La razón de una infancia feliz

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Por Penélope Canónico


Los juguetes de la Fundación Evita. Una exposición temporaria en el Museo Evita ilustró el mundo infantil del peronismo.

Risas sueltas, cantos alegres, juegos de niños. La retórica de la felicidad. Una rayuela invita a recorrer el horizonte imaginario del proyecto nacional y cultural que el peronismo construyó para la niñez. Se instaló la idea de que los infantes necesitaban juguetes para su bienestar y desarrollo. “La vanguardia política del futuro son los niños”, supo decir Evita el 6 de enero de 1952 frente a la multitud que escuchaba su discurso.

Sin lugar a dudas, la figura de Eva es fundamental para pensar el peronismo como una “estructura de sentimiento”. En términos de Raymond Williams, se trata de una hipótesis cultural para leer estrategias simbólicas a partir de la forma en que fueron experimentadas. En tal sentido, interpeló a sus “descamisados” –sectores sociales que estaban excluidos de la escena estatal– para otorgarles visibilidad pública a partir de la Fundación de Ayuda Social Eva Duarte de Perón.

“A Evita la celebro desde el lugar de lucha. Su vida era la búsqueda permanente y desenfrenada por la igualdad, por que los niños fueran los privilegiados y pudieran tener el juguete, o la sidra y el pan dulce para tener una navidad compartida”, destaca Cristina Álvarez Rodríguez, sobrina nieta de Eva y presidenta ad honorem del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Eva Perón.

Inaugurada en 1948, la organización no gubernamental desplegó una política social que asistía de forma directa a las familias de la clase trabajadora para evitar las formas burocráticas del Estado. Más de dos millones y medio de artículos infantiles fueron repartidos durante las fiestas de Navidad y Reyes. El derecho a jugar y la protección de los infantes se convirtieron en asuntos de Estado.

“Quería empezar el año con algo que tuviera valor significativo para Eva. Esta exposición, que inaugura el año del centenario de su nacimiento, subraya una mirada y atención hacia la niñez”, destaca Marcela Gené, la curadora de la muestra temporal Infancia y Peronismo que fue exhibida hasta el mes de julio en el Museo Evita, ubicado en Lafinur 2988, barrio porteño de Palermo.

El universo infantil que propone está integrado por juguetes, vestimentas y libros  destinados a los niños en homenaje a la labor desempeñada por Evita a través de la Fundación. Muñecas de trapo y pasta, pelotas de cuero con cámara de goma, silbatos, medallas y escudos usados en los campeonatos infantiles, camiones y aviones de metal, trenes de hojalata litografiados, triciclos y autos de madera pintada que pertenecieron a la ciudad infantil Amanda Allen, máquinas de coser, juegos para armar con piezas y estuches de madera, vestidos marineros, pantalón y campera de niño de la Colección Eduardo Valdés; son algunas de las piezas vintage que conforman la biografía política de Eva Perón. En la sala, se conjugan materiales que son patrimonio del Museo con otros aportados por coleccionistas quienes, según refiere Gené, se interesaron en que sus juguetes fueran exhibidos en la exposición temporaria.

Estas políticas en materia social constituyeron una inédita confluencia entre el Gobierno, la sociedad y la industria juguetera. En efecto, las compras masivas del Estado mediante licitaciones abiertas contribuyeron a  mantener estables los niveles de producción. Así, en Infancia, industria y educación 1880-1965, Daniela Pellegrinelli, especialista en historia de los juguetes, explica que el censo de 1947 señaló un marcado crecimiento de los establecimientos industriales con respecto al de 1935. Incluso, se sextuplicaron los fabricantes de juguetes.

En este escenario, la primera entrega multitudinaria fue el 6 de enero de 1947 desde un palco en la avenida 9 de Julio. Cada año, Eva repartía juguetes a niños que esperaban su turno en largas colas. Las entregas implicaban estampitas postales de Perón y Evita con leyendas tales como “Obsequio a nuestros queridos descamisaditos” o “Perón cumple”.

El derecho a jugar y la protección de los infantes se convirtieron en asuntos de Estado.

“A los siete años conocí a Evita en la Fundación porque mi vieja le escribió para pedirle una máquina de coser. Me regaló un triciclo y a mi hermana una muñeca”, recuerda Hugo Marcel, célebre cantante de tango, cuya familia había sido beneficiada con un plan de vivienda sorteado por el Banco Hipotecario. “Menores y mayores convivíamos hacinados en una pieza amplia, pero la Fundación nos regaló camas individuales. También nos permitió conocer el mar y las sierras. Tuve una infancia feliz gracias a Evita. En Argentina los chicos eran privilegiados de verdad”, agrega.

Los repartos de juguetes también se llevaban a cabo con la intervención del Correo Nacional, cuyas oficinas se constituían en sede, al igual que escuelas, comisarías, sindicatos, hogares y hospitales. La Ciudad Infantil Amanda Allen y la residencia Olivos fueron también puntos de distribución. “Desde la Secretaría de Industria y Comercio se dispuso  que en todas las jugueterías del país hubiera una mesa de oferta con juguetes a mitad de precio durante el período de las fiestas para aquellas familias menos pudientes”, añade Gené.

Se entretejieron diversas historias. Todas, teñidas de acuarelas que transformaron la infancia de miles de chicos. La de Saúl Macyszyn fue un caso testigo. Perdió el brazo a sus diez años cuando un camión perdió el control y lo aplastó contra un alambrado. “Saúl pensaba que nadie querría jugar con él por su minusvalía, pero en el hospital conoció a Evita quien le prometió que eso no sería así. Al poco tiempo, le envió un trencito a cuerda, con rieles, estaciones y arbolitos que nadie tenía en su barrio. El regalo le sirvió para socializarse y ser aceptado por su pares”, relata Gené.

El cambio en la relación de la infancia con los juguetes también estuvo impulsado por la industria editorial que publicó libros y revistas para niños. La Biblioteca infantil General Perón, colección dirigida por Adolfo Diez Gómez, tuvo a su cargo doce tomos editados entre julio y septiembre de 1948, impresos en Peuser para Editorial Codex SRL. La colección ilustrada se sumó a los libros de lectura y manuales de escolaridad primaria y afiches que destacaban la importancia de los deportes, salud e higiene para los chicos.

“Estas publicaciones fueron un eficaz instrumento  de comunicación de los logros sociales, económicos y políticos del gobierno destinado a la infancia”, enfatiza Gené.

En este marco, la revista Mundo Infantil se instauró como el órgano oficial de los Campeonatos Evita que nacieron como apoyo de la Fundación a las iniciativas deportivas presentadas por el gobierno peronista de 1947, ante la necesidad de contar con un registro de vacunación. Publicada por editorial Haynes y dirigida por Oscar Rubio, apareció en octubre de 1949. “Ofrecía material para deberes escolares. La sección más esperada era Tu página de pibe peronista donde se difundían las realizaciones del gobierno”, cuenta Gené.

Es una exposición histórica que aborda elementos concretos, de uso cotidiano, que son funcionales y están enmarcados en el discurso político hegemónico de la época. Detrás de este universo simbólico, se esconde el sostenimiento de un régimen porque quienes recibieron algo de la Fundación nunca pudieron olvidarlo. Todo lo que daba la Fundación Eva Perón tenía ese sello. Ya lo decía Charles Baudelaire: “Todos los niños hablan a sus juguetes; sus juguetes se convierten en actores  en el gran drama de la vida”. ♣♣♣

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