La pandemia erosionó la confianza en las noticias

La pandemia erosionó la confianza en las noticias

Por Adrián Machado


La confianza en las noticias ha disminuido en todo el mundo. Según el Digital News Report 2020 del Instituto Reuters, menos de cuatro de cada diez personas dicen que habitualmente confían en la mayoría de las noticias.

El Informe del Reuters Institute for the Study of Journalism de este año señala la necesidad de un periodismo confiable y riguroso, así como el incremento en la exposición a conspiraciones y desinformación. Atrás han quedado los tiempos donde los periodistas eran los únicos custodios del acceso a la información —gatekeepers—; las personas acceden vía redes sociales, entre otras plataformas, a distintos tipos de fuentes en las que se pudo ver claramente como el discurso oficial puede ser desmentido por hechos engañosos o directamente falsos.

Los datos obtenidos durante este año muestran una tendencia, ya que parte de los mismos fueron conseguidos antes que la pandemia despliegue todo su esplendor. Cuando el coronavirus se extendió con fuerza en todo el mundo, se observó un aumento en el consumo de medios tradicionales —principalmente la TV— y, simultáneamente, de plataformas online.

La encrucijada en cuanto al modelo periodístico de negocios queda en evidencia en el trabajo del Instituto Reuters: el periodismo es importante y tiene mucha demanda; pero produce menos ganancias que nunca, con anunciantes en retirada y nuevos modelos —como las suscripciones digitales—. En ese sentido, la investigación avanzó en países como Estados Unidos, Noruega y el Reino Unido; indagando sobre el futuro del negocio, más allá de la afectación en el corto plazo sufrida por muchos medios de comunicación. Una consulta central para comprender estas cuestiones se refiere a la información de calidad: si la misma queda oculta detrás de los muros de pago —suscripciones—, cuales serían las consecuencias para la sociedad.

Las empresas de contenidos periodísticos no son ajenas a esta discusión, muchas argumentan que su supervivencia a largo plazo tendrá como elemento fundamental a la conexión con sus audiencias, el lazo forjado es nodal. Es por ello que el estudio del instituto británico analizó también la importancia del correo electrónico —los newsletters son una herramienta que permite consolidar relaciones— y del podcast.

El cambio climático también es examinado, en medio de la pandemia de coronavirus ha adquirido aun más centralidad. Tipos de fuentes consultadas y consideraciones sobre la cobertura mediática brindada, son los tópicos que los participantes de la encuesta han sido evaluados.

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El extenso trabajo —disponible aquí— fue realizado en los primeros meses del año a través de un cuestionario online y sus conclusiones más salientes se sintetizan así:

  • El consumo de noticias ha aumentado significativamente a partir de la crisis desatada por la irrupción del Covid-19. Medios tradicionales como la televisión y portales web han incrementado su audiencia, muchos usuarios han señalado a la TV como su principal fuente de información. Los diarios impresos sufrieron un nuevo golpe en los momentos de aislamiento más extremos, al no poder ser distribuidos físicamente. Esa circunstancia no hace más que acelerar el proceso hacia un futuro enteramente digital.
  • Como era previsible en el contexto actual, el uso de redes sociales y medios online creció en buena forma en la mayoría de los países estudiados. El mayor aumento lo experimentó WhatsApp, con alrededor de 10% de incremento en su uso en algunos territorios. Más de la mitad de los encuestados afirmó haber utilizado algún grupo online abierto o cerrado para conectarse con personas cercanas, compartir información sobre la pandemia o participar de alguna red local de ayuda.
  • En abril la confianza en la cobertura mediática sobre todo lo relativo al coronavirus era alta en todos los países investigados, de manera similar los gobiernos nacionales también exhibían un alto respaldo, en contraste a los políticos medidos de manera individual. En aquel entonces, los ciudadanos confiaban más en los medios tradicionales que en las redes sociales, plataformas de videos o servicios de mensajería.

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La investigación del Instituto Reuters comenzó en enero, por lo que aun en este año atípico pudieron extraerse conclusiones previas a la crisis pandémica:

  • La preocupación por la desinformación es un tema que se repite en todos los países, más de la mitad de la muestra se mostraba preocupada sobre la circulación de noticias falsas en Internet. Facebook es mencionado como el principal canal donde circula información falsa, aunque en algunos países como Brasil o Malasia el señalado es WhatsApp. En ciertos lugares, como Estados Unidos, las personas que se definen como de derecha enfocan a los medios como la fuente de desinformación más importante, mientras que los políticos nacionales se ubican en el primer lugar del podio.    
  • La confianza en las noticias cayó con respecto a la misma medición realizada en 2019: el 38% de los encuestados dijo confiar en la mayoría de las noticias la mayor parte del tiempo y menos de la mitad afirmaron confiar en las noticias que consumían. En el marco de la polarización política, las emisoras públicas han perdido respaldo tanto por izquierda como por derecha.
  • Pese a los datos recién mencionados, el 60% prefiere información sin editorializar y solo una minoría indicó su gusto por noticias que comparten su punto de vista o lo refuerza.
  • La mayoría de los que participaron en la encuesta del Instituto Reuters preferiría que los medios informaran sobre las declaraciones falsas de los políticos en lugar de enfatizarlas. Las personas se sienten menos cómodas cuando la propaganda política aparece en los motores de búsqueda y en las redes sociales que cuando aparece en la televisión. Y el 58% de los encuestados está de acuerdo con que las plataformas bloquearan anuncios políticos que pudieran contener información falsa o inexacta, aun si eso conlleva dotar de un poder de censor a las plataformas.     
  • A pesar de incrementos en el pago por noticias online en varios países -con Estados Unidos y Noruega a la cabeza-, la mayoría aun no paga por acceder a contenido noticioso online.  
  • Entre los suscriptores, el aspecto principal es la calidad de contenido y la distinción con los demás medios: la búsqueda es por una mejor información. De todos modos, un alto porcentaje se siente satisfecho con la información a la que puede acceder de manera gratuita y asevera que nada podría convencerlos de pagar.   
  • En los países con mayores niveles de pago por noticias, como EEUU y Noruega, entre un tercio y la mitad de los suscriptores se decanta por un puñado de grandes marcas nacionales, lo que según el estudio sugiere la persistencia de la dinámica “el ganador se lleva la mayor parte”. Sin embargo, en ambos países una minoría nada despreciable paga más de una suscripción, usualmente agregan un medio local o especializado.
  • En la mayoría de los países, los periódicos locales y sus sitios web se mantienen como la principal fuente de noticias sobre una ciudad o una región, con un alcance semanal de cuatro de cada diez. Alrededor de un tercio de la gente usa grupos de Facebook y otras redes sociales para obtener noticias e información local, lo cual pone más presión sobre los medios y sus modelos de negocio.
  • Casi el 30% de los consultados comienza su jornada informativa a través de un sitio web o una aplicación. Quienes pertenecen a la Generación Z -entre 18 y 24 años- tienen más probabilidades de acceder a noticias mediante las redes sociales. Desde 2018, Instagram como fuente noticiosa se ha duplicado en todas las franjas etarias.
  • El e-mail, y principalmente los newsletters, es la vía elegida por los medios tradicionales para generar un tipo de vínculo más cercano con las audiencias. En los Estados Unidos, uno de cada cinco personas accede cada semana a un newsletter.      
  • Con Spotify a la cabeza, los escuchas de podcast aumentaron en buena cantidad durante el último año. La mitad de los participantes de la encuesta de Reuters dijo que el podcast le brinda más profundidad y comprensión que otros formatos.   
  • En cuanto al cambio climático, el 69% lo evalúa como un problema grave, aunque en EEUU, Suecia y Australia una minoría considerable lo pone en duda. Ese grupo está conformado mayoritariamente por personas mayores y de derecha. Los jóvenes obtienen gran parte de la información sobre cambio climático en las redes sociales.  

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La otra parte del estudio del Instituto Reuters consistió en indagar el porqué de la baja en la confianza en las noticias. Para ello profundizaron en más de 200 investigaciones interdisciplinarias existentes sobre la problemática y realizaron más de 80 entrevistas con periodistas y profesionales de los medios de diferentes países.

La confianza no es una preocupación banal o teórica, sino que es un factor esencial desde la aparición del periodismo. Es importante tanto para el público, como para los medios de comunicación.

Las noticias, la información, permiten, a quienes las consumen, desenvolverse y relacionarse con el mundo. El peligro radica en que no toda noticia es igualmente confiable. En cuanto a los medios, como la profesión se basa, en buena parte, en la confianza, puede ser muy difícil recuperarla cuando se la pierde.

Por un lado, el escepticismo en torno al consumo de noticias es una consecuencia lógica de un ecosistema mediático cada vez más plural. Pero, por otro lado, como aún los medios de comunicación conservan un lugar relevante como fuente de acceso ciudadana a los asuntos públicos, su cuestionamiento puede ser un obstáculo para que la población tome decisiones con información de calidad.

La confianza impacta en muchos niveles: el modelo de negocios —en cuanto al ingreso directo de las audiencias vía suscripciones o membresías—, el acceso a las fuentes periodísticas, o la impresión que pueden causar las coberturas de causas de corrupción u otras actividades ilícitas.

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Los resultados de este segmento de la investigación del Instituto Reuters pueden resumirse de esta manera:

  • Distintos segmentos del público, así como periodistas y académicos, mantienen creencias diferentes respecto de cómo funciona el periodismo, y pensamientos algunas veces contradictorios sobre qué espera cada uno de la actividad periodística. Por lo tanto, quienes aborden esta cuestión necesitan ser específicos en cuanto a su objetivo estratégico y deben basar su trabajo en distintas evidencias, porque las iniciativas que funcionan con una parte del público pueden no funcionar con otras.
  • Muchos académicos y profesionales del periodismo han diagnosticado en la producción de noticias ciertos problemas que pueden contribuir a la falta de confianza. Varios entrevistados consideran que las plataformas socavan la confianza del público en las noticias, aunque también funcionan como vía de acceso a las mismas. Mejorar los estándares y las prácticas periodísticas puede tener un impacto nulo en la confianza si esos esfuerzos no son visibles para una audiencia que se topa con las noticias sólo fugazmente en las redes sociales.
  • Las iniciativas -internas y externas- que tienen como objetivo la transparencia, la conexión con el público y una suerte de “educación mediática”, son prometedoras, pero no existen evidencias sobre que es lo que funciona, en que contexto y en qué tipo de público. Existe un riesgo considerable de hacer cosas que parezcan buenas o de imitar a otros sin evidencias suficientes, lo cual puede conducir a un esfuerzo desperdiciado, en el mejor de los casos, y en el peor, a resultados contraproducentes.
  • Los esfuerzos para mejorar la confianza pueden ser muy importantes, pero tienen costos en sociedades polarizadas, y además pueden no corresponderse con otras prioridades, como pedir cuentas a quienes ejercen el poder. Combatir preconceptos arraigados sobre cómo funcionan las noticias implica tomar decisiones que probablemente alejen a una parte de la audiencia más que a otras.

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#PA.