La gente dice

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Por Lucía Sabini Fraga

Estas semanas salieron a la luz distintos informes estadísticos y encuestas acerca de la imagen presidencial, las decisiones gubernamentales y cómo afecta la pandemia en la economía y las condiciones de trabajo de los argentinos.

Según los datos relevados por el grupo COP (Celag Opinión pública), con un muestreo efectivo de 2000 personas a través de entrevistas telefónicas realizadas entre el 17 de abril y el 4 de mayo, el 70.4% de los consultados sostuvo que el mundo no volverá a ser igual después de la pandemia del COVID-19, y sólo un 27,6% considera que –como dice el dicho- todo pasará y volveremos a la normalidad.

En relación al tiempo de recuperación para salir de la crisis, un 47,1% de personas consideró un plazo entre 6 meses y dos años, mientras que el 9,4% se esperanza con un lapso menor a 6 meses y un 38,1% percibe que se tardará más de dos años.

En relación a la imagen presidencial, Alberto Fernández viene cosechando un nivel insólito de aprobación; si consideramos que asumió hace menos de seis meses –de los cuales más de tres fue con la población encerrada en sus casas y la mayor incertidumbre a escala mundial que se haya vivido en los tiempos modernos–.

Después de ganar las elecciones con el 48% de los votos, el presidente surfea hoy cómodo con más del 83% de imagen positiva en la ciudadanía; debido en gran parte a la implementación de tempranas medidas de prevención respecto al coronavirus y el soporte estatal en materia económica. No solo es actualmente el dirigente con mayor imagen positiva (casi 20 puntos de diferencia con un segundo Horacio Rodríguez Larreta que ronda el 64%, y donde sería pertinente evaluar los costos políticos de las últimas semanas a causa de la ineficaz gestión sanitaria en villas miserias para prevenir la pandemia); sino que a la pregunta de “si mañana hubiera elecciones presidenciales, ¿votaría a Alberto Fernández?”, un 65% de las personas opino que sí. La ecuación es sencilla: mucha gente que no lo voto, ahora lo haría; e incluso aunque no lo votaran, les parece positiva su imagen y también su gestión, que se lleva un 79,5% de aprobado en las encuestas.

Evidentemente, el voto PRO en la Ciudad y del Frente de Todos a nivel nacional no le resulta contradictorio a un importante porcentaje de la población, y es un dato que a Alberto no se le pasa. Su discurso firme, mostrando resultados y filminas didácticas, funciona; sentar al jefe de gobierno porteño y opositor al lado, aportando una dosis de conciliación y acuerdo prácticamente inédito en los últimos tiempos, también.

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Respecto a los distintos actores sociales y su desempeño durante la crisis sanitaria también hay interesantes indicios: mientras es abrumadora la mirada positiva respecto a los científicos o la Organización Mundial de la Salud; no lo es tanto para ciertos sectores empresariales.

Las grandes cadenas de supermercado obtuvieron un 46,7% de imagen positiva, pero un 47,7% de imagen negativa. Es decir, la suba de precios y el aprovechamiento especulativo de los grandes formadores de precios no pasó inadvertido para los enfurecidos consumidores. Con los bancos, la cosa se pone aún más espesa: mientras que el 43,3% mantiene una imagen positiva, un contundente 52,5% los rechaza.

Dentro de los llamados “Temas de agenda” el 78,4% de los consultados cree que deberían aportar más los que tienen mayores recursos, al lado de un pálido 20,3% que considera que la crisis la debe enfrentar toda la sociedad en su conjunto, de la misma manera.

El 90,3% cree que el Estado debe dirigir e impulsar la economía: la pesadilla de los liberales vino de la mano de una pandemia en forma de gripe. En relación a la utilización de infraestructura sanitaria de carácter privada, un 76,8% se manifestó a favor de una intervención en las clínicas por parte del Estado. La pandemia comunista parece estar surgiendo efecto. Y como frutilla del postre, un 76,2% opinó estar a favor del ansiado Impuesto a las Grandes Fortunas que justamente estos días parece comenzar su recorrido legislativo, luego del visto bueno del presidente tras la reunión con el diputado Carlos Heller.

Con las estadísticas en la mano, el gobierno nacional podría reconvertir estos momentos de aparente fragilidad, en fortalezas políticas. Una nueva agenda política-económica que incorpore la redistribución de la riqueza como elemento fundacional, y que incluya por cierto los aspectos retratados por la diputada nacional por la provincia de Buenos Aires, Fernanda Vallejos, de la otrora fuerza Unidad Ciudadana hoy licuada en el Frente de Todos, es posible. Su propuesta de que el Estado absorba cierto porcentaje de acciones de las empresas a las que se asiste, tuvo eco incluso en el ministro de Trabajo Claudio Moroni, que tildó la misma de “interesante”.

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El panorama económico futuro es complejo y hay que ver cómo (y quienes) pagan las cuentas. Según el Equipo económico de FIDES, se proyecta una caída en el PBI nacional del 6,6% para 2020, que impactará directo sobre el empleo, los ingresos fiscales y el sector externo. Según este informe denominado “Argentina: situación económica y perspectivas”, también se diagnostica una caída del consumo de más del 9%.

Otro dato que suma al planteo anterior es la circulación de la evidencia: en relación al informe sobre deuda y fuga que emitió el BCRA por estos días, se supo que el 1% de las mayores empresas o personas jurídicas compradoras (que representan 853 firmas) adquirieron divisas por USD 41.124 millones, lo que equivale al 73,8% de las compras netas de las empresas. Un dato que se contrarresta con la otra cara de la moneda: 76.752 firmas compraron apenas el 7,2% durante el periodo analizado (del 17 diciembre del 2015 al 27 de octubre del 2019).

Increíblemente –o no- varias de esas empresas ganadoras, solicitaron ser incluidas en el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) para que el Estado subvencione sus pérdidas ante la crisis pandémica. Sectores del frente gobernante apuntan a que más que ayudarlas, es allí donde hay que ir a recuperar parte del dinero perdido.

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El gobierno nacional parece tener espalda política y una fuerte aprobación social; condiciones necesarias para impulsar acciones estructurales, que probablemente impliquen entrar en colisión con sectores económicos de fuerte peso. Hay quienes dicen que no se puede estar bien con Dios y con el Diablo: no parece tan difícil saber quién es quién en esta historia.   ♣♣♣

#PA.

Viernes 22 de mayo de 2020.
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