Las diferencias salariales en Argentina

Las diferencias salariales en Argentina

Por Adrián Machado


Una investigación examina las causas de las diferencias en el empleo de los distintos sectores productivos del país. Niveles educativos, formalidad, edad, género, nacionalidad, ubicación geográfica, son características que conforman un dispar mapa del escenario del trabajo argentino.

El heterogéneo mundo laboral argentino es un tema no solo debatido, sino estudiado profundamente en Argentina. Y es el eje del documento de trabajo “Primas salariales sectoriales en Argentina”, publicado por el Centro de Estudios para la Producción -CEP XXI- a finales del año pasado.

Los autores; Daniel Schteingart, Martin Trombetta y Gisella Pascuariello; señalan que la inserción productiva de los trabajadores argentinos es “una importante fuente de diferenciales salariales, que a su vez explica buena parte de la desigualdad en la distribución del ingreso de los hogares”. Además, indican que dicho fenómeno tiene, al menos, dos determinantes principales: la heterogeneidad productiva del país y las diferencias de atributos productivos de la fuerza laboral. El trabajo utiliza técnicas de descomposición para cuantificar la contribución de cada uno de esos factores, calcula la prima salarial específica de cada sector y se indaga en sus posibles determinantes.

En cuanto a los diferenciales salariales, el documento explica la existencia de distintos determinantes: la heterogeneidad de la estructura productiva argentina; que da lugar a niveles salariales muy diferentes entre los sectores productivos, aquí intervienen varios factores, como la productividad de las diversas ramas de actividad, el nivel de formalidad de las unidades productivas, el poder de negociación sindical y las regulaciones laborales.

Otro elemento que influye en la dispersión salarial se relaciona con las características de la oferta: “Las condiciones particulares de los distintos sectores productivos dan lugar a composiciones diversas en la mano de obra en términos de credenciales educativas y niveles de calificación profesional”, profundiza el texto.

El fenómeno anteriormente descripto es abordado empíricamente por la investigación, su objetivo es describir la situación actual del mercado de trabajo nacional desde un enfoque productivo. La metodología utilizada consta del uso de los datos de la Encuesta Permanente de Hogares -EPH- para el cálculo de las primas salariales de cada sector -con distintos niveles de desagregación-. Acto seguido se aplicaron métodos de descomposición para cuantificar dichos efectos. El periodo analizado abarca desde el segundo trimestre de 2016 hasta el cuarto trimestre de 2019.

El trabajo tiene dos desagregaciones: “letra” y “2 dígitos”, la primera divide a la economía en 14 sectores y la segunda lo hace en 48 sectores. También se utilizó la clasificación de ocupaciones según calificación de la EPH, que desagrega al empleo en cuatro tipos: profesional, técnica, operativa y no calificada. Las variables independientes utilizadas son género, edad, nivel educativo, condición de extranjero, región de residencia y calificación del puesto.

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Ocupación

Algunos de los resultados a los que arriba el trabajo del CEP XXI se refieren a los sectores en proporción de cantidad de ocupados: Comercio, Salud y Servicios Sociales e Industria son los más grandes, ya que ocupan la mitad de la fuerza de trabajo relevada. En contraposición, los sectores más pequeños son petróleo y minería, electricidad, gas y agua, y agricultura y ganadería, que combinados acumulan poco más que el 2% del total de ocupados. Una aclaración que realizan los autores se refiere a las limitaciones de la EPH, este instrumento excluye las áreas urbanas pequeñas y las zonas rurales. Esas restricciones afectan a la medición de la participación del agro, por ejemplo.

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Género, edad y educación

Por el lado de la oferta, el mercado laboral argentino tiene varias particularidades. Las mujeres oscilan en demasía: por ejemplo, los sectores de la construcción y el servicio doméstico contratan casi en su totalidad trabajadores de un género en particular, masculino y femenino, respectivamente. Estos son los casos extremos, consigna la indagación, pero también existen sectores fuertemente polarizados: agricultura, petróleo, minería e industria se inclinan por contratar hombres, mientras que la enseñanza, por ejemplo, es un área fuertemente feminizada.

Por otro lado, la edad promedio entre los sectores no tiene ese grado de dispersión. “Restaurantes y hotelería y, en menor medida, la construcción son los sectores con trabajadores más jóvenes, mientras que los ocupados de mayor edad se insertan relativamente más en transporte, enseñanza y servicio doméstico”, detalla el informe.

La educación es otro ítem de relevancia, en promedio los trabajadores argentinos tienen 13 años de formación, lo que equivale a poco más que el secundario completo. La enseñanza, la intermediación financiera y los servicios profesionales y empresariales son los rubros con mayor nivel educativo, mientras que el servicio doméstico, la construcción y el agro se encuentran en el extremo opuesto.

El 10% de los trabajadores ocupados lleva a cabo una tarea con calificación profesional. Ese porcentaje se triplica en servicios profesionales y empresariales, y duplica en intermediación financiera y salud y servicios sociales. Los sectores que se ubican por debajo del promedio son hoteles y restaurantes, comercio y construcción; y es directamente escasa o nula la educación formal en el servicio doméstico. Schteingart, Trombetta y Pascuariello introducen un matiz al señalar que en el caso de la enseñanza “cuyo nivel educativo es el más alto pero la proporción de puestos con calificación profesional es apenas levemente superior a la media. Esto se debe a un elevado porcentaje de trabajadores con calificación técnica (64% del total), ya que los maestros y los docentes de nivel medio se ubican dentro de esta categoría (los puestos con calificación profesional corresponden mayormente a profesores universitarios o directivos de escuelas)”.

Los trabajadores extranjeros son más del 6% de la muestra analizada: la construcción y el servicio doméstico exhiben más del doble que el promedio general. Sin embargo, enseñanza y administración pública tienen las proporciones de trabajadores extranjeros más bajas.

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Nivel de salarios

En cuanto a los resultados tomados como variables, el documento analiza las remuneraciones y el nivel de registración en cada sector. La volatilidad de los salarios es muy elevada: petróleo y minería tienen un salario 183% mayor al promedio, mientras que el servicio doméstico no llega al 40%. Saliendo de esos extremos, se puede mencionar que los salarios en petróleo y minería son cerca de 4 veces más que los de agricultura y ganadería. Electricidad, gas y agua se ubica en 69% de lo recabado por el trabajo en el sector de la industria.

“Otro dato relevante es que la administración pública exhibe un salario 52% superior a la media, un hallazgo en línea con la evidencia internacional: según OECD Stats, en 17 de 24 países de la OCDE este sector tiene salarios mayores al promedio; lo mismo ocurre en la totalidad de los países de América Latina, de acuerdo con las encuestas de hogares que recopila el CEDLAS”, revela el trabajo.

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Trabajo (no) registrado

El empleo registrado es otro punto de interés en la investigación del CEP XXI; existen sectores formales casi en su totalidad, como el petróleo, energía y finanzas, o, en el sector público, la enseñanza o la administración pública. En el plano opuesto, construcción y servicio doméstico presentan tasas bajas de registración, bastante inferiores al 50%.

De manera lógica, estas dos variables -nivel de salario y formalidad- tienen correlación: los sectores registrados son los que tienen mayores salarios, en general. Existe una correlación positiva entre las mencionadas variables con la edad y el nivel educativo promedio del sector. Sin embargo, la correlación es negativa con el nivel de feminización del sector.

Dos de los sectores con peores resultados, construcción y servicio doméstico, son los que muestran características definidas de género entre sus trabajadores. Los investigadores concluyen que la fuerte discriminación por género se asocia a resultados adversos en el mercado de trabajo, tanto en remuneración como en la formalidad del puesto laboral.

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Conclusiones

El documento de trabajo reseñado concluye con la premisa central de la investigación: la estructura productiva argentina es sumamente heterogénea en sus distintos sectores. La formalidad y la remuneración son altamente dispares. “Si bien una parte de estas diferencias responde al modo en que el mercado de trabajo local premia o penaliza los atributos del trabajador, existe una proporción considerable de estas que no responde a aquellos y por lo tanto puede ser interpretada en este marco como un rasgo idiosincrático de cada sector”, aclara el documento.

Esas características puntuales pueden responder a cuestiones estructurales tales como la productividad, la regulación o la presencia sindical. La evidencia recolectada da cuenta que las condiciones laborales son más favorables en sectores de mayor productividad y también en aquellos de mayor sindicalización. “Estos hallazgos también pueden ser interpretados a la luz de la teoría de la heterogeneidad estructural, que pone el énfasis en los determinantes estructurales (productividad, tamaño de las firmas) de la calidad del empleo generado”, señalan los académicos.

Las diferencias sectoriales se explican fundamentalmente por el nivel educativo y la calificación del puesto de los trabajadores. Género, edad, localización geográfica y condición de extranjero también son factores que hacen a las diferencias entre los distintos sectores.

Argentina, al igual que otros países de la región, exhibe una estructura productiva en la que un grupo de sectores absorbe mayormente mano de obra calificada y ofrece elevadas remuneraciones. Es el caso de la enseñanza, las finanzas, la administración pública, los servicios profesionales y empresariales, el petróleo y la minería. Su contraparte se encuentra en el servicio doméstico, la construcción, el comercio, hoteles y restaurantes, o el agro, donde se demanda mano de obra poco calificada y con bajas remuneraciones. En el medio se encuentran el transporte y la industria, ramas que presentan alta heterogeneidad en su interior -por ejemplo, no hay muchos puntos de contacto entre el transporte terrestre con el aéreo-.

Una conclusión importante es que hay sectores en que los salarios, altos o bajos no responden de manera considerable a “las diferencias en atributos de la oferta”, lo cual es un indicador de un gran desafío que enfrentan los argentinos al momento de insertarse en un sector productivo, pues algunos demandarán calificaciones elevadas, pero no todos valorarán esos atributos de la misma manera.

La inserción en un sector productivo acarrea una dificultad que se enlaza con lo anteriormente señalado: existen múltiples restricciones, como la ubicación geográfica, el nivel educativo, la experiencia previa, el género o la edad. Los autores destacan que la decisión del trabajador se encuentra fuertemente condicionada por la estructura de su hogar y la distribución del trabajo de cuidado realizado al interior del sector, incluyendo la disponibilidad de servicios de cuidado públicos o privados fuera del lugar de trabajo.

En suma, “Primas salariales sectoriales en Argentina” asevera que los “diferenciales salariales entre los trabajadores son el principal factor que explica la desigualdad de los ingresos familiares”. Una parte de esas diferencias se explica por la heterogeneidad estructural del país.

El trabajo se centra en las diferencias intersectoriales; dejando para otra investigación, u otros investigadores, nuevas líneas de abordaje, como las diferencias intrasectoriales o la interacción con variables como la ubicación geográfica o el género.

El fin último de este tipo de trabajos, además del conocimiento por si mismo, es otorgar datos precisos para el diseño de políticas públicas productivas que favorezcan de manera simultánea la productividad y la reducción de las grandes brechas entre las distintas firmas. Este proceso, argumentan los autores, permitirá incrementar los salarios, reducir la pobreza y disminuir la desigualdad de los ingresos laborales y familiares. ♣♣♣

#PA.