“A mayor poder civil, más control de la educación militar”

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Por Lucia Sabini Fraga


La frase es de Ricardo Biazzi, abogado y ex rector de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), quien presentó una investigación llamada “La educación universitaria de los militares en la Argentina democrática: Dilemas y desafíos”.

Desde #PuenteAéreo, entrevistamos al abogado y ex rector de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), Ricardo Biazzi, a propósito de su última investigación “La educación universitaria de los militares en la Argentina democrática: Dilemas y desafíos”; en donde el autor analiza el surgimiento y desarrollo de las instituciones de formación universitaria militar en la Argentina desde la recuperación de la democracia en 1983.

– En relación a su último trabajo, ¿qué tipo de formación académica recibieron históricamente las fuerzas armadas en nuestro país?

– El trabajo mío va de 1983 hasta 2014-15 y la preocupación básica de la tesis es cómo funcionan de los sistemas de educación universitaria militar, articulados con las políticas de docencia y de educación superior. Cómo juega ese entramado entre dos campos: el militar y las condiciones en ese ámbito; y las políticas de educación superior que regulan la vida universitaria en Argentina. Lo primero que entro a analizar es cómo se da la relación del ámbito militar con los gobiernos civiles en esos periodos y cuál es la condición que se genera entre ambos, porque todos sabemos que una de las cuestiones más complicadas o complejas desde el punto de vista del funcionamiento de las sociedades en cualquier lugar del mundo, es la subordinación de los militares a la autoridad política-civil. Nada más ni nada menos que un tema sumamente complejo porque, ¿cómo se hace para controlar aquellos que detentan el poder de cohesión, la fuerza física institucionalizada en un país? En el caso nuestro, la situación es mucho más delicada aún a partir de las experiencias que se vivieron de dictadura militares o de rupturas del orden institucional donde ese poder militar se hizo con el poder general del país y tomó las decisiones que tomó con el costo trágico que tuvo en Argentina. Entonces, uno de los temas para el ordenamiento de esta realidad es cómo se forman esos militares en la Argentina y fundamentalmente que ocurrió desde 1983: desde ya te digo que la característica era que no existían universidades ni instituciones de educación superior dentro del régimen común de educación dirigido a los militares. Con la llegada de la democracia, el presidente Alfonsín lo que percibe, es que hay que poner esa organización bajo control civil y además porque el presidente constitucional de la nación es el comandante de las Fuerzas Armadas. Allí coincidió una propuesta de educación que estuvo orientada al cursado de materias y carreras de grado para el perfeccionamiento de los militares en las universidades o en ámbitos universitarios nacionales, con una experiencia inicial en la Universidad de La Plata con militares de la Armada de la Base Naval. Pero esa idea primigenia, que fue modificándose más que nada por la debilidad del propio poder político civil a la hora de definir y sustentar las políticas del sector, y por otro lado por el interés de cada fuerza armada por tener su propia institución universitaria; esa experiencia que fue muy corta y bastante frustrante en términos de resultado, se modifica con la llegada de Menem al poder, y a partir de los 90 se autoriza a que cada fuerza militar cree su propia Universidad. Y ahí aparece la Universidad del Ejército, de la Marina, de la Fuerza Aérea, con denominaciones en realidad de “Instituto Universitario Militares” de cada una de esas fuerzas. Y esos institutos tienen la ventaja desde el punto de vista del sistema educativo que incorporan la cuestión universitaria al mundo militar, pero la desventaja de que sigue siendo un sistema muy endogámico, muy aislado, muy encerrado en sí mismo; donde las autoridades, los docentes, los alumnos, la forma de estructurar los planes de estudio, que están concebidas y producidas por el propio sistema de cada una de esas fuerzas. Hay una bajísima injerencia que -incluso del Ministerio de Defensa y mucho menos del Ministerio de Educación de la Nación- con lo cual hay una distancia muy grande respecto a esta posible convergencia de las lógicas y racionalidades del sistema universitarios con la lógica de funcionamiento de una institución de naturaleza totalmente distinta, jerárquica, que responde a conceptos de verticalidad en el campo militar. Sigue así la historia, hasta el gobierno de Néstor Kirchner, no en los comienzos de esa gestión sino con mucha más contundencia con la llegada de Nilda Garré al Ministerio de Defensa por el 2005, donde se avanza fuertemente en la intervención y mayor conducción civil sobre el sistema de Defensa en nuestro país. Se crea incluso una Subsecretaría de formación de los Recursos Humanos tendiente a una mayor profesionalización, a una mayor perspectiva de un militar -como dice la propia ministra en ese momento, Garré- que sea ciudadano comprometido con el sistema democrático, con el sistema republicano, pero además un servidor público. Y desde el punto de vista de sus capacidades muy bien profesionalizado: toman como antecedente la experiencia del ciudadano soldado alemán, de las fuerzas armadas canadienses, española, etc. En definitiva, que puedan justamente producir las lógicas y prácticas del mundo universitario y se aproximaran al mundo de estas instituciones educativas militares. ¿Por qué? porque se advierten estos procesos de encerramiento, de aislamiento; que si no se daban estas articulaciones, se iban a seguir profundizando e iba a haber un control cada vez más fuerte de las propias instituciones militares.

– ¿Cuáles son las conclusiones a la hora de revisar la evolución histórica de esta relación?

– La hipótesis de investigación de mi tesis es a menor potencia del poder político civil, mayor autonomía de las burocracias castrenses a la hora de decidir criterios para el funcionamiento de los temas relativos a la educación. Durante las décadas esas -que son las del eje del análisis- se dan picos de alta y baja con respecto al grado de injerencia del poder civil y la perdida de ese poder. En el caso de nuestro país, en definitiva, para alcanzar el efectivo gobierno sobre el sistema militar se comienzan a convivir con modalidades de gestión, basadas en enfoques delegativos de las propias responsabilidades. Entonces toman en mano los militares cuestiones que tendrían que estar instaladas por decisión con capacidad institucional y con profesionalismo, con técnicos dedicados a eso, desde el propio poder civil direccionadas y con estrategia a los fines del funcionamiento del sistema militar. La conclusión es que a mayor poder civil, hay mayor chances de un control del sistema de educación militar por parte del único indicado a hacerlo que es el pueblo a través de sus representantes legítimos que es el gobierno civil. Y lo que está faltando según detecto, aun con estos años anteriores a la tesis, es la subsistencia de tensiones derivadas de no compaginar inicialmente esas lógicas; que no es fácil porque son racionalidades muy distintas: la institución académica, cualquier universidad en la  Argentina está regida por valores de búsqueda de la verdad, con mucha más libertad, con participación de todos los miembros de la comunidad en la construcción de un espíritu más bien de indagación, de contrastación de perspectivas, etc. En cambio, la naturaleza de la institución militar es la verticalidad; no la producción, generación y transferencia de conocimiento, por lo tanto el ajuste es muy complicado.

– Recién hizo alusión a la situación de Néstor Kirchner, a su presidencia y el rol de Nilda Garré como ministra. En ese momento, cuando se vuelve a retomar el control de alguna manera político de las fuerzas, ¿cuál fue la reacción que generó a nivel interno?

– Lo que tengo presente y te puedo decir es la percepción que me generaron las entrevistas que yo hice sobre la cuestión, y es que en muchos de los casos había una cierta cuota de “tranquilidad” en los miembros que entrevisté, en el sentido de que -independientemente de las estrategias del poder civil del que en principio tenían que si o si ser respetuosas – esa tranquilidad provenía de que había estrategia y criterios para ordenar un campo como el sistema de defensa o el sistema militar, en función de quienes eran las autoridades legítimas para hacerlo. Y no esa incertidumbre que a lo mejor en otras etapas se producían; digamos: para producir esto no es sólo la intención o la manifestación de fe democrática respecto al sistema político que puedan tener los militares, hacen falta voluntad y capacidad para producirla desde el ámbito civil. Vos podes tener mucha voluntad política para poner en caja el sistema de defensa y militar, pero si no tenes la capacidad instalada, no lo logras. O podes tener al revés capacidad instalada, pero si no tenes voluntad política y llegas a negociaciones a los que esas fuerzas armadas convivan con esos márgenes “delegados” por el poder a ellos mismos, tampoco alcanzas los resultados. Por eso me parece que el tema más importante es lo que se avisora en el escenario de América Latina: cuando vos ves demasiado la vuelta al primer plano de la política al ámbito militar, es un momento más riesgoso – riesgoso en función de un esquema de preponderancia y exclusividad del gobierno civil en el manejo de las fuerzas armadas. Sucede cuando se ve, no solo imágenes y escenas que se reflejan en el deterioro de ese gobierno civil frente a lo militar, sino también de discursos que le asignan una especie de destino tutelar al papel de las Fuerzas Armadas absolutamente incompatible con un sistema democrático y republicano.

–  En relación a este punto, ¿como ve la situación en América Latina con estas tensiones expresadas en los distintos escenarios?

– Creo que no estamos frente a los casos históricos de golpe de Estado típico en las democracias de nuestros países. Pero también está emergiendo, en cierto modo como un riesgo, las nuevas formas de poder militar. En el caso de Bolivia, donde un general le estuvo pidiendo un paso al costado al presidente de la Nación, y cuando después asume Áñez, son los militares los que le colocan la banda presidencial a la presidenta interina. Están los casos donde no hay este tipo de cuestión de gobiernos débiles que buscan a las fuerza armadas para resolver su propia situación de debilidad como son los países  de Perú, de Ecuador, o incluso de Chile. Más grave el caso de Brasil, donde directamente hay una simbiosis entre el poder político actual y las fuerzas, en una gestación que viene de antes; donde las Fuerzas Armadas asumen una relación que no es de colapso como las nuestras después de Malvinas y la dictadura, sino un acuerdo cuasi-institucional. Hoy se da el caso de un capitán retirado militar con todo un gabinete integrado por militares con un poder militar muy fuerte y un vice- presidente general retirado. Entonces, son todas situaciones muy complicadas y mucho más con la lectura que hacen los que se ven beneficiados con ese esquema: hay un senador republicano que hizo declaraciones terribles, Cotton, en una comisión de Defensa donde habla con otros senadores de EEUU, y dice que afortunadamente los militares con una nueva doctrina y un nuevo rol en América Latina se han posicionado y se han convertido en garantes del orden constitucional frente a los reclamos de las sociedades. Lo que tendría que ser tomado por todos, no sólo por este rincón sur del mundo, como una degradación o una destrucción del orden constitucional, lo reivindica como una garantía del orden constitucional. Entonces hay una desvirtuación total del sistema político que tendría que poner por sobre todo, el gobierno civil orientando las políticas de defensa.

– ¿Cuales son según su opinión las perspectivas que se abren en Argentina teniendo en cuenta todos estos debates y el contexto de América Latina, con el nuevo gobierno y el perfil de los nuevos ministros?

– Yo lo que creo, desde el punto de vista del mundo académico, es que el mundo académico tuvo a la educación militar en un rinconcito marginal. Porque claro, había tensiones desde los dos mundos: el mundo militar respecto a cuando miraba la universidad, y la universidad cuando miraba al mundo militar; había una desconexión. Recién en esta última década y media, se produjeron estudios sociales sobre el sistema de defensa, sobre las relaciones civiles y militares y sobre este tema de las instituciones universitarias dedicadas a la formación militar. A mí me parece que un punto es arrancar con eso: poner a consideración del debate público la importancia de la formación de los recursos militares, porque hace al lugar protagónico que en el interior de la sociedad tiene ese ámbito respecto a la integralidad de la estructura del poder de un país. Si vos lo pones bajo las reglas claras del sistema democrático y republicano, los riesgos siempre van a ser menores; pero si lo pones en un término de incertidumbre o tenes políticas muy frágiles o muy débiles, donde los riesgos por el atajo que fueran -desde los más elementales y más crudos, o estos que se muestran un poco más afín a un supuesto mantenimiento del orden constitucional, pero que están socavando los resortes del funcionamiento pleno de la democracia- los riesgos van a ser sin duda mayores.

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#PA.

Domingo 29 de diciembre de 2019.
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