¿Vamos a hacer algo con los combustibles?

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Por Fabian Medina

─Economista─

Nuestro país se encuentra sobre un gran colchón de gas y petróleo convencional y no convencional, pero como nos encontramos con problemas de autoabastecimiento, hace un tiempo largo, compramos el gas a otros países –en un principio era Bolivia que nos lo proveía por gasoducto y desde 2016 a Centroamérica y Asia─ multiplicando el valor origen por 3.

Hoy, después de establecer la Emergencia Energética por medio de la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva, nos vemos en la disyuntiva de cumplir con la misma, y con el artículo siguiente a la Emergencia Energética, además de la decisión presidencial del 31 de diciembre del año pasado de no aumentar los combustibles que explica que deben establecerse nuevos cuadros tarifarios tendientes a la reducción de los valores.

Como es nuestra temática y forma de establecer estos temas, siempre es muy bueno dialogar con los sectores interesados del área, pero primero, hay que conocer cómo se componen estos temas.  Para comprender las composiciones debemos entender que nuestra empresa estatal de hidrocarburos y energía domina más del 50% del mercado de los combustibles y no solo es empresa testigo en cuanto a precios, sino también, es formadora de precios.

La solución a la eliminación por 120 días de los aumentos de los combustibles líquidos y gaseosos siempre es la desindexación y desdolarización de sus valores, aunque debemos entender que hay que distinguir entre hidrocarburos convencionales y no convencionales. 

Si entendemos esto, podemos saber que nuestra empresa del sector posee maquinarias, capacitación, personal y recursos únicamente para explotar los convencionales, puesto que para la explotación de “no convencionales” como por ejemplo, Vaca Muerta, los recursos necesarios son los equivalentes a un PBI íntegro del país (casi U$S 350MM) los cuales no lo poseemos siquiera como reservas del BCRA. Por ello, debemos concentrarnos en la explotación de recursos convencionales, ya que poseemos todos los medios para hacerlo, y contamos con la posibilidad de establecer los costos del proceso de dicha producción en pesos, los cuales se colocan en el orden del 50% de los valores dolarizados. 

Esto es lo que nos generará la diferencia a valor internacional, puesto que una vez que nos autoabastezcamos podremos exportar barriles de petróleo crudo (con incorporación de los derechos de exportación respectivos) y/o combustibles sin retenciones a valores internacionales, generando una gran cantidad de recursos al país en condiciones de competencia con los países del mundo, ya que en los últimos tiempos se encontraron reservas convencionales para el orden de cerca de 60 o 65 años. 

En cambio, los hidrocarburos no convencionales deben dejarse para su explotación por los privados, y al exportarse como petróleo crudo tener acceso al esquema de derechos de exportación, aunque si se destila y se generan combustibles, ese régimen deja de existir.

Debemos tener en cuenta que cada pozo de petróleo convencional requiere de 30 operarios directos, mientras que uno de no convencional de 50 operarios. Con esto quiero decir que deberíamos perforar directamente cerca de 200 pozos nuevos ─con la tecnología que contamos hoy en día, no es imposible─ para encontrar cerca de 150 o 170 pozos/yacimientos con los cerca de 6000 empleos de alta capacitación en menos de un año, generando muchísimos recursos en zonas del país que hoy están buscando su identidad final. ♣♣♣

#PA.

Fabian Medina es economista y profesor de la Universidad de Buenos Aires.

Sábado 18 de enero de 2020.
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