Saviano: “la vida externa ha parado también, es una soledad compartida”

Saviano: “la vida externa ha parado también, es una soledad compartida”

Por Álvaro Caballero

Pocos saben más de confinamiento que Roberto Saviano, el periodista y escritor italiano que ha dedicado su vida a la investigación de la mafia y que vive con escolta desde hace 14 años, desde que fuera sentenciado a muerte por la Camorra tras la publicación de Gomorra.

“Es diferente, cuando estás encerrado por seguridad la vida sigue adelante y tú paras. Ahora la vida externa se ha parado también”, asegura Saviano (Nápoles, 1979).

En esta conversación por videoconferecia, reflexiona sobre la realidad del confinamiento ante la crisis del Coronavirus, sobre su experiencia vital y el poder creciente de las mafias aprovechando esta situación de debilidad.

El escritor, que saltó a la fama con solo 26 años tras pronunciarse públicamente contra los capos de la mafia, perdió desde entonces prácticamente toda libertad de elección sobre su vida: ha cambiado de casa en infinitas ocasiones, ha perdido amigos y se ha distanciado de su familia y su Nápoles, que apenas pisa ya.

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–¿Dónde está pasando la cuarentena?

–Ahora estoy en Nueva York, la cuarentena me ha sorprendido aquí. Suelo ir y venir, tenía previsto volver a Italia, pero no he podido. Ver el mundo desde aquí es verdaderamente particular: se muestran todas las contradicciones del capitalismo. Los trabajadores que más necesita la sociedad viven en una situación de precariedad.

–Lleva 15 años sin libertad de movimiento por las amenazas de la mafia. ¿Qué se siente al ver que su situación es ahora la de medio mundo?

–(ríe) Por un lado pienso: “ahora podéis entender lo doloroso que es encerrarse en casa”. Por otra parte, son situaciones muy diferentes. Yo he estado sin salir de casa del todo cuatro meses y tres semanas, por seguridad. Después de eso he salido muy poco, pero ves cómo la vida fuera sigue discurriendo, mientras que dentro de ti está parada. Hoy la vida externa se ralentiza, es una soledad compartida. También es diferente el enemigo: ahora es invisible, el mío era visible, aunque costara verlo.

–¿Para usted que ha supuesto la cuarentena?

–Sobre todo noto la falta de concentración. Mi energía al trabajar es la misma, pero la cabeza se me va, estoy preocupado por Italia, por mi familia allí. Leo mucho menos y me informo sobre todo acerca del Coronavirus, pero hay tantas tonterías que eso solo aumenta la confusión.

–Después de tantos años de estudio de la criminalidad organizada, ¿qué impacto cree que está teniendo esta crisis para las mafias?

–Un impacto enorme. El verdadero Estado del bienestar en las periferias lo están ejerciendo las organizaciones criminales. El narcotráfico está bloqueado en la calle pero florece en los puertos, ha aumentado el tráfico. Toda la acción policial contra el blanqueo de dinero está parada. La droga lo continúan vendiendo puerta a puerta los repartidores aunque con más dificultad. Pero el verdadero beneficio, el que está todavía por llegar, está en la actividad económica. Pongamos que una pequeña sociedad no tienen liquidez. Viene la mafia, que no viene con cara de mafioso, te da dinero y se queda con una parte de tu empresa. Así se convierten en socios y así llegarán a todas las empresas, pero también en España, Francia, etc. En el norte de Europa esto ya lleva años pasando. Alemania, por ejemplo, es el país con más riesgo de que las mafias tomen el control, no persiguen a los mafiosos porque traen dinero y no cometen crímenes. En los países del norte no quieren parar el flujo económico que traen las mafias. España, en cambio, sí está más preparada.

–¿Qué está sucediendo concretamente en Italia?

–En el sur de Italia ya se está dando la usura. Por orden de los clanes, los usureros están dando préstamos sin intereses. No recibirán dinero, pero se lo cobrarán por otros medios: votos, ayuda, consenso social etc. La asistencia criminal es mucho más sólida que la asistencia estatal, pero es una solidez que pagas con la sangre. La del Estado la recibes por derecho, pero la de la mafia la pagarás de algún modo. Otra estrategia es la de llevarte la compra a casa, un mecanismo que usan en campañas electorales. Con la pandemia se dan cuenta de que una inversión mínima es suficiente: con 50.000 euros ya me he ganado a todo el barrio. Luego está el mundo de la legalidad criminal. Las mafias son potentísimas en los sectores legales. Hay empresas que lavan las sábanas en los hospitales, que proporcionan ambulancias, pompas fúnebres, distribución alimentaria. Ya están ganando dinero, porque han invertido en sectores que están creciendo mucho.

–¿Cómo deben luchar las instituciones y la sociedad civil contra el poder creciente de las mafias?

–La respuesta es muy prosaica: dinero. No hay otra respuesta a corto plazo. Dar dinero a empresas e individuos para que no malvendan su vida, para que no recurran a formas económicas de supervivencia. El trabajo en negro existe porque no hay un Estado que permita mejorar tu situación.

–En un reciente artículo ha hablado de la responsabilidad de los gobernantes de Lombardía por la difusión del virus. ¿Qué se ha hecho mal esta región?

–Todo. La zona roja ha llegado tarde, se ha querido enviar a los enfermos a las residencias. Ha visto fallar su sistema de eficiencia público-privado. Lombardía siempre ha estado gobernada por la Liga y la derecha reaccionaria, que ha dicho que la sanidad lombarda es la mejor. La pandemia ha demostrado que no. Han pecado de arrogancia, se han creído invencibles.

–¿Cree que esta crisis puede provocar una deriva autoritaria en la política?

–Pienso en el crimen de Víktor Orbán (el primer ministro de Hungría). Ha acabado con el Parlamento mediante una operación autoritaria. La de Orbán es la primera dictadura en Europa después de la caída del Muro de Berlín. El riesgo autoritario es enorme. La pandemia crea el estado de excepción, que suspende las reglas democráticas y consigue lo que ciertos grupos políticos llevan años intentando conseguir: un mando único. Creo que esto beneficiará a los populismos.

–Como europeísta convencido, ¿qué le ha parecido la respuesta de la UE a esta crisis?

–Fragilísima. Europa parece muerta con la COVID-19. Ahora está buscando cambiar el rumbo, pero solo tiene dos posibilidades: refundarse como los Estados Unidos de Europa, como los padres fundadores imaginaron, o morir. Si la pandemia se considera solo un problema italiano o español, estamos frente al delirio. Europa nació para evitar desequilibrios: la ayuda es obligatoria, pero también hay que controlar estas ayudas. A los que están en dificultad hay que ayudarles, no solo por un espíritu solidario que es el cemento de la Unión Europea, sino por una razón económica. La crisis de la deuda de 2010 perjudicó también a Alemania o Francia.

–¿Cómo será el mundo después de la pandemia? ¿Habrá un retorno a posiciones más individualistas o veremos una sociedad más solidaria?

–Generalmente, después de las pandemias crece la desconfianza hacia el otro. Después de una guerra con el otro estás en paz, ya no es tu enemigo. Con la pandemia no, el otro sigue siendo peligroso porque te puede infectar. Cuando acabe, seguirá existiendo la sospecha. La distancia que hemos puesto entre nosotros la podremos resolver política y socialmente, pero será dificilísimo hacerlo culturalmente.

–Probablemente el confinamiento de la población acabe en unas semanas o meses como mucho, Pero, ¿y el suyo? ¿Tiene esperanzas de que acabe algún día?

–Lo veo muy lejano. A mí me bastaría con poder salir un poco para retomar la medida de una vida en la que no me sintiera completamente prisionero. Tengo que vivir en un continuo presente, como los encarcelados, porque para mí el mayor peligro interno es la nostalgia. La nostalgia de los encuentros, del contacto físico deforma lo que has vivido, provoca que cosas que has vivido con una intensidad normal parezcan la felicidad absoluta.

–¿Qué consejo le daría a la gente que está encerrada en sus casas?

–Disciplinarse con los tiempos, tener horarios. Intentar no alargar el día, sino ensancharlo. Vive todo con más intensidad, escucha música con atención, lee.

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#PA. EFE, Roma.

Domingo 19 de abril de 2020.