Que los números no nos tapen el bosque

Que los números no nos tapen el bosque

Por Lucía Sabini Fraga

El sitio El orden mundial reeditó esta semana un tuit del año pasado, que muestra un gráfico (obtenido con datos de la Organización Internacional del Trabajo OIT durante el período 2017-2018) con el listado de los países en donde las mujeres ocupan más cantidad de puestos gerenciales o directivos. Según el cuadro, República Dominicana se encuentra primera con un 50,5% siendo el único país del mundo cuya mayoría de puestos de este tipo están comandados por mujeres. Luego le sigue Namibia con el 48.2% y tercero Letonia con 43,2%. El primer europeo (nórdico, aunque no escandinavo) es Islandia, la tierra de Björk, en el puesto cuarto y con el 43,1%. Entre los primeros quinces también están Honduras, Mongolia, Polonia, Suecia y EEUU, entre otros. De América del Sur, el primero es Brasil –en el puesto número doce– con un 38.7% y Uruguay en el puesto quince, con 37,3%.

A primera vista, suena algo curioso que países que se han dedicado a generar políticas públicas de igualdad o de acceso a derechos, no aparezcan mencionados o si lo hacen, aunque sea en puestos bastante bajos. Tal sería el caso de Finlandia, donde Sanna Marin se convirtió en la primer ministra mujer, tiene 34 años –la persona más joven en ocupar una Jefatura de Gobierno en el mundo– asumió en diciembre del 2019 y además armó un gabinete con una abrumadora mayoría de mujeres como ministras: doce sobre diecinueve (que constituye el 63 %).

Por el contrario, llama la atención que se enuncie como primer país a República Dominicana: hurgando entre datos para contrarrestar, encontramos que este país del Caribe tiene una de las tasas de feminicidio más altas de la región, con más de 106 casos registrados en 2018, según el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe de la ONU. Con una población de 11 millones de habitantes, está en sexto lugar de todo el continente luego de El Salvador, Honduras o Guatemala; estadística que nos demuestra lo instalada que sigue hoy en día la violencia por motivos de género en ese país.

Si bien República Dominicana ha registrado un importante crecimiento económico en la últimos años y la tasa de pobreza descendió fuertemente (la economía se expandió un 5,2 por ciento, con un crecimiento anual promedio de 7,1), nada nos dicen estos índices de la distribución de esa riqueza, ni de la modificación de las desigualdades estructurales del país.

De hecho, el país vecino de Haití mantiene aún cifras poco alentadoras en cuanto a las mujeres y sus derechos. Según un informe con datos del año 2017 y elaborado por el Centro de Estudios de Género del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec), en República Dominicana la tasa de participación global de las mujeres en el mercado laboral era de 49%, mientras en los hombres era de 76%. En relación a las tasas de desocupación y desempleo, los porcentaje de mujeres son prácticamente el doble relación a los hombres. A su vez, según este informe, una de cada cinco adolescentes es madre o ha estado embarazada, siendo esta una de las tasas más altas de América Latina (37 %). Y por último, en relación a las mujeres y la participación política, los números no son más auspiciosos: de 22 ministerios en el Poder Ejecutivo, solo 2 son dirigidos por mujeres; mientras que en el Senado, de 32 cargos apenas 3 son ocupados por mujeres, y en la Cámara de Diputados las mujeres sólo ocupan el 28.1% de los puestos.

Sucede que la relación de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres (en un sistema mundial patriarcal como el nuestro) está notoriamente asociada al nivel de vida de su población y a las brechas sociales que ostentan. Los países que achican mayormente sus diferencias, obtienen mayores niveles de igualdad en los distintos ámbitos.

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Es importante detenernos en una cuestión: el cuadro primero establece el porcentaje de mujeres en lugares directivos de distinta índole, pero no necesariamente de dirección. En ese sentido, rige el concepto denominado “techo de cristal” por el cual las mujeres luego de años de abrirse paso en el mundo laboral, y tener un aumento considerable en la formación superior, siguen sin acceder mayormente a los puestos decisivos. Se trata de una limitación invisible o aparentemente imperceptible, puesto que no es explícita, pero que sucede.

Según la fuente oficial de la OIT, la proporción expuesta transmite el porcentaje de la ocupación total en puestos gerenciales o directivos; aunque no sabemos si refieren a los ámbitos públicos o privados, si incluyen medianos y pequeñas empresas u otras referencias. A su vez, “se presentan dos mediciones distintas: una hace referencia a los puestos gerenciales o directivos en general, y la otra hace referencia únicamente a los puestos gerenciales o directivos superiores o medios, es decir, excluyendo los cargos directivos junior”.

Por su parte, el sitio difusor “El orden mundial”, explica sobre este punto que “la medición de la Organización Internacional del Trabajo abarca multitud de puestos y categorías laborales, ya que no solo acota en lo que a menudo podemos entender como puesto directivo —un alto cargo dentro de una empresa, un partido político o la Administración Pública—, sino que lo amplía a puestos medios con cierta relevancia” lo que hace a este gráfico (y su contenido) un poco más borroso, puesto que incluyen el ámbito privado y público, y los puestos altos e intermedios. Conclusión: cuando se quiere abarcar tanto, es probable que se abarque mal.

De todos modos, también hay que contextualizar este gráfico con otras variables igualmente importantes para entenderlo mejor: hay países que han hecho enormes esfuerzos en los últimos tiempos para mejorar sus históricos niveles de desigualdad de género. Por ejemplo Namibia (segunda en la estadística que da origen a esta nota), es una de las dos naciones de África subsahariana que figura entre los diez países que mayor ha cerrado la brecha de género según sus propias estadísticas entre el 2006 y el 2018, según un del Foro Económico Mundial de ese año. Es decir: no es que esté mejor que Noruega o Finlandia en condiciones de igualdad de género, pero quizás sí sea la nación que proporcionalmente más cambios hizo en poco tiempo al respecto.

Sea como fuere, la importancia de complementar los datos y gráficos disponibles o que son “noticia”, nos proporciona una mirada más global de la problemática: todavía queda mucho para hacer en materia de igualdad. Y el momento de hacerlo, es ahora. ♣♣♣ 

#PA.

SABADO 22 DE FEBRERO DE 2020.