¿Las redes son las responsables de la polarización?

¿Las redes son las responsables de la polarización?

Por Adrián Machado

La problemática de la polarización política se debate profusamente: las redes sociales son las culpables, los medios de comunicación manipulan, Internet alienta las divisiones. ¿Es así? Existen múltiples factores que intervienen en la polarización -que no es de un solo tipo-, intentamos analizar algunos de ellos.

Silvio Waisbord es Doctor en Sociología por la Universidad de California en San Diego y Profesor en la Escuela de Medios y Asuntos Públicos en George Washington University, ambas instituciones de los Estados Unidos. Ha escrito y editado libros sobre periodismo, política y comunicación. En noviembre de 2020 fue publicado su artículo “¿Es válido atribuir la polarización política a la comunicación digital? Sobre burbujas, plataformas y polarización afectiva” en la Revista de la Sociedad Argentina de Análisis Político -SAAP-.

La intención del trabajo es dilucidar la relación entre la comunicación pública y la polarización política contemporánea. El autor parte de una revisión de la literatura global reciente sobre el tema y plantea que la polarización es el producto de la combinación de fenómenos políticos y comunicacionales. Waisbord considera erróneo asociar la polarización únicamente a la comunicación digital.

“La polarización es generalmente vista como un desafío para la democracia, en tanto que ésta demanda formas de negociación y compromiso entre diferentes fuerzas políticas. La polarización lleva al extremismo actitudinal y político como así también al rechazo y la expulsión de intereses y actores. La polarización azuza movimientos extremistas y socava las bases necesarias para un régimen político que demanda aceptación de la diversidad de opiniones, mínima estabilidad, transición pacífica de poder, moderación, constante negociación y reconocimiento de adversarios”, define el texto, para luego citar el Brexit y el triunfo de Trump como ejemplos de fuertes polarizaciones.

El éxito electoral de posiciones de extrema derecha y de los gobiernos populistas latinoamericanos en la primera década de este siglo reavivó el debate sobre la polarización y sus consecuencias. “Por un lado, una posición, asentada en la teoría democrática liberal, vio con preocupación al populismo representado más cabalmente por el chavismo venezolano como esencialmente predispuesto a acelerar la polarización y, por ende, como amenaza a la democracia. Por otro lado, la posición a favor del populismo entendió que sus tendencias polarizantes son profundamente democráticas, en tanto apuntaban a un reequilibrio político y a la constitución de un frente contrahegemónico”, clarifica el autor.

La diferencia se dirime en una sola dimensión, por lo que las relaciones políticas y sociales se simplifican. La identidad partidaria/ideológica se impone por sobre otras formas de identificación y acción política. Además, la polarización añade una dificultad extra a la generación de consensos, elemento fundamental de la democracia, añade Waisbord.

El autor distingue los riesgos que atañe la polarización política para la democracia, así como los argumentos esgrimidos por quienes la critican y consideran que es favorable: “los críticos de la democracia postulan que la polarización es inevitable, saludable y necesaria. Como critica filosófica al liberalismo político y visión que alienta la superación de las ‘trampas’ de la democracia, el populismo contemporáneo es quizás el representante más notable de esta tradición que endorsa la polarización”.

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Causas

La polarización política es el resultado de la confluencia de procesos comunicacionales y políticos. Las explicaciones como fenómeno comunicativo-político son agrupadas en dos líneas argumentales en el texto.

En primer lugar, una línea subraya la importancia de los fenómenos comunicacionales: “La fragmentación de los sistemas de medios hace posible el consumo de contenidos ajustados estrictamente a intereses e identidades particulares”, apunta el autor.

La otra línea argumental atribuye la polarización a procesos esencialmente políticos. La arquitectura institucional inclina a determinados sistemas políticos a ser proclives a la polarización. “Sistemas de gobierno, sistemas electorales, sistema de partidos, tipo representación partidaria en el Congreso, y otros factores promueven la polarización o la moderación”, enumera el documento.

El contexto mediático y político es central para comprender el proceso de polarización, este es el resultado de decisiones de las elites políticas y mediáticas más que de procesos predeterminados por la política digital o las redes sociales.

El autor no coincide con los planteos unidireccionales que exhiben como causa de la polarización a las dinámicas comunicacionales/ mediáticas o políticas. “La polarización no está ligada inevitablemente al impacto o tendencias de una plataforma o a la fragmentación de la comunicación pública. No hay un solo tipo de medio/ plataforma que unilateralmente “polariza”. En cambio, hay procesos mixtos en la comunicación política que permiten explicar más convincentemente los flujos de des/polarización”, asevera.

Los niveles de polarización varían según los países y los sistemas políticos, en países democráticos “son más altos en sistemas presidenciales y procesos electorales que tienden al bipartidismo, y son intensificados tanto por medios tradicionales (prensa y radiodifusión) y digitales, especialmente en países con una fuerte tradición de medios ‘partidarios’, cercanos a fuerzas políticas e ideológicas, y de medios públicos débiles o sujetos estrechamente al poder político”.

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Fragmentación

La polarización como producto del espectro mediático no se puede atribuir a una sola plataforma, canal, empresa o medio de comunicación, sino que está vinculada a la tendencia de fragmentación mediática y a la infinidad de contenidos segmentados hacia públicos definidos.

No es patrimonio exclusivo del presente la existencia de tendencias que favorecen la producción de contenidos periodísticos confeccionados según simpatías ideológicas y políticas, por lo tanto, el escenario mediático actual -distante del del siglo XX- no trae novedad alguna en ese aspecto. Waisbord afirma que “la sola presencia de medios ‘partidizados’ no lleva a la polarización, sino que depende del tipo de creencias y actitudes que estimulen. Los medios pueden ser catalizadores de sentimientos que refuercen determinadas ideologías y simpatías por políticos y funcionarios, pero por sí solos no alimentan actitudes polarizantes a ambas bandas del escenario político”.

“Quienes polarizan al electorado no son “los medios” en términos generales, ni siquiera los medios abiertamente ideológicos. Son determinados medios cuyas agendas editoriales y modelo comercial tienen el objetivo de polarizar identidades apelando a narrativas afectivas extremistas sobre temas que dividen y profundizan las divisiones como los derechos de inmigrantes, mujeres, minorías, comunidad LGBTQ y otras”, concluye.

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Conclusión

El autor asevera que la polarización debe analizarse como resultado de la confluencia de dinámicas político-comunicacionales. El análisis debe ser integrado y examinar ambas tendencias.

“Existen incentivos políticos y mediáticos que tienden a la polarización”, señala el sociólogo. Por una parte, la polarización mediática es redituable en tanto atrae audiencias politizadas y con fuertes identidades partidarias. Donde hay proximidad económica y estratégica entre medios, gobierno y financistas privados de la política hay un interés común en un periodismo que constantemente remarque la oposición atroz hacia la fuerza política contraria. Los medios polarizantes son atractivos para políticos interesados en ganar el favoritísimo de su base electoral y destacarse sobre rivales dentro de la misma fuerza política. La polarización de los medios tradicionales es importante en tanto algunos son fuentes de información compartida y comentada en redes sociales.

“La polarización es problemática por varias razones. En términos de estructuras de medios, tiene a dividir al periodismo tradicional en dos bandos bien marcados. La polarización desincentiva el tipo de periodismo equilibrado, amplio, comprehensivo, que cubra temas y ofrezca perspectivas por fuera de la férrea lógica bipartidaria o el maniqueísmo ideológico. La polarización promueve una diversidad limitada y debilita los espacios para la expresión de diferencias sociales y políticas que no entren en la lógica binaria”, señala el texto.

De esta manera crece la desinformación, debido a la exposición a los diferentes públicos a visiones sesgadas por distintos intereses.

Para atenuar la polarización, Silvio Waisbord, propone una comunicación pública dialógica y pluralista. Pero este modelo enfrenta serias dificultades estructurales tanto históricas como contemporáneas: la economía política de los medios, el continuo descenso del periodismo como el gatekeeper -el que decide que se publica- dominante, la multiplicidad de opciones para informarse, y el fraccionamiento de la oferta mediática en diversas esferas digitales. ♣♣♣

#PA.