Recuperar el suelo, el desafío tras un incendio

Recuperar el suelo, el desafío tras un incendio

Por Paula Fernández

Cuando se produce un incendio, apagar las llamas centra la urgencia, pero también es necesario recuperar el suelo lo más rápido posible. Es el desafío que une a investigadores de Galicia (noroeste de España) y el norte de Portugal, en un proyecto que busca prevenir fuegos y devolver a la vida las áreas quemadas.

“Se piensa mucho más en la cuestión de apagar el incendio y en el daño que en recuperar el bien fundamental, que es el suelo”, señala Felipe Macías, catedrático de la Universidad española de Santiago de Compostela e investigador principal del proyecto hispano-luso Terramater.

La iniciativa -que cuenta con un presupuesto de 1.106.805,29 euros, del cual el 75 % está financiado por el Fondo de Desarrollo Regional FEDER a través del Programa de Cooperación Transfronteriza Interreg España-Portugal (POCTEP)- junta a universidades y empresas de Galicia y el Norte luso.

Son dos regiones que conocen bien la severidad de los incendios forestales y que tienen todavía reciente la tragedia compartida de octubre de 2017, cuando las llamas arrasaron miles de hectáreas y se llevaron vidas humanas a ambos lados de la frontera.

Pero ese sufrimiento histórico se puede aprovechar para estar más preparados para prevenir y afrontar futuros fuegos.

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Identificar zonas de riesgo

Con décadas de información sobre fuegos forestales, Terramater va a desarrollar una cartografía de las zonas del sur de Galicia y el norte de Portugal más afectadas por los incendios.

“Hay un estudio histórico sobre la caracterización de los factores que explican las mayores incidencias de incendios”, cuenta Macías, que expone que condicionantes como el tipo de suelo, los usos que se le dan, la vegetación o la orientación pueden influir en que un territorio sea más propenso a ser pasto de las llamas.

Este estudio, junto a otro sobre las legislaciones de ambos países en materia de combate al fuego y de la recuperación posterior, integra la parte del proyecto centrada en la prevención, que culmina con un sistema de alerta precoz que permita identificar las zonas con mayor riesgo y actuar antes.

Pero otra medida que contribuye a evitar incendios es recuperar las funciones productivas y ambientales de las áreas quemadas y aumentar su resiliencia para que sean capaces de resistir mejor a futuros episodios.

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Abonos y suelos artificiales

El proyecto aspira a diseñar y elaborar una serie de abonos especiales y suelos artificiales, los llamados tecnosoles, que permitan devolver a la vida las áreas quemadas. Macías ya ha utilizado estos tecnosoles en proyectos de recuperación como el de As Pontes, donde se convirtió la mayor mina a cielo abierto de la península ibérica en un lago artificial.

Son “suelos a la carta”, explica el catedrático, que se elaboran “exactamente igual que uno natural”, pero se le añaden los nutrientes necesarios para el tipo de vegetación y los usos que se le quieran dar al terreno y se eliminan los contaminantes que podrían degradarlo.

El resultado es un suelo autosostenible, capaz de evolucionar por sí mismo por los mismos procesos biogeoquímicos que uno natural.

Para la elaboración se utilizan subproductos y materias primas como rocas y arenas, pero también se aprovechan residuos, por lo que “el proyecto tiene un ámbito de economía circular que responde a los intereses del Pacto Verde Europeo“, defiende el investigador, que recuerda que los suelos tienen importantes funciones medioambientales.

Son sumideros de carbono que contribuyen a la “adaptación al cambio climático, la recuperación de la biosfera, la eliminación de riesgos para la salud y la conservación de los ecosistemas”, subraya.

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Trabajar sobre el terreno

Para desarrollar los abonos y enmiendas, el equipo de Terramater ya ha empezado a realizar muestreos y ensayos de campo, e incluso a experimentar en áreas quemadas por los incendios en 2019, explica otro de los investigadores, Juan Antelo. Pero la idea es poner a prueba cómo funcionarían en terrenos que acaban de sufrir el paso de las llamas.

“Pretendíamos hacer quemas controladas en la zona de Braganza, con ayuda de agentes forestales, para después poder introducir las medidas de recuperación desde el minuto cero, desde el día siguiente al incendio“, cuenta Antelo, que explica que este ensayo quedó paralizado debido a la covid-19.

El equipo espera realizar las quemas próximamente, ya que es necesario practicarlas en invierno, cuando haya más humedad, para evitar que se extienda el fuego.

Terramater, coordinado por la Universidad de Santiago de Compostela, tiene como socios al Instituto Superior de Ingeniería de Oporto, al Instituto Politécnico de Braganza, a la Universidad del Miño y a la empresa gallega Recursos y Valorización Ambiental. ♣♣♣

#PA. EFE, Lisboa.