El agua, la próxima disputa mundial

Por Lucia Sabini Fraga

Por Lucía Sabini Fraga


Diciembre empezó a tono con el 2020: más malas noticias. Una de ellas, causó temor o al menos incertidumbre en los sectores ambientalistas o preocupados por el desequilibrio planetario cada vez más evidente. El lunes 7 de diciembre, la Bolsa de Wall Street empezó a cotizar el agua: un bien indispensable para la humanidad, que sortea cada vez mayores grados de escasez.

Al igual que ya lo hacen con otros recursos naturales, como el petróleo o el oro, el líquido vital entró al denominado mercado de futuros de materias primas, según informó CME Group; una compañía estadounidense de mercados financieros dedicada mayormente a operaciones de las denominadas “opciones y futuros”. Este grupo fundado en 2017, opera con fuerza en las bolsas de Chicago y Nueva York, y es propietaria de los índices bursátiles y financieros del Dow Jones y del CME Clearing Services. Según el diario inglés especializado The Economist, este grupo es “el mayor mercado financiero del que nunca hayas oído hablar”.

Si bien la operación refiere únicamente a California (EE.UU), es un claro botón de muestra de que es cuestión de tiempo su posible expansión. Según explica la agencia de noticias EFE, el índice Nasdaq Veles California Water Index se basa en un indicador de precios de los futuros del agua del estado costero norteamericano, que el día que comenzó a correr su suerte en las salas de Wall Street cotizaba alrededor de 0,40 centavos de dólar el m3 de agua.

Según los “expertos” consultados o el propio CME Group, esta operación permitirá una mejor gestión del agua y sus usos, teniendo en cuenta que los precios de agua en California se multiplicaron en el ultimo año, ya que las principales cuencas fluviales de esa zona comenzaron a tener problemas de escasez. Los contratos a futuro son exclusivamente financieros y se realizaron en base al “precio promedio” entre las cinco principales cuencas de California hasta 2022. Claramente este tipo de indicador puede ser imitado para otras zonas del país y del mundo, donde también haya faltantes o las cuencas hayan disminuido.   

Según la empresa: los agricultores, los municipios u otras entidades podrán “protegerse” o especular ante los cambios en el precio del agua, que tenderán a subir en tanto haya cada vez menos, como describe la vieja ley de las ciencias económicas de oferta y demanda.

Esta ambivalencia de las buenas intenciones empresariales de mega-entes-financieros, o el doble discurso de monetizar un recuso planetario indispensable para “resguardarlo”, esconde lo que tristemente viene sucediendo con otros bienes comunes: la apropiación y privatización de recursos en contra del acceso común de los pueblos o ciudadanos. Básicamente, pasar de un derecho a un privilegio.

En realidad, el proceso de mercantilización del agua tampoco es del todo nuevo. Damián Verzeñassi, médico, director del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la UN Rosario, señala que “empezó a llegar hace años cuando las grandes marcas de embotelladoras con Nestle y Coca Cola a la cabeza, comenzaron a embotellar agua y a transformar la venta de agua en un gran negocio”.

El proceso de mercantilización se consolidó también en la medida que distintos organismos o especialistas de la comunidad científica internacional comenzaron a alertar sobre lo finitud del planeta (es decir, la existencia de límites concretos) y por lo tanto de sus recursos. Dentro de ellos, el agua y el aire son indispensables y garantía de la vida; más teniendo en cuenta que del total del líquido vital en todo el planeta Tierra, sólo el 0.007% de las aguas dulces se encuentran disponibles de forma directa para uso humano.

Verzeñassi —que también es integrante de la Red de Salud y Ambiente de ALAMES (Asociación Latinoamericana de Medicina Social) y de la UCCSNAL (Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza de América Latina)— concluye que “a partir de la incorporación de la cotización del agua en los mercados a futuro, se ratifica el proceso que está viviendo el mundo de destrucción de los acuíferos, la destrucción de las fuentes de agua dulce, y de que algunos pretenden que el agua sea un privilegio que pueda pagarse, no un derecho de los seres humanos para poder vivir”.

Esos “algunos”, representan para Verzeñassi un porcentaje muy pequeño de la población, pero muy poderoso, que intenta modelar —con un éxito que asusta— un mundo donde los bienes comunes que lo integran le pertenezcan o al menos sean priorizados para ese ínfimo porcentaje. “Entonces no es para todo el planeta, más bien que el 99% tenga que seguir sosteniendo los modos de vida, de consumo y de generación de desechos de un 1% que tiene el poder económico, político y militar, y que impone su modo de organización y su perspectiva de la organización de la vida al resto de la sociedad”.

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América Latina tiembla

Algunos creyeron que la militarización de la Triple Frontera era para controlar el tráfico de drogas, o de productos y en realidad esa militarización es parte de un movimiento geopolítico a nivel internacional de la ubicación en lugares estratégicos; pero no por la droga, sino por el acceso a los bienes comunes —básicamente al agua— para permitir y garantizar esto que está ocurriendo hoy que es la transformación de este bien, directamente y sin medias tintas, en mercancía”, afirma el médico y referente Verzeñassi.

Por ejemplo, el famoso Acuífero Guaraní es la tercera reserva natural de agua dulce más importante del planeta. Este reservorio que cubre 1.190.000 km², se extiende por debajo de la superficie de distintos territorios e involucra a cuatro países: Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. En Argentina específicamente, se trata de las provincias de Misiones, Corrientes, Entre Ríos y pequeños recortes de Chaco o Formosa. También existen otras reservas importantes y de grandes caudales.

Tampoco es nueva la discusión sobre la injerencia extranjera en parte de estos territorios: según un informe de la CELAG (Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica) orientado a analizar el vínculo del gobierno de Donald Trump (2016-2020) con el continente sudamericano, se destaca en 2018 —bajo la era de Cambiemos en Argentina— el acuerdo por el cual la Drug Enforcement Agency (DEA) fue habilitada para “Fuerza de Tarea” en la provincia de Misiones. También en enero del 2020, se firmó la ley de “Autorización de introducción de tropas extranjeras en el territorio de la Nación y la salida de fuerzas nacionales fuera de él” que permite ejercicios militares conjuntos entre los Ejércitos de ambos países.

En Brasil, de la mano de los gobiernos de Michel Temer y Jair Bolsonaro, se realizaron 25 eventos con el llamado Comando Sur; al tiempo que se estrecharon las relaciones militares como la Operación América Unida realizada en la Amazonía brasileña en 2017, entre otros. Paraguay no se quedó atrás: tiene 11 agencias de EE. UU. con proyectos en el país y 16 sub-agencias con el mismo fin. Participó en 15 eventos con el Comando Sur y según el informe (realizado por los profesionales Silvina Romano, Aníbal García Fernández, Tamara Lajtman y Arantxa Tirado), “Paraguay puede ser considerado como el epicentro de la militarización estadounidense en el Cono Sur. La presencia militar de EE.UU. (directa o vía militares colombianos) se incrementa a partir del contexto post 11S el que fortalece la hipótesis de existencia de células terroristas “dormidas” de origen islámico y las FARC en la Triple Frontera. A partir del 2008 se agrega la “amenaza” de un nuevo grupo catalogado como terrorismo interno, el EPP (Ejército del Pueblo Paraguayo), que actuaría en la zona norte del país”.

Como si fuera poco, en el año 2019, se creó entre los tres gobiernos y EE.UU, una nueva alianza para combatir la “actividad ilícita” en la región y sus vínculos con el terrorismo, que identifica a Irán y a Hezbolá como principales amenazas.

Más que película de ciencia ficción, para quienes no somos parte del 1% dueños del mundo, lo que asoma es una película de terror. La “Guerra del agua” que comenzó como relato hace alrededor de 40 años, ya no lo es: fue más bien una anticipación de los movimientos que vendrían.

“Cuando nosotros vemos el anuncio que hace el Banco Mundial a finales del año 1991, de que el mundo tiene que aceptar el traspaso de las industrias contaminantes a los países del tercer mundo para poder limpiar los territorios del primer mundo; ese traspaso vino de la mano, entre otras cosas, de las necesidades que tienen los modelos de industrialización extractivistas, y que son altamente dependientes fundamentalmente del agua, como el hidrofracking, la mega minería, la agroindustria o la ganadería industrial”, insiste Verzeñassi.

De alguna manera los procesos de explotación, extranjerización y militarización de territorios y, por lo tanto, de sus recursos, van de la mano. Por supuesto, no solo juega EE.UU, sino que se suman otras potencias, como el caso de China en los últimos tiempos. Incluso, los conflictos pueden darse fronteras adentro o entre pueblos limítrofes. Por suerte, también son cada vez más quienes alertan el avance de escenarios más desiguales, con accesos restringidos a nuestros entornos naturales e incluso con el temor a perder recursos vitales para la vida. Deberán también ser los Estados quienes estén a la altura de proteger nuestros ecosistemas, ¿será? ♣♣♣

#PA.

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