Primarias: El día después de mañana

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Por Quique Pérez

Transcurría el año 2004 y unos de los éxitos taquillero de la cinematografía mundial era el film El día después de mañana. Una película donde se describía cataclismos climáticos que hacían prever el fin de la humanidad. Todo empezaba con temperaturas cálidas y agradables para luego entrar en un periodo de glaciación extrema y repentina que congelaba el hemisferio norte del planeta destruyendo la vida humana en esa zona.

A escasas horas de conocer las reales posibilidades de los posibles futuros gobernantes de nuestra querida Argentina, la mayoría de sus pobladores parecerían estar viviendo en la primera parte del éxito cinematográfico, preocupándonos en líneas generales por saber qué dijo tal o cual candidato/a, hurgando hasta el infinito en el pasado, analizando los exabruptos de la principal fuerza opositora o asombrándonos de los enérgicos discursos de nuestro Presidente con su nuevo estilo inglés/lunfardo del cual hizo alarde con su “carajo, sorry”. Debido al éxito de esta frase ya está practicando para alguna inauguración que él considere maravilloso un rotundo “ahijuna wonderful”.

Lo que la mayoría no queremos o no podemos ver es el período de frío polar que inexorablemente caerá sobre nosotros, gane quien gane, cuando finalice esta maratón electoral.

Si llega a triunfar el Gobierno, ya Mauri nos contó cuál es su camino a seguir, nos dijo que va a hacer todo lo mismo pero de una manera más acelerada. Si tenemos en cuenta los 4.000.000 de nuevos pobres, que se duplicó el número de indigentes (gente que pasa hambre), el aumento exponencial del desempleo, el imponente crecimiento de la deuda externa, las miles y miles de fábricas y pymes cerradas, la lista innumerables de pésimos números económicos y sociales, el crecimiento abusivo de las riquezas de sólo el diez por ciento de la población allegada y favorecida por este sistema, si consiguiera hacer todo lo que hizo a una velocidad al doble de lo que lo consiguió en su primer mandato, en el 2023 encontraríamos al 80 % de la población viviendo como Tarzán: en bolas y a los gritos.

En cambio, si el triunfo es para los Fernández al cuadrado, Alberto ya manifestó la necesidad de corregir el valor del dólar elevándolo a un porcentaje todavía desconocido, y si sumamos este incremento con los pagos monumentales de deuda externa que vencen en los próximos años y le agregamos una explosiva situación social, por más bien que se hagan las cosas pasaran un largo tiempo de estos gélidos fríos económicos auto infligidos que con mucha fortuna y buena administración llevará largo tiempo revertirlos.

Aunque creamos que ahora estamos mal, disfrutemos de este pequeño veranito antes de que lleguen las temperaturas bajo cero y no nos ilusionemos para luego caer en futuras depresiones que son hijas de las expectativas, y como es bien sabido las decepciones son inversamente proporcionales a las expectativas.

Ojalá hoy sepamos elegir correctamente, que no nos vendan espejitos de colores y que no nos pase como cuenta aquella vieja historia de ese hombre que muere y termina en el purgatorio. No había sido lo suficientemente bueno para ir al cielo y había tenido una vida aburrida como un discurso de Roberto Lavagna, y cansado de décadas de esperas decide aceptar la invitación de conocer el infierno. Cuando bajó lo recibe un diablo que le muestra los beneficios del inframundo, era un lugar muy agradable con piletas, tragos, los últimos adelantos tecnológicos, y nuestro protagonista quedó realmente admirado de lo bien que se vivía en el infierno. Después del recorrido le prometió a su maligno guía que el día después de mañana, de manera irracional, iba a dejar el tedioso purgatorio para descender al averno por los siglos de los siglos.

A las 48 horas descendió a los infiernos y ya sin posibilidad de volver atrás encontró un lugar completamente diferente al que había visitado un par de días antes. Desesperado busco a su mefistofélico guía y le dijo que le había mentido, que aquel hermoso lugar se había convertido en un humeante y horroroso desierto de fuegos eternos y como dice la Biblia repleto de llantos y rechinar de dientes. El diablillo lo miró con una sonrisa sarcástica que solo pueden tener satanás y algunos malos políticos y le contestó: “anteayer estábamos en campaña, pero hoy, ya nos elegiste”.    ♣♣♣

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