Un mes que parece un año

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Por Fiorella Del Piano


El presidente de la Nación cumplió 30 días al frente del Gobierno. La dinámica de la nueva gestión fue tan intensa que el tiempo parece mucho más largo. Empezar por los de abajo, renegociar con el FMI y terminar con la grieta son algunos de los desafíos que la actual administración tiene por delante.

Hace un mes, el 10 de diciembre de 2019, Alberto Fernández prestaba juramento en la Casa Rosada. Ese día, el cambio de rumbo en materia política, económica y social, comenzó a trazarse.

El primer mes de gestión, estuvo marcado por las decisiones y medidas políticas que establecieron las pautas y bases del nuevo camino, un camino con dirección contraria al transitado los últimos cuatro años.

Para paliar la profunda crisis en la que está inmerso el país desde mediados de 2018, lo primero que hizo el Gobierno fue esbozar un plan de reactivación económica. Para eso, envió al Congreso el proyecto de Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva que contempla una serie de cambios en las facultadas que tiene el Poder Ejecutivo para administrar el Estado en materia económica, financiera, fiscal, administrativa, previsional, tarifaria, energética, sanitaria y social con la intención de atender la vulnerable situación en la que se encuentra gran parte de la población.

Si bien el período de tiempo de un mes no es extenso, parte de la sociedad exige soluciones urgentes que atiendan los problemas que dejó la gestión anterior.

Estos primeros 30 días se han vivido de una manera tan intensa que parece haber pasado mucho más tiempo del que realmente pasó. La dinámica que eligió Fernández junto a su equipo de trabajo para llevar a cabo su gestión, pareciera ser una que demuestra que más allá de las palabras y promesas de campaña lo que realmente vale es lo que se hace. Y por eso, se están ocupando de “poner a la Argentina de pie”.

“Empezar por los últimos para llegar a todos” fue una de las premisas que esbozó el presidente en su primer discurso ante la asamblea legislativa, a un mes de aquel día, varios de sus ministros ratificaron este compromiso.

El congelamiento en tarifas de transporte, luz y gas; los bonos a jubilados; el aumento a privados por decreto; los cambios en el IVA de los alimentos, el congelamiento de sueldos por 180 días en el Congreso (también algunos distritos y provincias), la implementación de la tarjeta alimentaria, el lanzamiento del plan “Argentina Hace”, son algunas de las primeras medidas que hacen tangible lo discursivo.

La Argentina de Fernández propone un cambio de paradigma que ya está en proceso, un cambio de rumbo delineado por gestos de acercamiento del Estado basados en el concepto de solidaridad que entiende que primero se encuentran los más perjudicados.

La idea del gobierno es contener la inflación y mejorar el poder adquisitivo de la población. Intentar salir del pozo lo más rápido posible y, de algún modo, no sólo frenar la caída libre de la economía sino también reactivarla. En el medio este objetivo, también está la renegociación de la deuda con el FMI, el gran desafío que tiene por delante el ministro de Economía, Martín Guzmán.

Tras un mes de gestión, el peso de la balanza parece inclinarse hacia el lado positivo. Sin embargo, no hay que pasar por alto que un factor de fundamental importancia es lo que sucede en la vida cotidiana de la gente, y aunque un sector amplio de la sociedad se encuentra esperanzado con volver a salir a flote, el otro (como desde hace tiempo) se encuentra en una posición completamente opuesta.  Fernández apuesta a cerrar esa grieta, a dejar de lado las diferencias y construir entre todos una Argentina unida a través de un nuevo contrato ciudadano social que sea fraterno y solidario. Construir puentes de acercamiento y crear consensos es otro gran desafío, el tiempo dirá si finalmente podremos sortear la grieta. ♣♣♣

#PA

Sábado 11 de enero de 2020.
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