FAKE: redes, operaciones y consumo irónico

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Por Fiorella Del Piano


Las redes sociales son una nueva forma a partir de la cual se puede construir y consumir información. Con su proliferación, la usurpación de identidades se hizo cada vez más habitual, la primera dama, Fabiola Yañez, fue una de las víctimas.

En los últimos 10 años, las redes sociales han adquirido un papel preponderante tanto para los medios de comunicación, como para la esfera política que, si bien entiende que no todo es redes sociales, sabe que todo impacta en ellas.

Actualmente, la convergencia de medios está haciendo cambiar toda la comunicación. Plataformas como Facebook, YouTube, Twitter y tantas otras, permiten a miles de personas entablar distintos tipos de contactos a través de los cuales comparten contenidos comunicativos, expresivos, hacen descargos, toman postura sobre determinados temas y disfrutan de vidas sociales online.

No es una novedad decir que con internet, las distancias se acortaron y podemos saber lo que pasa en el resto del mundo de manera casi inmediata. También podría decirse que con las redes sociales, se llegó a crear una sensación de cercanía que se asemeja al contacto personal, aunque no lo reemplaza, ni está exento de malos entendidos. 

La esfera entre lo público y lo privado es cada vez más difusa, de hecho, la presencia creciente de este tipo de plataformas ha impulsado a las personas a trasladar muchas de sus actividades sociales, culturales y profesionales a entornos virtuales, llegando –en algunos casos específicos– a crear una dependencia muy grande. Cada día, millones de individuos interactúan en las redes, se estima que aproximadamente ocho horas diarias de nuestras vidas estamos “conectados”. Sin embargo, conectarse no es equivalente a comunicarse.

En los últimos tiempos, nos hemos familiarizado con palabras que antes desconocíamos: bots (una cuenta automatizada de redes sociales, administrada por un algoritmo, y no por una persona real) y trolls (una persona que inicia intencionalmente un conflicto online u ofende a otros usuarios para distraer y sembrar divisiones mediante la publicación de declaraciones incendiarias o fuera de tema en una comunidad digital o red social), por ejemplo, pasaron a formar parte de nuestro lenguaje cotidiano. Inclusive, en el cierre de la campaña electoral de las Primarias del año pasado, hubo un hecho que dejó al descubierto cómo es que estos operan en la participación de conversaciones en Twitter.

Como dijimos anteriormente, los usuarios de la Red con su participación se fueron convirtiendo en actores participativos, atentos, activos y –en algunos casos– proveedores de influencia. Asimismo, con el auge de las redes sociales y la web 2.0, también hubo una gran proliferación de cuentas falsas y la usurpación de identidad se hizo cada vez más frecuente. A través de la parodia, o consumo irónico, comenzaron a surgir cuentas que imitan la identidad de periodistas, celebridades o políticos exagerando sus rasgos y trivializando sus declaraciones.

A fin de año –y a días de haber asumido al frente de la cartera– el ministro de Economía, Martín Guzmán fue la primera víctima de las cuentas fake.

“Ministro de Economía. Amigo de Stiglitz. Vasta experiencia teórica en reestructuración de deuda pública. Se repara calzado”, decía la descripción de la cuenta falsa que tuvo más de 13 mil seguidores y generó gran confusión. También hubo una cuenta falsa, del expresidente Mauricio Macri, del actual presidente Alberto Fernández, del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro y del presidente de EE.UU. Donald Trump, en fin, de infinidad de personajes públicos. Pero un hecho que volvió a poner el tema en foco fue la puesta en circulación de una publicación de una cuenta que supuestamente pertenecía a Fabiola Yañez, la actual primera dama.

Luego de que circularan publicaciones escritas en su nombre, Alberto Fernández salió a aclarar que corresponden a perfiles falsos de su pareja y acusó al macrismo de estar detrás.

“Fabiola no tiene cuentas de Twitter. Todo es parte de las operaciones que el macrismo sigue desarrollando en las redes. Han mentido y siguen haciéndolo. Mienten y lastiman. Es lo que saben hacer. Solo sépanlo”, escribió el presidente de la Nación junto al link de una cuenta apócrifa que ya fue eliminada.

Actualmente, no existen penas por robo de identidades en redes sociales, por lo tanto, la misma no constituye un delito que pueda ser penado.

Más allá de las cuentas verificadas que incluyen una tilde celeste (por ejemplo, la de la presidente de la Argentina la exhibe junto al nombre de usuario), resulta suficiente buscar en la red el nombre de un personaje público para advertir la presencia de múltiples personas que tuitean haciéndose pasar por ellos.

Desde hace algunos años, Twitter viene dando una lucha contra la proliferación de fakers, de hecho, esta última semana anunció que dio de baja una gran red de cuentas falsas que usaban la herramienta de identificación de número de teléfono para encontrar usuarios y recopilar su información y datos.

En tanto, respecto a las parodias la red social posee una política que establece que se pueden crear cuentas de ese tipo siempre y cuando se aclare en el nombre de la cuenta y la biografía que no se trata de una cuenta oficial. La finalidad es justamente identificar que la cuenta no está vinculada con la persona que se parodia.

Twitter, es una de las mayores fuentes públicas de propagación de la información en tiempo real y últimamente, los políticos la utilizan para comunicar sus acciones o dar a conocer su trabajo en pos de generar una supuesta “transparencia” y “cercanía” con la sociedad.  El objetivo, en muchos casos, es hacer circular contenido para que la gente tome posición al respecto. Aunque gran parte de las veces también se publica contenido vacío.

Las redes sociales constituyen un instrumento que, utilizado adecuadamente, puede favorecer la socialización, sin embargo, impera la necesidad de crear una reglamentación que actúe con los fakers, aunque hay quienes aseguran que esto atentaría contra la libertad de expresión. ♣♣♣

#PA

Sábado 8 de febrero de 2020.
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