Comunicar: una tarea compleja

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Por Fiorella Del Piano

Los distintos sucesos vividos en las últimas semanas forman parte de un nuevo quiebre en la historia de nuestros pueblos. A la crisis política que está atravesando Chile, se le vino a sumar el sorpresivo golpe de estado sufrido por el presidente boliviano Evo Morales.

Pero aquí, no vamos a hablar específicamente de qué fue lo que hizo que explosionen las crisis, sino más bien, de cuál es el rol de los medios de comunicación hegemónicos en el tratamiento y visibilización de los hechos.

Los acontecimientos surgen, mutan, trascienden o desaparecen. Cualquier sujeto puede ser protagonista o espectador de algo que sucedió. Inclusive, una sociedad entera puede ser parte de un suceso.

Tomando como referencia a la comunicadora Mar de Foncuberta, podríamos decir que “el periodismo encuentra su razón de ser en dos conceptos claves: acontecimiento y actualidad. A partir del primero construye la historia, mientras que el segundo divide el tiempo en períodos idénticos (horas, días, semanas, meses) que sirven de marco para la difusión de una serie de hechos y valores, seleccionados entre todos los que han ocurrido entre los sucesivos intervalos”.

Con el surgimiento de los nuevos medios de comunicación y la hiperconectividad, la actualidad en tiempo real, es posible. De esta manera -y aunque suene trillado decirlo- podemos saber lo que está pasando en cualquier otro lugar del mundo sin estar allí.  De hecho, el pasado domingo, cuando trascendió lo que había sucedido con el presidente constitucional de Bolivia, casi en simultáneo, nos enterábamos de lo que ocurría del otro lado de la frontera.

Generalmente, para gran parte de la población las noticias son consideradas verdades casi incuestionables. Por ejemplo, cuando alguien nos cuenta sobre un determinado hecho, y le preguntamos de dónde sacó la información, la respuesta es siempre parecida: lo ví en la tele; lo leí en el diario, lo escuché en la radio o todas las anteriores. 

Sin embargo, algo a tener en cuenta, es que el periodismo opta por un determinado tipo de tratamiento para convertir un acontecimiento en noticia. Esos tratamientos, están condicionados muchas veces por la línea editorial de los medios, pero también por las percepciones e ideologías con las que cada escritor/columnista/cronista/redactor trae consigo de manera previa.

Es decir, para construir las noticias, los y las periodistas se ponen unos lentes determinados para mirar ese recorte de la realidad y a partir de allí reconstruirlos.
Leer cómo se construyen las noticias de los hechos que ocurren en Bolivia y Chile desde Argentina, bien podría ser un trabajo de investigación para cualquier especialista en ciencias de la comunicación, pero acá, lejos estamos de eso.

Las coberturas mediáticas de los hechos que se vienen dando en ambos países vecinos, muestran solamente una parte del relato, es decir, una parte del todo que lo constituye. Aunque en este punto, vale hacer una aclaración: una cosa es el tratamiento periodístico que le dan los enviados especiales y otra es el tratamiento que le dan quienes lo ponen en agenda para debatir.

En el primer caso, hay un tratamiento bastante responsable sobre la información que se maneja. Los enviados especiales, toman con pinzas toda la información que tienen. A pesar de esto, el miércoles, un grupo de manifestantes opositores a Evo increpó al equipo de trabajo de América que lideraba Rolando Graña en La Paz, Bolivia, y al día siguiente la nueva ministra de Comunicación del gobierno de facto, amenazó a periodistas locales y extranjeros por cometer presunta “sedición”. Cronistas de los canales TN y Crónica sufrieron agresiones, ante esta situación la embajada argentina advirtió que no se puede garantizar la seguridad de la prensa en medio de manifestaciones con incidentes de las fuerzas de seguridad. Los periodistas se refugiaron en la embajada argentina en Bolivia y regresaron al país para resguardar su integridad. 

En el segundo caso, la sobre exposición de posturas abundan. En los platós televisivos el tema está en constante debate y muchas veces, el tratamiento que se hace del mismo dista mucho del primero.

Un ejemplo de esto es el titular de La Nación quién el sábado pasado tituló: “La democracia pierde atractivo en la región: la mayoría no la prefiere como forma de gobierno” y en su contenido desglosaba una encuesta realizada por la consultora Latinobarómetro, sobre el desarrollo de la democracia, la economía y los temas que preocupan a la sociedad.

La realidad, es que estamos informados de una parte ínfima de lo que realmente está ocurriendo y por eso, en este tipo de casos ─y sobre todo─ ante este tipo de situaciones tan complejas, las y los comunicadores tenemos la responsabilidad de asumir un compromiso social, de llevar a cada sitio a lo largo y ancho del país la información necesaria para que los ciudadanos y ciudadanas puedan nutrirse de ella y a partir de allí sacar sus propias conclusiones. ♣♣♣

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