, diferente a miles de otros influencers que continuaban subiendo fotos en playas, aviones y parques, a pesar de que todo estaba cerrado.

Chris, por su parte, no estuvo de acuerdo con usar seguidores falsos, por lo que el ascenso a al paraíso influencer se vio obturado. “Si me das a elegir entre cien mil seguidores falsos y cien reales, me quedó con los reales, sin dudas”, sentencia en un momento del film. Mientras que Wylie cayó en una mezcla de pánico, estrés y ansiedad, cuando recibió diferentes mensajes de trolls advirtiéndole que sabían que usaba bots para aumentar sus seguidores. Lo que hizo que desista de continuar con el “experimento”.

El film pivotea en intentar afirmar como la nueva fama puede llegar a través de utilizar toda una serie de artificios como los que hemos descripto o ser famoso por el solo hecho de ser famoso, con likes y followers verdaderos; y diferenciarla la antigua fama que tenía como eje la TV y la prensa impresa. De cualquier modo, el modelo aspiracional que se vende no es una cuestión exclusiva del ecosistema influencer o de una plataforma como Instagram.

“En el futuro todo el mundo será famoso durante 15 minutos”, decía Andy Warhol y esa predicción se materializó a principios de milenio, con los reality shows o las “revistas del corazón”. Este estadio es uno más avanzado, donde en muchas ocasiones no son solo 15 minutos de fama, sino los únicos que se pueden tener en la vida.

Todos seremos famosos, pero ya no al viejo estilo, y durará un suspiro. Mejor. ♣♣♣

#PA.