Ojos blancos

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Por Gastón Ortega

–Mé­di­co – Es­pe­cia­lis­ta en Ges­tión de Sa­lud – Mas­ter MBA–

Si alguna vez tienen la posibilidad de viajar a Málaga, España; y se les ocurre dar una vuelta por una de sus plazas a eso de las seis de la tarde, se van a encontrar con una situación inusual para nosotros, los argentinos…

Rodeando las fuentes, copando los cafés, miles de abuelos se encuentran reunidos, charlando. Las tardes son meramente de ellos, y también de los jóvenes que pasan a sus lados en frenéticas caminatas se mezclan en una comunión natural y verdaderamente lógica.

Esto nos debe llevar a preguntarnos: ¿y nuestros abuelos? ¿no hay abuelos en nuestras calles o cafés? ¿por una cuestión cultural deciden no salir de sus casas? Es raro cruzarse con uno de ellos por la calle que no esté yendo a comprar algo de comida o medicamentos a la farmacia. Quizás, en nuestro país no se ganaron el derecho de disfrutar su última etapa como en España, y deben ser relegados a quedarse el resto de sus días en su casa (si es que tienen esa suerte).

Como si se tratara de un melodrama sarcástico, como sociedad nos volvimos indiferentes y naturalizamos esta realidad. Una realidad en donde los abuelos con sus jubilaciones extremadamente bajas, por las cuales pagaron toda su vida, no piensan en darse los gustos que merecen, sino que deciden entre comer o comprar sus remedios. Mejor dicho, algunos de sus remedios… porque para todos no les alcanza.

Me disculpo cuando digo que tienen la potestad de utilizar su jubilación para comer… con una mínima de 13 mil pesos por mes, con suerte comen una vez al día. No hay dudas, como sociedad lo que hemos perdido es la vergüenza.

Pero la decidía no termina ahí, los abuelos también deben pagar la catarata de impuestos que paga todo el mundo IVA, IIBB, Imp. Provinciales, Municipales, luz, agua, gas, etc… ¡ah! y no nos olvidemos de las ganancias.

Imagino que mostrándole esto a uno de esos abuelos en un café de Málaga, no sería descabellado si piensan que parece un plan sistematizado para deshacernos de ellos. En este caso, no estarían desvariando.

Ahora bien, los que ahora (en etapa productiva) no le damos importancia a este tema, porque obviamente está a la vista que como sociedad no nos interesa, ¿no pensamos que en un par de años vamos a estar en ese lugar?, ¿o eso de llegar a viejo es algo que no nos va a tocar?

El mayor problema que tenemos como sociedad es la falta de identidad, sin un sentido de pertenencia histórico, viéndose reflejado en como actuamos, como sentimos; con la indiferencia que tratamos a nuestro niños y abuelos, sin un rumbo común organizado, importando solo el hoy y ahora… solo nosotros.

No creo que esté en nuestra esencia tal actitud, sino que es el desenlace de la locura que vivimos producto de desbarajustes económicos de los últimos 50 años que hacen que cada uno se salve como pueda. Hay que tener presente que nunca es tarde para cambiar y tomar las riendas de la conciencia, pero también hay que tener en cuenta que el tiempo apremia.♣♣♣

#PA.

Sábado 9 de noviembre de 2019.
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