A 25 años del click que sentenció a muerte a José Luis Cabezas

A 25 años del click que sentenció a muerte a José Luis Cabezas

Por Federico García


El 16 de febrero de 1996, el reportero gráfico logró la icónica imagen del empresario Alfredo Yabrán, enfrentado a muerte con Domingo Cavallo. Un año después sería asesinado, crimen que generaría un cimbronazo político entre el presidente Carlos Menem y el otro caudillo del PJ, el gobernador bonaerense Eduardo Duhalde.

El próximo 3 de marzo se cumplirán 25 años de la publicación de la revista Noticias que le puso rostro por primera vez a una de las personalidades más oscuras de la Argentina: Alfredo Yabrán, a quien se lo puede ver retratado en la tapa como un turista más, caminando junto a su esposa en un balneario de Pinamar.

Pero la historia de esas imágenes, un hito del fotoperiodismo argentino que significó el primer asesinato de un trabajador de prensa en democracia, se remonta al 16 de febrero de 1996, cuando José Luis Cabezas cubría la temporada de verano para la revista porteña.

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Una necesidad

El empresario Alfredo Yabrán, de aceitados vínculos con el gobierno de Carlos Menem, saltó a la escena pública tras sus enfrentamientos con el ministro de Economía, Domingo Cavallo, quien lo acusó de ser “el jefe de las mafias enquistadas en el poder”. 

En esa sesión especial del Congreso -realizada en agosto de 1995-, el economista acusaba al por entonces dueño de OCA de liderar un entramado que controlaba la entrada y salida de bienes de la Argentina, con posiciones monopólicas en logística, seguridad, transporte y servicios aeroportuarios, además de la impresión de dinero y documentos oficiales, junto con el manejo informático de Lotería Nacional.

Luego de las denuncias, se volvió una necesidad periodística obtener la imagen de quien había despertado la furia del ministro, pero no era una tarea sencilla, ya que Yabrán hacía culto del anonimato y hablaba únicamente mediante voceros. En una entrevista con la revista Noticias, previa a aquel verano, el canoso empresario había lanzado una frase premonitoria que tomaría sentido con el asesinato de José Luis Cabezas, ocurrido el 25 de enero de 1997: “Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la frente. Ni los servicios de inteligencia tienen una foto mía”.

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Un turista más

El compañero de Cabezas en aquella excursión fue Gabriel Michi, quien escribió la nota para Noticias que llevaba el título “Yabrán ataca de nuevo”, donde revelaba los negocios del empresario en Pinamar y su enfrentamiento con Cavallo, a quien acusaba de hacerlos perder 72 millones de dólares.

El trabajador de prensa recordó que estaban a punto de emprender el regreso a la Ciudad de Buenos Aires cuando recibió el llamado de una fuente que le confió que Alfredo Yabrán, que había sido operado de la vesícula en Estados Unidos unas semanas antes, había arribado a Pinamar, donde tenía una casa y proyectos hoteleros.

“Llegó el 15 de febrero, pero no pudimos ir a hacer guardia porque teníamos pautada una nota con el actor Miguel Ángel Solá, quien hacía mucho que no hablaba y había aceptado la nota sólo porque José Luis era el fotógrafo”, rememoró Michi en diálogo con la agencia NA.

Tras la charla con el artista, en Villa Gesell, el periodista y el reportero gráfico volvieron volando a Pinamar, para ver si podían encontrar a Yabrán en el balneario La Pérgola, de Valeria del Mar, manejado por el socio del empresario Luis Abruzzesse. Pero cuando llegaron, el “fantasma” ya no estaba.

Al otro día, el 16 de febrero de 1996, Michi y Cabezas se apostaron desde temprano en la puerta de la casa del empresario. Pese a verlo a bordo de su camioneta, el fotógrafo no tuvo ángulo para fotografiarlo: cuando Yabrán regresó al inmueble, pronto salió humo del patio, indicio de que un asado estaba en marcha.

Los trabajadores de la revista Noticias jugaron otra carta: el empresario era muy estructurado y a las 16 solía ir a la playa para caminar junto a su esposa, María Cristina Pérez.

Periodista y fotógrafo fueron hasta el balneario Marbella, donde divisaron la camioneta de Yabrán: Michi bajó con quien ese entonces era su pareja y se adentraron a la arena, para ver si podían encontrar al empresario. Luego de descubrir que estaba -o sospechaba que era él-, le pidió a Cabezas que lo corroborara en base a un identikit y una vieja foto de un reencuentro de egresados.

El reportero gráfico ratificó que el hombre tomando sol era el mismísimo Yabrán, por lo que desde el estacionamiento del balneario usó a Michi de trípode: apoyó el pesado lente sobre el hombro del periodista y sacó la primera tanda de fotos: acostado en una reposera, el empresario disfrutaba del calor del verano y la brisa del mar, como los cientos de turistas que estaban a su alrededor.

Minutos después, se levantó y empezó a caminar con su esposa por la orilla. Para poder “cazarlo” de nuevo con la cámara, Cabezas simuló estar fotografiando a Michi y a su pareja, quienes posaban como simples veraneantes: así, el fotógrafo retrató al “fantasma” de nuevo.

Al día siguiente, ya con María Cristina Robledo, la esposa de Cabezas, como parte del equipo playero, volvió el simulacro y Yabrán otra vez cayó en la cámara del reportero gráfico: “En el momento de las fotos sentimos una gran satisfacción profesional, porque era la foto que buscaba todo el periodismo. Nunca medimos que pudiera tener la consecuencia que tuvo: el asesinato de José Luis fue el primero de un trabajador de prensa desde el regreso de la democracia”, subrayó a NA el periodista que actualmente se desempeña en la señal C5N.

Cabezas envió los negativos al laboratorio de la Editorial Perfil en un sobre dentro de varios más, con una leyenda alusiva a Yabrán: “Freddy Okaman”. Las imágenes, convertidas ya en vitales para la historia del fotoperiodismo, fueron publicadas en la revista Noticias el 3 de marzo de ese año.

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Un año de gracia

Durante todo el año 96, José Luis Cabezas recibió amenazas. Sin embargo, sin saber lo que le deparaba, el 15 de diciembre de ese año arribó a Pinamar para iniciar una nueva temporada junto a Gabriel Michi. El objetivo que tenían era redoblar la apuesta del verano anterior y conseguir una entrevista con Yabrán, “sin saber que había un plan criminal en marcha”, recuerda el periodista.

En la noche del 24 de enero de ese año, fueron juntos a cubrir la fiesta de cumpleaños del empresario postal Oscar Andreani: el periodista se fue cerca de las 4 de la mañana y el reportero gráfico se quedó en el evento.

Cuando Cabezas salió de la fiesta, fue secuestrado por la denominada banda de Los Hornos, contratada por miembros de la Policía Bonaerense para fusilar al fotógrafo e incendiar su cuerpo y el auto que Noticias había alquilado para que se movilizaran los trabajadores.

A partir de ese suceso, Yabrán salió definitivamente del anonimato y fue perseguido por la Justicia para dar cuentas del asesinato de José Luis. El “No se olviden de Cabezas” fue uno de los principales lemas impulsados por la familia y la prensa. El empresario terminó suicidándose en una estancia entrerriana el 20 de mayo de 1998, a los 53 años.

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Un terremoto político

El crimen de Cabezas provocó un quiebre político entre el gobierno nacional de Carlos Menem y Eduardo Duhalde, al frente de la provincia de Buenos Aires.

Fue este último quien advirtió en aquel momento que le “tiraron un muerto” y reveló vínculos entre la política, empresarios y la policía, de la que supo decir meses antes que era “la mejor del mundo”.

La noticia del homicidio -ocurrido en el balneario elegido por empresarios y políticos para veranear durante la década del 90- le llegó a Duhalde cuando se disponía a salir de pesca.

Mientras Duhalde consideraba que Yabrán era “sospechoso” del crimen de Cabezas, Menem sostenía que el hombre que visitaba con frecuencia la Casa Rosada era “sólo un empresario más”.

Cincuenta días después del asesinato, el gobernador dijo que la bonaerense daba miedo en lugar de seguridad, e hizo la primera de una serie de purgas en la fuerza de seguridad, exonerando a 150 efectivos.

La investigación determinó posteriormente la responsabilidad de jefes policiales en el homicidio y sus vínculos con el encargado de la custodia del empresario, Gregorio Ríos. Cinco meses después del crimen renunció el ministro de Justicia, Elías Jassan, al descubrirse que había mantenido más de 100 contactos telefónicos con Yabrán, sospechado de haber actuado como el instigador del homicidio.

Jassán, según se reportó entonces en medios periodísticos, había sido vicepresidente de una empresa ligada a Yabrán y le otorgó el reparto de la correspondencia de la cartera a su cargo a la compañía de correos OCA, también mencionada como propiedad del empresario.

La muerte de Yabrán recrudeció la interna peronista de aquel momento, disputada entre los dos principales caudillos del PJ. Sin embargo, varios mensajeros de días posteriores al suicidio del empresario llegaron propuestas de armisticio por parte de Duhalde, pero fueron despachados por Menem con el rechazo y la furia, convencido de que el gobernador se había quedado sin bandera electoral y sin un arma de extorsión política.

Las certezas presidenciales encontraron su mejor expresión en una frase del senador Jorge Yoma, un viejo amigo de Menem: “Si a alguien le tengo que expresar mis condolencias por la irreparable pérdida sufrida es a Duhalde”,disparó tras el tiro de San Ignacio que terminó con la vida de Yabrán.

El gobierno federal no sólo creía que Duhalde había manejado en persona la causa judicial sobre la muerte de Cabezas, ya que el Turco también consideraba que el expediente estaba plagado de errores y de arbitrariedades. Uno de los últimos gestos desesperados de Yabrán fue precisamente reunirse con un juez federal en un lujoso hotel de Buenos Aires con la esperanza final de sacarle la causa a la justicia bonaerense.  ♣♣♣

#PA. N&P.