El regreso de zapatitos blancos

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Por Lucía Sabini Fraga

Hace pocos días, el candidato del Frente de Todos y futuro presidente de los argentinos Alberto Fernández, armó equipo para encarar la transición con los ministros salientes de la era macrista. Entre sus nombres de confianza se encuentra Gustavo Béliz, una cara conocida dentro del mundillo; y aunque estamos a poco más de 35 días de la definición del nuevo gabinete y todavía no se sabe qué lugar podría ocupar –o si efectivamente lo hará–, su reaparición en el escenario político es un hecho en sí mismo. “Trabajó mucho en reformas del Estado y tiene un conocimiento y una mirada formidable, y una amplitud muy valiosa”, fue la descripción que Fernández hizo de su ex compañero de partido.

Béliz es todo menos nuevo en política: egresado de la Universidad de Buenos Aires como abogado, se incorporó a la función pública en 1989 como presidente del Instituto Nacional de la Administración Pública, cargo que ejerció hasta 1992 durante la primera etapa del gobierno de Carlos Menem. Luego fue ministro del Interior y reemplazante de José Luis Manzano durante ocho breves meses, de donde salió espantado. Los años siguientes lo vieron alejarse del riojano cada vez más, tras oponerse a la reforma constitucional de 1994 y denunciar la flagrante corrupción en las distintas esferas del Estado. Fue justamente durante el menemismo que se ganó el apodo de “zapatitos blancos”, porque –decían– no quería meter los pies en el barro de la política, o traducido al criollo, ensuciarse las manos con actos de corrupción. En 1995 abandonó el Partido Justicialista y en 1996 fundó su propio espacio Nueva Dirigencia; fue por aquellos tiempos también, que compartió sintonía con Néstor y Cristina Kirchner, quienes formaban parte del reducido núcleo que enfrentaban al ex presidente desde el peronismo.

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Nacido en el verano de 1962, le tocó crecer durante la dictadura. Sus primeros trabajos fueron como periodista deportivo en la revista El Gráfico, para luego hacer periodismo político en el diario La Razón, con la ya instalada democracia alfonsinista. Gustavo fue un joven aplicado, católico profeso, de expresión aniñada y buenos modales. Porteño de nacimiento y crianza, vivió alejado de su ciudad entre el 2004 y el 2014 en una especie de auto-exilio junto a su esposa y cuatro hijos; primero en la ciudad de Washington (la cuna de la política mundial) desempañando tareas en el Banco Interamericano de Desarrollo, más conocido como el BID, y luego en un breve paso por Uruguay. Finalmente, regresó al país en 2014 de la mano de ese mismo organismo internacional como director del Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe; relación laboral que ya abandonó para abocarse a nuevas tareas. 

Durante muchos años no se supo de él, o al menos mediáticamente no resonó su nombre. Con la muerte de Néstor Kirchner en octubre de 2010, La Nación publicó distintas cartas de políticos y exfuncionarios dedicadas al recuerdo del exmandatario. “Viví junto a Néstor Kirchner los 15 meses más felices de mi vida”, dice la primera frase de su escrito. Béliz prefirió resaltar los aspectos más positivos de su trabajo junto al expresidente y no los desbordes que terminaron con su renuncia obligada. Recordó la libertad con la que desempeñó su trabajo durante los primeros tiempos a cargo del Ministerio de Justicia y Seguridad, donde –entre otras cosas– se propuso una tarea titánica: renovar la Corte Suprema de Justicia de la Nación, “la institución más desprestigiada del país de aquellos momentos”. En aquella carta, recuerda la respuesta de Néstor y su grata sorpresa a la hora de combatir los actos delictivos: “en todas las áreas de Justicia y seguridad tampoco había pactos sucios que impidieran actuar en la búsqueda de la verdad y la reparación.”

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Su vínculo con Domingo Cavallo fue del amor al odio y viceversa. Ambos fueron simultáneamente funcionarios del expresidente de patillas y ambos se alejaron de su gobierno; pero se reencontraron y hasta compartieron espacio político. Una vez alejado del Partido Justicialista, había participado en las elecciones a Jefe de Gobierno de 1996 y en 1997 fue electo diputado de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 

Entre las idas y vueltas con el ex ministro de economía, fue famosa su expresión de 1999 cuando aseguró que Cavallo “es capaz de vender a la madre por un poco de poder”. Pero volvió un año después a sus brazos: fueron compañeros de fórmula por “Acción por la República” para disputar la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, aunque perdieron con el entonces candidato progresista Aníbal Ibarra. En ese espacio también se ubicaba Alberto Fernández, con quien entabló un estrecho vínculo que lo acerca hoy al nuevo presidente.

El año del “Que se vayan todos”, Gustavo encabezó la coalición “Frente por Nuevo País” y fue electo senador nacional por la Ciudad de Buenos Aires, pero nunca llegó a asumir ese cargo por una larga controversia judicial con el fallecido referente del Partido Socialista, Alfredo Bravo, quien también diputaba la banca.

Poco tiempo después, el Frente para la Victoria ganó las elecciones y cuando Néstor Kirchner asumió el poder ejecutivo en mayo de 2003, nombró a Gustavo Béliz fue como Ministro de Justicia y Seguridad. Su mandato duro un año y monedas, porque en julio de 2004, el presidente le pidió la renuncia a él y todo su equipo. La tarea maldita de comunicar la noticia estuvo a cargo del conocido Alberto Fernández, quien fuera en ese momento Jefe de Gabinete. Los tiempos ya venían agitados y sin embargo el presidente pretendía conservarlo en su puesto, aunque no así al resto de los funcionarios. Según explica Horacio Verbitsky, dos veces el abogado ofreció su renuncia a Kirchner, quien la rechazó enfáticamente: “La tuya no”. Al que sí quería lejos, era al entonces secretario de seguridad Norberto Quantín (parte de su equipo) un confeso defensor de la dictadura militar, cuya falta de capacidad operativa lo convertía en una persona poco idónea para semejante cargo.

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En la política argentina todo tiene que ver con todo; el pasado y el presente (y probablemente el futuro) se entrelazan en elementos que parecen sacados de una novela. La foto que acompaña esta nota fue tomada por el fotógrafo José Luis Cabezas, asesinado el 25 de enero de 1997 en Pinamar con dos tiros en la cabeza y su cuerpo incinerado. Su crimen fue un símbolo de la época: tanto de la lucha por la libertad de expresión de los sindicatos y trabajadores de prensa, como también una muestra de la corrupción y la impunidad de los sectores políticos y empresariales. Se dijo mucho tiempo que la foto que le costó la vida fue la del empresario Alfredo Yabrán caminando en la playa con su esposa: hasta ese momento nadie conocía su cara.

A Béliz también le costó caro, en un nivel político, mostrar una foto: tuvo que renunciar a su cargo como Ministro de Justicia y Seguridad luego de hacer visible la cara del entonces jefe de una de las áreas más importantes de la SIDE, Antonio “Jaime” Stiuso. La noche del 25 de julio del 2004, durante el éxito televisivo del periodista Mariano Grondona Hora clave, expuso la foto del miembro de inteligencia más emblemático de los últimos 30 años y disparó artillería pesada: “SIDE es la palabra maldita porque en ese ámbito se ocultan las cajas más negras, los manejos más sucios y las cuestiones más irregulares. No sólo de esta época sino en el transcurso de la democracia de los últimos años”. 

Hablar de “Estado paralelo” y de una “policía sin control de ningún tipo”, no es tarea fácil en nuestro país. O al menos, no es gratuita. Béliz por esa época sufría el incómodo lugar que ocupaba y sentía varios ojos sobre sus espaldas; según cuenta el periodista Gerardo Young en su libro sobre la SIDE, el propio abogado pidió –bajo una nota con firma del ministro– que se investigue “a los delincuentes que se dedican a escuchar” sus conversaciones. Entre otras cosas, manejaba las fuerzas de seguridad (como responsable político de la Policía Federal) y era la cara visible de una política de estado firme de Néstor Kirchner por esa época: no reprimir en las movilizaciones sociales. La puja entre la SIDE y la Federal tuvo sus entretelones y los funcionarios de turno no fueron ajenos a ello.

En 2015, el juicio que le había iniciado el propio Stiuso por calumnias e injurias muchos años antes, llegó a un punto final. Ese año, la Corte Suprema de Justicia de la Nación falló a favor del ex ministro y rechazó que se haga un nuevo juicio oral, situación que había tenido que atravesar ya en agosto de 2011 y por el cual terminó absuelto. Hoy en día, esa causa judicial parece un asunto sellado. 

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La Secretaría de Inteligencia del Estado (más conocida como SIDE) fue convertida en 2005 a Secretaría de Inteligencia (SI), y posteriormente disuelta gracias a una ley presentada por la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y votada por el Congreso de la Nación. En febrero de 2015, la ex presidenta anunció por cadena nacional la disolución de la ex Side, creando en su lugar la actual Agencia Federal de Inteligencia (AFI); comandada actualmente por el amigo personal de Mauricio Macri, Gustavo Arribas.

Con el cambio de gobierno, se respiran aires nuevos y algunos pretenden de una vez por todos, renovar la Casa y porque no, cambiar los muebles. ♣♣♣

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