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Medidas para cuidarse del COVID durante una manifestación

Por Fernando Oz

Es un hecho concreto. Está visto que los cientos de miles de muertos que arrojó hasta aquí la pandemia de COVID-19, ni los que podrían seguir muriendo por esa enfermedad, frenará el aumento de los conflictos sociales mientras sigan las injusticias y desigualdades estructurales en el mundo.

Así quedó demostrado con las masivas protestas que se vivieron en diferentes ciudades como consecuencia del asesinato de George Floyd, en manos de dos policías de la ciudad estadounidense de Mineápolis. Las manifestaciones en Brasil contra el presidente Jair Bolsonaro están a la orden del día. Las presiones del mandatario Sebastián Piñera que no les mueve ni un pelo a los miles de chilenos que cada tanto vuelven a las calles. Y los ejemplos pueden seguir hasta llegar a la misma Buenos Aires, donde la oposición al gobierno de Alberto Fernández hace lo suyo cuando incita a romper la cuarentena y medidas de distanciamiento social. Todo esto, al margen que el malestar generalizado es evidente en los distintos países.

La pregunta es qué deben hacer los periodistas que cubren conflictos sociales para no contagiarse coronavirus mientras hacen su trabajo. Es más, cabría preguntarse qué medidas deberían tomar todas las personas que creen que una protesta es lo suficientemente justa como para correr el riesgo de ser cazados por un virus que podría ser mortal.

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Con el coronavirus en el caos

El principal problema es cómo evitar romper cualquier tipo de distanciamiento social en medio de una importante concentración de personas que protestan en calles, rutas, y hasta en ciudades enteras. Especialmente en momentos en que la tensión es tan alta que basta con un insulto para que todo se desmadre. Ni qué decir cuando entran en acción las fuerzas de seguridad y avanzan a toda pompa con sus fortificados camiones hidrantes, a los bastonazos en el mejor de los casos, o a los tiros en el peor.

¿Se imaginan a cientos de personas escapando del efecto de los gases por las angostas calles de Bolivia, algunos escupiendo, otros tosiendo o vomitando, todos con los barbijos mal colocados o en la mano? Basta con un solo manifestante con coronavirus para garantizar un desastre.

El barbijo puesto y el pomo de alcohol en gel en el bolsillo son indispensables cuando todo marcha civilizadamente. Pero cuando el descontrol toma vuelo y la policía o el ejército lanzan su lluvia de gases lacrimógenos es mejor estar mejor preparados.

Pañuelos mojados con agua o roseados con limón suelen ser una mejor alternativa que los cubrebocas comunes, pero nada mejor que la máscara contra gases; si es enteriza para cubrir todo el rostro mucho mejor, de lo contrario recomiendo comprar unas antiparras. 

Mantener la vista a salvo del efecto de los gases es de suma importancia para salir lo más rápido posible de la zona de represión. Gracias a protecciones de ese tipo, en Chile más de un manifestante ha salvado algún ojo de perdigones, esquirlas, o las vainas de las municiones de gas.

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Las vías respiratorias

Escapar del efecto de los gases con un barbijo común sería un milagro. A los 30 segundos de estar expuesto al alcance de cualquier gas lacrimógeno, la primera reacción es la de contener la respiración todo lo que se pueda, pero la sensación de picazón o quemazón en el rostro dificulta todo. Y después de tener la primera necesidad de inhalar aire el sistema respiratorio entra en caos.

El estado de sofocación dura, dependiendo el tipo de gas y el tiempo de exposición, entre 15 y 30 minutos. Además de dificultad para respirar y el lagrimeo constante, la tos llega con la irritación de la garganta, luego las nauseas y los vómitos. Con ese cuadro, no sacarse el cubrebocas es casi imposible.

A lo dicho anteriormente, hay que agregar que la composición química que tienen algunos gases también genera incapacidad sensorial, ceguera temporal, pérdida de equilibrio y desorientación, aumento de la presión sanguínea y de la frecuencia cardíaca. Ese combo completo no se lo deseo a nadie. Una buena máscara antigás nos evitaría todo aquello.

Vale la pena decir que el riesgo que corre alguien con un barbijo común es igual a quien se calza mal una máscara o no la ajusta lo debido. Lo mismo ocurre con las antiparras puestas sin presión. El gas ingresa por el orificio menos pensado.

El único lugar que conozco en el país donde capacitan de una manera extraordinaria a periodistas para desenvolverse lo mejor posible en zonas hostiles es en el Centro Argentino de Entrenamiento Conjunto Para Operaciones de Paz que depende, en parte, de las Naciones Unidas. Allí una de las clases es justamente cómo utilizar correctamente una máscara antigases, también hay un ejercicio en el que los gases no faltan.

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Sobre los gases

Hay diferentes clases de gases y saber distinguirlos no viene mal. Los compuestos se utilizan en aerosoles líquidos, otros se rocían, y están las municiones y bombas de gas. Las dos últimas generan una nube tóxica, densa, de color blanco o amarillo, depende el compuesto químico, que puede abarcar entre los 6 y 300 metros cuadrados.

En Chile, por ejemplo, se utiliza mucho el gas CS (clorobenzilideno malononitrilo) tiene un olor similar al jengibre, se adhiere a la piel y a la ropa durante bastante tiempo, en zonas húmedas dura más tiempo. Uno de los más tóxicos es el CN (cloroacetofenona), que fue utilizado por primera vez durante la Primera Guerra Mundial. El DM es sumamente vomitivo. El CR (dibenzoxazepina) también es muy potente y en la superficie puede permanecer activo durante semanas, en Estados Unidos fue prohibido porque puede ocasionar cáncer.

Lo que básicamente uno debe entender que cualquier tipo de gas puede ser letal en personas con problemas respiratorios, de hipertensión, o enfermedades cardiovasculares; puede generar daños respiratorios, asfixia, fallas circulatorias. He visto personas que terminaron hospitalizadas por bronconeumonía.

La Organización Mundial de la Salud elaboró un documento titulado “Respuesta de la salud pública a las armas biológicas y químicas”, en el que se recomienda retirar a la persona que se haya descompensando de la zona de la nube tóxica para que pueda respirar aire fresco. Para atender la zona afectada por el paciente, “se puede usar agua y jabón para lavar la piel, pero debe ser seguida de irrigación con agua tibia durante 15 minutos”. El informe de la OMS también indica que “las soluciones salinas o débiles de ácido bórico pueden aliviar los síntomas oculares y las lociones calmantes como la calamina se pueden usar sobre la piel lesionada. Los apósitos húmedos que permiten que haya evaporación pueden calmar la piel. Los apósitos se deben cambiar cada 2 o 3 horas. Cualquier infección de la piel se debe tratar con antibióticos”, indica la OMS.

Por todo lo anterior, frente a cualquier tipo de gas hay que proteger la boca, nariz y ojos. Siempre que se pueda, hay que ir hacia el lado menos elevado del terreno en el que uno se encuentre; el gas siempre se dispersa hacia arriba. Los lugares encerrados y con poca ventilación pueden ser una trampa mortal. Por eso no recomiendo moverse por lugares cerrados. Un pañuelo grueso, algo humedecido, atado o envuelto al cuello, y un rociador con agua y bicarbonato de sodio, o simplemente con un poco de limón. He visto en diferentes lugares cómo utilizan leche.

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La vista

Los ojos es otra presa fácil para los gases. Sin una máscara de gas que cubra todo el rostro, las antiparras son la mejor opción. Les aseguro que usar anteojos en esas situaciones es tortuoso, pero peor la pueden pasar quienes usen lentes de contacto.

Frotarse los ojos con las manos es una muy mala idea. Lo que hace falta es mucha agua, insisto con lo del rociador con un poco de bicarbonato de sodio. Según el documento de la OMS, cualquier partícula depositada en los ojos después de la evaporación del solvente debe lavarse con cantidades abundantes de agua tibia.

El estado de ceguera temporal no dura más que tres minutos, tiempo fundamental si uno tiene que buscar un modo de resguardo para poder respirar. En Chile, por ejemplo, cientos de personas tuvieron diferentes hematomas oculares y hasta la pérdida de un ojo como consecuencia de las municiones que arrojaban los carabineros y el ejército de ese país. Ya lo mencioné, pero lo remarco.   

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Las manos

Otro elemento de utilidad, especialmente en tiempos de pandemia, son los guantes. En el tumulto, durante las corridas, es inevitable el contacto físico.

Frente a los gases, el principal acto erróneo, pero casi siempre involuntario, es el de llevarse las manos a la cara. Además, muchas veces uno se apoya sobre cualquier cosa o corre el riesgo de tropezar y en algún momento los dedos terminan en nuestros rostros o tocando algo que luego nos llevamos a la boca. Un par de guantes nunca estarán de más.

Cuando estalla un conflicto social de importancia todo se vuelve impredecible. Las cosas suelen terminar en un gran desorden, hay violencia, represión, desesperación, sangre, mutilados, incluso cadáveres. Lo viví durante la desmovilización de la guerrilla en Guatemala a fines de los 90, en los disturbios de los Sin Tierra en Brasil, en las protestas de los chalecos amarillos en Francia, o en las masivas manifestaciones en Chile y Bolivia donde no faltaron heridos y muertos.

Durante una manifestación no sólo hay que cuidarse de los violentos que aprovechan la ocasión, de las piedras, de los hidrantes con o sin químicos, de los gases, de las postas de goma, y de los tiros que provengan de donde sea. Ahora también hay que protegerse de un virus que ya se cobró casi medio millón de vidas.    ♣♣♣

#PA. Fotos y video, Fernando Oz.

Jueves 25 de junio de 2020.
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