Nuestros niños, nuestra responsabilidad

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Por Gastón Ortega

–Médico – Especialista en Gestión de Salud – Master MBA–

Resulta difícil imaginar el camino que debemos transitar para alcanzar la “pobreza cero”, si partimos de la base de que, escalones por debajo de ella, está el hambre en todas sus formas.

Tomemos cualquier estudio al azar, sea nacional o regional de poblaciones pobres, donde los números son considerablemente alarmantes. Es casi una constante que el 40% de los niños de las muestras poseen alteraciones antropométricas documentadas, productos de la mala alimentación.

Se trata de un problema tanto político institucional como social. Estamos permitiéndonos que en un país capaz de producir alimentos para seis veces su número de habitantes, se desarrollen niños con carencias nutricionales desde temprana edad condenándolos a una vida de miseria.

Ahora bien, saltando la imprudencia de proyectar “pobreza cero” sin un plan económico político y social sustentable, podemos decir que la erradicación del hambre está a nuestro alcance; para luego, una vez solucionado este gran problema, poner en marcha un plan que disminuya la pobreza en forma gradual.

Para esto es necesario implementar un trabajo de distribución de alimentos organizados, provistos por los propios productores agropecuarios y empresas de alimentos. Por supuesto que esta retención de alimentos obligatoria debe ir acompañado de un plan de incentivación a la producción con quitas sustanciales de las cargas impositivas en toda su estructura (retenciones, impuesto a la tierra, IVA, IIBB, ganancias, guías, impuestos municipales y nacionales, etc.) lo cual generará mayor producción, mayor retención de alimentos para distribuir y más cantidad de puestos de trabajo (disminución de la pobreza). 

Estos alimentos irán dirigidos y almacenados en “lanzaderas”, que posterior a un análisis al estilo Cambridge analytica, se ubicarán en regiones tomando como parámetros la cantidad de habitantes en riesgo y el número de centros comunitarios. Una vez instaladas se proveerán, en días pactados a través de un plan de distribución de transporte, los alimentos a los centros designados (comunitarios).

De esta manera nos aseguraremos que los niños desde que nacen hasta los 7 años puedan tener un litro de leche diario, accedan a las proteínas y nutrientes necesarios para el óptimo crecimiento intelectual y motriz, que les permitirá desarrollarse normalmente en la vida social. Es de nuestra potestad asegurarnos el buen desarrollo de las generaciones venideras para tener la esperanza de alcanzar un país no solo con la visión de suprimir la pobreza, sino con integrantes con capacidades que nos permitan competir en el mundo que se nos viene.   ♣♣♣

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