Lo que el monotributo oculta

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Por Mar­ce­lo Te­lez


Mientras el mundo empresario sigue pidiendo para que la flexibilización laboral sea la solución a todos los males argentinos, en este contexto de desempleo que estamos viviendo se vale de algunas mañas a la hora de contratar personal a bajo costo. El Estado como patrón no está haciendo algo diferente.

Así como nos enorgullecemos de grandes inventos argentinos tales como el colectivo, las huellas digitales, el Torino o la birome, algo muy argento que atraviesa la vida de 1.630.000 trabajadores registrados no asalariados todos los meses no es un invento nacional. Señoras y señores, al monotributo lo aplicaron Perú y Brasil antes que nosotros.

Próxima a cumplir 22 años, la ley 24.977 se presentó con las mejores intenciones para establecer un régimen tributario integrado y simplificado para ayudar a los comerciantes o prestadores de servicios de bajos ingresos, incluso profesionales o integrantes de cooperativas de trabajo para estar “en blanco”, pero ya desde su articulado marcaba un camino del que recién estamos empezando a ver sus consecuencias.

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De los dos lados del mostrador

En Brasil el sistema, denominado SIMPLES Federal, se remonta a 1996 y se creó con el objetivo fundamental de reducir los costos de cumplimiento tributario, facilitar las tareas de control de la Administración Tributaria y estimular el empleo formal en las micro y pequeñas empresas. Posteriormente evolucionó hacia el régimen del Microemprendedor Individual (MEI) y el de Agentes de Desarrollo Local (AD).

En el caso peruano el RUS, Régimen Único Simplificado, fue puesto en práctica en el año 1994 ante la situación de informalidad y de bajo cumplimiento de estas empresas como una forma “de simplificar el cumplimiento de las obligaciones impositivas y previsionales de los pequeños contribuyentes y de esta manera incorporar a los trabajadores informales al ámbito de la seguridad social”.

Vale recordar que la ley del Régimen simplificado para Pequeños Contribuyentes de nuestro país se promulgó el 3 de junio de 1998, promediando el segundo mandato de Carlos Menem.

En el cuerpo normativo de la 24.977 se establecían fundamentos similares a los que sostenían esa legislación en nuestros vecinos latinoamericanos, salvo que en nuestro monotributo autóctono, en el Título IV de la misma, se podía ver al huevo de la serpiente denominado “Régimen de Inclusión Social y Promoción del Trabajo Independiente”, que según allí decía serían una serie de acciones par favorecer a los trabajadores independientes que necesiten de una mayor promoción de su actividad para lograr su inserción en la economía formal y el acceso a la igualdad de oportunidades.

Cualquier semejanza con el emprendedurismo de Marcos Peña, o la promoción del curso de piloto de dron del senador Esteban Bullrich no es pura coincidencia.

Por un lado era el Estado quien facilitaba las condiciones para que los “pequeños contribuyentes” se sumaran a la economía formal inscribiéndose en ese sistema, mientras que también modo se otorgaba a sí mismo, tanto Municipal como Provincial o Nacional, la posibilidad de incorporar personal bajo la modalidad de Contratado sin relación de dependencia, porque sería el monotributo quien le salvara las papas de hacerse cargo de las costas tanto de cobertura sanitaria como de previsión social, entre otros ítems.

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Radiografía del trabajo registrado en la Argentina

Según los datos del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de enero de 2020, con registros a noviembre de 2019, se contabilizan un poco más de 12 millones de trabajadores registrados, siendo 9,751 millones los asalariados registrados y 2,403 millones los trabajadores independientes.

De los asalariados 6,027 millones provienen del sector privado (casi la mitad de todos los registrados) mientras que 3,218 millones pertenecen al sector público y 506 mil del personal de casas particulares.

En el universo de los trabajores registrados no asalariados representan a casi el 20 % del total, siendo los monotributistas aproximadamente 1,630 millones de trabajadores (el 13,4% del total general), los monotributistas sociales 365 mil (3% del total) y los autónomos 408 mil, el 3,4% del total de trabajadores registrados.

Según los datos del INDEC, la desocupación creció de forma acelerada entre los últimos trimestres de 2017 y 2018. La tasa de desempleo pasó del 7,2% al 9,1% y el primer trimestre de 2019 alcanzó los dos dígitos: 10,1%, una cifra que no se registraba desde el 2006; y la tasa de desocupación alcanzó el 9,7% en el 3° trimestre de 2019.

La suma de las políticas laborales del gobierno de Cambiemos determinaron el crecimiento del empleo no registrado, a lo que la falta de trabajo condicionó un proceso de flexibilización laboral de hecho.

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Trabajadores encubiertos con olor a precarizados

Para explicar la incidencia del incremento del número de los monotributistas Tali Goldman, autora de La marea sindical (editorial Octubre, 2018), manifiesta que “en números: entre 2016 y 2018, el empleo encubierto vía monotributo se constituye como el único tipo de trabajo asalariado que se incrementó en los principales aglomerados urbanos del país. Este crecimiento del uso del monotributismo para encubrir la relación de dependencia se observa a la vez que se han destruido cerca de 45.000 empleos formales, los que equivalen a aproximadamente la mitad de estos nuevos puestos de trabajo precarizados”

Según el informe del Centro de Investigación para los Trabajadores, “se trata de una relación de dependencia ‘encubierta’, en detrimento del empleo asalariado formal. Estos trabajadores se podrían definir como asalariados para los cuales se encubre la relación de dependencia con su empleador a partir de su registro en el régimen monotributista. Así, este tipo de relación de trabajo sustituye al empleo formal. Al mismo tiempo, aumenta la precarización, en tanto estos trabajadores cuentan con menos derechos laborales”.

Tanto en municipios, gobiernos provinciales o en el gobierno nacional se utiliza la práctica, ya común, de contratar personal en la modalidad de “locación de servicios” no sólo para profesionales o técnicos, sino para todo tipo de ingreso que se prevea, salvo que cuente con algún apellido importante o goce de la venia del poder de turno que le habilite a una planta, transitoria o en el mejor de los casos permanente.

Pero no es exclusividad de los Estados usar estas figuras, desde las Universidades a las Empresas de Servicios de Limpieza, pasando por Medios de Comunicación o empresas de Aplicaciones hoy están valiéndose de esta figura para sumar “emprendedores monotributistas” a sus plantas de personal, con la consabida desventaja de no cobrar aguinaldo, tampoco Bonos o sumas fijas y no existe en su vocabulario la palabra vacaciones.

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El terremoto de enero

El inicio del nuevo gobierno trajo en muchos aspectos buenas expectativas, sobretodo cuando se conocieron las medidas de los congelamientos de los combustibles, la rebaja del 8% en los medicamentos entre otros , pero… y ¿la suba del 51,1% del monotributo?.

Difícil de entender, sobretodo cuando con lo que estamos describiendo mucho monotributista lo es por obligación y no por opción. Y al no explicar ni la manera de indexación que tiene este impuesto, ni para que sirve, suma al desconcierto generando malestar y sobretodo disconformidad e impotencia.

Aún así, con ese aumento, el porcentaje de actualización se ubicó por debajo de la inflación del 2019, que cerró en un 53,8%.

Más allá de los planes y las facilidades que la AFIP presenta cada tanto para los morosos, que son fundamentales desde ya, es imprescindible empezar a plantear el problema de las cuentas de las seguridad social en función de lo que se está aportando por cada monotributista en ese rubro.

Para el gobierno de Alberto Fernández hay un doble desafío en este sentido, darle por un lado respuestas para salir del pozo en el que se encuentran cientos de miles de aportantes a este sistema simplificado, como también el de regular el abuso que se produce con el empleo encubierto donde las patronales licuan su responsabilidad ante el sistema previsional y de salud.

Por otra parte hacer el mayor de los esfuerzos a la hora de crear nuevos puestos de trabajo no precarios, atendiendo al avance de las nuevas tecnologías y a la Revolución Industrial 4.0, que por más lindo que suene su título puede dejar una enorme oleada de desempleados que ni con el monotributo van a estar a salvo. ♣♣♣

#PA.

Domingo 16 de febrero de 2020.
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