Comienza la campaña electoral con la economía al rojo vivo

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Por Rodrigo García

Ayer se abrió la campaña para las presidenciales del 27 de octubre, con Alberto Fernández como favorito después de que en las primarias de agosto aventajara por 16 puntos al presidente Mauricio Macri, lo que generó un caos financiero que agravó la crisis que vive el país desde 2018.

Seis son los candidatos a ocupar la Casa Rosada desde el 10 de diciembre, cuando tomará posesión el vencedor en octubre o en una eventual segunda vuelta el 24 de noviembre, pero la extrema polarización en Argentina ubica a Fernández –que lleva a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner como postulante a vicepresidenta– y a Macri en el centro del tablero de juego.

Aunque hace meses que se respira la carrera electoral, el punto de inflexión llegó el 11 de agosto con las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, conocidas como PASO, que si bien eran percibidas como una simple encuesta electoral –ya que solo dejaban fuera las listas que no superasen el 1,5 % de los votos–, sus resultados impactaron no solo en el ámbito político, sino en los pilares de la ya maltrecha economía nacional.

La fuerte derrota de Macri, que en reiteradas ocasiones se ha autodefinido como la opción favorita de los mercados y ha presumido de haber mejorado la institucionalidad del país tras los escándalos de corrupción del kirchnerismo, supuso para el oficialismo un inesperado jarrón de agua fría.

Y los analistas, que no habían presagiado la hecatombe, asumieron que el macrismo tiene escasas opciones de remontar el resultado en octubre, más teniendo en cuenta el recrudecimiento de la crisis.

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El día después de las PASO, la bolsa se desplomó casi el 38 % y el precio del dólar empezó a trepar de forma descontrolada. Ese fue solo el primero de los innumerables sobresaltos bursátiles y cambiarios que durante tres semanas han mantenido en vilo a la clase política y empresarial. Pero también a la sociedad, que mira con incertidumbre el presente y futuro a corto plazo de un país que lleva arrastrando con resignación crisis tras crisis durante décadas.

En medio de la perplejidad por su derrota, Macri, que llegó a culpar al peronismo de no tener “credibilidad” en el mundo, se topó con la urgencia de frenar la caída del peso –acumula casi un 20 % desde las primarias– y parar la fuga de capitales, el mismo problema que en abril de 2018 provocó una abrupta devaluación que obligó al Ejecutivo a pedir un millonario rescate al Fondo Monetario Internacional.

Con la situación social ya muy debilitada tras más de un año en recesión, se prevé que con el agravamiento de la crisis aumente la inflación –en 2018 fue del 47,6 %, el valor más alto desde 1991–, continúen devaluándose los salarios y suba la pobreza, que en el último semestre del año pasado ya afectaba al 32 % de la población.

Para enfrentar estos efectos, en agosto el Gobierno aprobó medidas como la eliminación del IVA para algunos alimentos, el congelamiento del precio de los combustibles y beneficios fiscales para trabajadores y pymes.

Sin embargo, no fue hasta que el domingo pasado anunció restricciones cambiarias para detener la escalada del dólar cuando la situación financiera empezó a calmarse: se estabilizó el tipo de cambio, retrocedió la prima de riesgo y se anotaron sucesivas subidas de la bolsa.

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Con las turbulencias controladas, al menos por ahora, la campaña echa a andar formalmente con un Fernández que se siente ganador y que incluso esta semana ha realizado un viaje a Europa en el que ha sido recibido por los jefes de Gobiernos de España y Portugal.

“Hemos llegado al fondo del pozo, solo nos queda mejorar”, dijo Fernández durante una conferencia en el Congreso de los Diputados español, en la que reiteró que lo único que le dejará Macri será “cinco millones de nuevos pobres”.

Mientras, el mandatario confía en que una épica remontada le permita mantener el sillón presidencial. “Estamos con toda la energía para ir al balotaje (segunda vuelta) y continuar trabajando”, dijo el jueves.

La vista está puesta en el 13 y 20 de octubre, cuando se celebrarán los dos debates presidenciales obligatorios, en los que participarán también el resto de postulantes: Roberto Lavagna, de Consenso Federal; Nicolás del Caño, del Frente de Izquierda y de los Trabajadores; José Luis Espert, de Unite por la Libertad y la Dignidad, y Juan José Gómez Centurión, del Frente Nos.

El 27 de octubre –cuando se elegirá jefe de Estado y se renovará la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio de la de Senadores– vencerá el candidato presidencial que logre más del 45 % de votos o al menos el 40 % y una diferencia mayor de 10 puntos respecto de la fórmula que le sigue.

Si no, el nuevo presidente para los próximos cuatro años saldrá de una segunda vuelta el 24 de noviembre, en la que participarán solo las dos listas más votadas en la primera.

En las primarias de agosto, el Frente de Todos de los Fernández obtuvo el 47,7 % de los votos, seguido por el Juntos por el Cambio de Macri y su segundo, Miguel Ángel Pichetto, que cosechó el 31,7 %, con el resto de propuestas muy por debajo.

Si en octubre se repitiera este panorama, Fernández, abogado de 60 años –la misma edad que su adversario– se convertirá en el próximo jefe de Estado argentino.  ♣♣♣

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