Un Juez con prontuario

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Por Marcelo Telez


Una vida al servicio de la política en la Justicia. La imparcialidad dudosa de un magistrado que no había conocido los pasillos de Tribunales tanto como la intimidad de los despachos del poder.

Hay una suerte de creencia popular que dice que no hay que hablar de los muertos, y hasta se podría agregar que para muchos una vez que se atraviesa el portal y se está en frente de San Pedro aparecen destacadas virtudes desconocidas del finado.

En otras oportunidades, la ausencia física puede derivar en descubrir que no se debe hacer ídolos con pies de barro, salvo que una formidable maquinaria mediática lo sostenga, y vaya a saber por qué le otorguen hasta la categoría de paladín de la Justicia.

Esta semana falleció –a causa de una larga enfermedad incurable– ese abogado que con sólo seis años de recibido llegó a ser juez de la Nación.

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Desde la UBA a Comodoro Py de la mano del PJ

Según los registros de la Universidad de Buenos Aires, en el año 1988, con 32 años de edad, se recibía de abogado Claudio Bonadío.

La relación con la política porteña es anterior a su título universitario, ya que desde el retorno de la democracia tuvo activa participación en el FUP de Marcos Raijer y Eduardo Vaca, agrupación que desde la derrota presidencial del peronismo en las urnas, tuvieron una marcada participación en la denominada Renovación Peronista.

Mientras tributaban a Carlos Grosso como jefe político del distrito, el mismo año en el que Bonadio finaliza sus estudios, se realizó la histórica elección interna del Justicialismo y su grupo, que originalmente apoyaban a Antonio Cafiero como candidato, tardó menos de 24 horas en sumarse a la campaña de Menem Presidente.

Después de un breve paso por La Plata, mientras todavía el gobernador de la provincia era Cafiero, en diciembre de 1989 un viejo amigo lo convoca para colaborar con él porque lo habían nombrado interventor del Concejo Deliberante de la Ciudad de Bueno Aires después que un concejal desenfundara un arma en pleno recinto.

Así como son las cosas de la política, muchas veces la gente importante necesita de amigos incondicionales que lo sigan adonde vaya (si es trasladado de función o de cartera) algo que a veces le dicen lealtad. Ese viejo amigo tuvo a posteriori un nuevo destino, acompañar a Eduardo Bauzá en el Ministerio de Salud y Ambiente como subsecretario de Salud y Acción Social, y allí lo siguió Claudio obedientemente.

Pero eran tiempos vertiginosos los que se vivían en el ‘92, y su amigo era un todoterreno que poco tiempo después le daría el espaldarazo definitivo llevándolo a trabajar directamente con él y nombrándolo secretario de Asuntos Legales en la Secretaría Legal y Técnica de la Nación. La persona en cuestión, “el amigo” se llama Carlos Vladimiro Corach.

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El mito urbano de la servilleta de Cavallo

Con un poco más de dos años en la gestión como segundo de Legal y Técnica le llegó su gran oportunidad. El 6 de mayo de 1993 el presidente Menem envió su pliego a la Comisión de Acuerdos del Senado para ser nombrado juez Federal en el Departamento Judicial de Morón.

Vale recordar que, con mucho esfuerzo y sacrificio, Claudio Bonadío pudo finalizar su carrera de abogado al término de catorce largos años, y esa entrega tendría un reconocimiento pocas veces visto, ya que aunque en noviembre de 1993 fue aprobado su nombramiento nunca pudo asumir como juez de Morón porque otra vez el destino tocaba a su puerta.

En otra genialidad del primer mandatario riojano, por decreto se ampliaron a doce los Juzgados Federales de la Capital, y en junio de 1994 Carlos Bonadío, prácticamente sin haber pisado un juzgado en su vida era nombrado juez Federal a cargo del Juzgado Criminal y Correcional Federal N.º 11.

Ya en funciones se destacó desde sus inicios con causas relevantes. Entre ellas una de 1996 en la que investigó por enriquecimiento ilícito a ex superministro de Economía Domingo Felipe Cavallo cuando cayo en desgracia con el menemimsmo, lo que le valió que el ideólogo del 1 a 1 denunciara que Carlos Corach siendo ministro del Interior le había escrito en una servilleta la lista de los jueces federales que respondían directamente a la Casa Rosada, siendo uno de los más notorios el nombre de Bonadío.

Procesó a María Julio Alsogaray, procesó a Victor Alderete, también a Emilio Eduardo Massera y a Leopoldo Fortunato Galtieri, y muchas otras causas para citar pero siempre se lo va a recordar como el juez que investigó al kirchnerismo.

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La única verdad es la impunidad

Hay una fecha que atraviesa a la Argentina, es el 18 de julio de 1994. Es la de la mañana de la calle Pasteur, en el Barrio de Once en Buenos Aires.

Fue en Comodoro Py, precisamente en el Juzgado Nº 11, que se tuvo que investigar lo que se conoció como el Juicio al Encubrimiento de la AMIA, que fue denunciado por los familiares de las víctimas.

Luego Bonadío fue denunciado acusado por los familiares de obstruir el esclarecimiento de las irregularidades en la Causa Amia. No era para menos ya que entre los investigados estaban el exjuez Galano, el expresidente Carlos Saúl Menem, el ex presidente de la DAIA Raúl Beraja, varios agentes y servicios, y Carlos Corach también era uno de los acusados.

Por esa situación, fue denunciado ante el Consejo de la Magistratura en 2005, Bonadío fue “salvado” ya que mediante el accionar del entonces senador Miguel Ángel Pichetto logró archivar la causa y de esa manera pudo seguir ejerciendo el cargo hasta el día de su fallecimiento.

La consigna era clara y los favores se pagan, sobretodo en vida.

Y las cosas volvieron a salirse de madre cuando a partir de la iniciativa política de la entonces presidenta, y hoy vice, Cristina Fernández se propone un mecanismo para buscar el esclarecimiento del atentado buscando que declaren los iraníes mediante el Memorándum de entendimiento con la República Islámica de Irán. Fue necesario entonces volver a apelar al viejo zorro de Comodoro Py.

Además de la posibilidad de dar por tierra la única pista, que a manera de verdad revelada se sostiene desde los días posteriores a la explosión, ya tenía fecha de inicio el juicio conocido como AMIA 2, y que por fin pondría en el banquillo al mentor del obediente juez.

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Una sentencia sin fallo

Dicen que la necesidad tiene cara de hereje, y fue en cumplimiento de esa cita que Bonadío no dejó títere con cabeza de todo aquello que tuviera olor a kirchnerimo.

Con el “jefe de la banda” ya en el cajón, había que ir por la viuda, por los hijos, y por el Espíritu Santo por las dudas.

Y empezó el devenir de las causas.

Juicio Oral para Boudou, Ricardo Jaime y Guillermo Moreno. La tragedia de Once. Allanamientos a Hotesur, a la casa de Cristina en el sur. Poco después (y con nuevo inquilino en la Rosada) vino la causa del Dólar Futuro, la Traición a la Patria por el Memorándum ─nunca efectivizado─ con Irán y la frutilla del postre; los Cuadernos de Centeno.

Con una importante cobertura mediática de todo esto que algunos llamaron lawfare, otros lo tildaron de heroísmo republicano, la diputada nacional (MC) Araceli Ferreyra del FpV lo sintetizaba de esta manera:

“Bonadio no está loco. Fue separado de la causa que investigaba el encubrimiento del atentado a la AMIA porque la paralizó durante 5 años. Cambiaron de juez y por fin todo este año se desarrolló ese juicio que ya debe estar por salir la sentencia porque ya pasó la etapa de los alegatos. Tuvo muy poca difusión y los familiares tuvieron que afrontar solos el vía crucis judicial. Con la cortina de humo del Memorándum Bonadio distrae las miradas del verdadero juicio por el encubrimiento del atentado a la AMIA donde están imputados sus jefes políticos que lo hicieron «juez de la servilleta» como Carlos Corach y Hugo Anzorreguyi; y también el comisario Jorge «El Fino» Palacios, el primer jefe de la Policía Metropolitana nombrado por Macri, según el mismo dijo, a instancias de Israel y EEUU. Es obvio que Bonadio hace la del tero para distraer”.

El objetivo estaba cumplido, porque el juicio por encubrimiento pasó desapercibido para la gran mayoría de los argentinos y lo que va a quedar en la historia, más allá que las causas siguen abiertas y que se designarán otros magistrados para que las continúen, es que “se robaron todo” pero no pudieron probar nada.

Así, Bonadio vivió sus últimos años, con una dolencia muy difícil de llevar, pero con una deuda muy grande de pagar. Porque en política nada es gratis, y defender a capa y espada al monje negro de la presidencia de Carlos Saúl Menem y responsable político del encubrimiento de los asesinos de las 85 personas que demolieron la DAIA y la AMIA, tuvo sus consecuencias hasta en su salud.

Así no Será Justicia.

#PA.

Sábado 8 de febrero de 2020.
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