Macri y el síndrome de Catón

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Por Mauro Federico

Cuadernos de Campaña

(apuntes de trinchera en un año electoral)

Con un escrutinio provisorio demorado y el presidente asumiendo una derrota categórica antes de que se conozcan los primeros resultados oficiales, culminó este domingo de primarias en medio de la euforia peronista y la depresión de los defensores del cambio. Mientras Mauricio Macri se debate entre incendiar el escenario de acá hasta octubre y apostar una vez más al caos para torcer un destino que parece inexorable, Alberto Fernández analiza meticulosamente la próxima jugada de la estrategia que puede llevarlo nuevamente a la Rosada. Pasen y lean.

Cartago era una próspera ciudad en el norte de África con una poderosa flota mercante, muy superior a la romana. Esa superioridad significaba el control del comercio en el Mediterráneo, una traba para la expansión económica de Roma. La solución que halló Catón, tribuno y general romano, no fue otra que la de incendiar Cartago. Pero para justificar tamaña decisión, presentó a Cartago como un peligro para la seguridad de los romanos al inventar una inminente invasión de los pacíficos cartagineses contra la capital imperial.

Tras recibir los primeros resultados oficiales de las primarias, Mauricio Macri imaginó un escenario similar al que enfrentó el Censor durante la Tercera Guerra Púnica y muy probablemente haya pensado en complicarle el escenario de acá a octubre al candidato del Frente de Todos, quien anoche a última hora celebraba una victoria aplastante en todo el país.

Evidentemente nada será igual luego de esta elección para el gobierno. La gran incertidumbre es si Macri aceptará el fracaso en las primarias como un correlato de su desastrosa gestión y aplicará una política de reducción de daños de acá a octubre o, por el contrario, echará más leña a los propulsores del Titanic para acelerar el barco en su alocada carrera contra el iceberg.

Anoche, rodeado de los mariscales de la derrota –a excepción de Horacio Rodríguez Larreta, que revalidó la potencia de su gestión en territorio porteño-, el presidente intentó mostrarse entero y dispuesto a reagrupar fuerzas para librar la batalla de octubre con un optimismo que sus rostros no evidenciaban. “Hemos hecho una mala elección y eso nos obliga a partir de mañana a redoblar los esfuerzos para que en la elección general logremos el apoyo que se necesita para continuar con el cambio”, admitió el mandatario ante un auditorio perplejo por la magnitud del golpe.

La maquinaria electoral del PRO no está acostumbrada a las derrotas que, en esta oportunidad, ostenta la paternidad de la misma dupla que históricamente le había garantizado tan solo victorias: el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el ecuatoriano Jaime Durán Barba. La adversidad puede tener un efecto demoledor en el armado oficialista, si continúa aferrado a la estrategia de demonizar al kirchnerismo como único argumento para promover su reelección.

Ante este “inesperado” resultado, hoy será clave la respuesta de los mercados, cuyo favoritismo con el oficialismo quedó nuevamente evidenciado en la maniobra del último día hábil previo a la elección, cuando le allanaron el camino para que el gobierno pudiera exhibir el “éxito” de sus gestiones en su afán por contener el dólar y el riesgo país a expensas de una nueva suba de las tasas de referencia.

En el otro extremo del cuadrilátero, Alberto Fernández analiza los próximos pasos en un camino que –sabe perfectamente– no será nada fácil. La espada de Damocles que representa el endeudamiento contraído por el macrismo, genera condicionantes objetivos para el próximo gobierno que deberá sentarse a negociar con los acreedores la forma de propiciar el crecimiento del país, imprescindible para evitar el default. Sabido es que los muertos no pagan sus deudas.

En términos políticos, la categórica victoria de ayer le permite al Frente de Todos pensar en un escenario de triunfo en primera vuelta, con la diferencia suficiente como para no recurrir al tan temido balotaje. Sólo un error grosero del cuidadoso armado opositor o un acierto de magnitud por parte del oficialismo podría torcer el rumbo de la historia. Pero restan 45 días para la fecha de esa primera vuelta, una eternidad en esta Argentina tan volátil en la que puede pasar cualquier cosa. Incluso el incendio de Cartago. ♣♣♣

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