El mal menor

Por Bruno Sgarzini

Más se acerca la fecha de los pagos al FMI, más sobrevuelan los fantasmas de que la falta de acuerdo derive en una disparada del dólar blue. Sin acuerdo no hay crédito, sin crédito no hay reservas para detener una corrida que puede dispararse un periodo hiperinflacionario. El mal menor parece imponerse en la mente y los corazones de algunos económicos de Alberto Fernández.

“Desde hace seis meses, el Gobierno griego ha estado librando una batalla en condiciones de asfixia económica sin precedentes, con el fin de respetar el mandato que el pueblo nos legó el 25 de enero. El objetivo con el que estábamos negociando con nuestros socios era poner fin a la austeridad, y permitir así que la prosperidad y la justicia social regresaran a nuestro país”, afirmó Alexis Tsipras, primer ministro de Grecia, una noche de junio de 2015 en la plaza Syntagma de Atenas.

Durante su discurso, Tsipras asombró a propios y extraños con el llamado a un referéndum para apoyar o rechazar la propuesta de pago de deuda, realizada por la troika de acreedores, compuesta por el Fondo Monetario Internacional (FMI) , la Comisión Europea y el Banco Central Europeo.

“Durante las negociaciones, nuestros acreedores han exigido implementar los memorándums, pactados por los gobiernos anteriores, a pesar de que éstos habían sido categóricamente condenados por el pueblo griego en las recientes elecciones. Ni por un momento pensamos en rendirnos y traicionar la confianza de nuestro pueblo”, remarcó frente a la muchedumbre de la plaza.

Según Tsipras, la troika de acreedores “chantajeaba” a Grecia con propuestas que violaban los “derechos sociales y fundamentales de Europa” por incluir medidas como una mayor desregulación del mercado laboral, más recortes de pensiones, reducción de salarios en el sector público e incremento del IVA para los alimentos.

El 61% de los griegos votó por no aceptar la propuesta de los acreedores. La plaza Syntagma vibró con un nuevo discurso de Tsipras; “en el referéndum no hay vencedores ni vencidos. Todos somos uno”.

La teoría de Tsipras y su ministro de Economía, Yanis Varoufakis, era que, si llevaban las negociaciones al extremo, la troika cedería con una propuesta de pago que sacara a Grecia del “circulo vicioso de la austeridad”.  La respuesta, unos días después, no lo sorprendió; ni Angela Merkel, canciller de Alemania, ni su ministro de Economía, Wolfgang Schäuble, pensaban que el camino fuera otro que una mayor privatización del sector público y un aumento del impuesto al valor agregado a todos los productos consumidos por los griegos.

Bajo la amenaza de expulsar a Grecia de la zona euro, Tsipras recibió lo que los medios llamaron un “submarino mental” hasta que aceptó la propuesta de la troika, a cambio de una reestructuración de la deuda y un desembolso rápido de 62 mil millones de dólares. Mientras, en su país, los griegos se agolpaban fuera de los bancos por el temor a que sus fondos fueran confiscados, si las amenazas de la Unión Europea se concretaban.

El experimentó de Tsipras y ministro había fracasado; el plan de pago era mucho peor.  La troika había considerado que ceder con Grecia significaba hacer lo mismo con otros países deudores como Irlanda, España o Portugal, los famosos PIGS que cayeron en sucesivos impagos luego del crack bursátil de 2008.

***

Seis años después, el Frente de Todos en Argentina improvisa una salida parecida con la presentación de un plan plurianual en el Congreso, una especie de hoja de ruta para pagarle al FMI.  La intención es pasarle al organismo una contrapropuesta, apoyada por todo el arco político, que vaya en contra de la exigencia de un agresivo recorte del déficit fiscal que enfríe la economía.

Los mayores gastos del presupuesto argentino se van en jubilaciones, subsidios al transporte y energía, y programas sociales, según el Monitor del Presupuesto de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) y la consultora Equilibra. Dos de cada tres pesos que gasta el Estado son dirigidos a ayudas sociales, sostiene el informe.

Recortar el presupuesto, con 40% de pobreza y 10% de desocupación, parece ser un campo minado con víctimas casi seguras; lo más pobres del país y la alicaída clase media, en su conjunto.

Para el consultor Ricardo Rouvier, ante la disyuntiva, en el Frente de Todos aparecen dos sectores bien marcados; los pragmáticos que consideran si no se firma un pacto con el FMI, habrían mayores calamidades que las de un ajuste fiscal, y los más dogmáticos que plantean que ceder es una claudicación que pasará facturas en el futuro del peronismo.

“Vamos a buscar por todos los medios un acuerdo con el FMI”, afirma Juan Manuel Manzúr, jefe de gabinete de Alberto Fernández.

“Nunca esperen de mí que firme algo que arruine la vida del pueblo argentino, nunca, nunca. Y espero que me entiendan, porque si alguien espera que yo claudique ante los acreedores o que claudique ante un laboratorio, se equivoca. No lo voy a hacer. Antes me voy a mi casa, porque no tendría realmente cara para entrar en esa sala si hiciera algo semejante”, sostiene la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

El delicado equilibrio de la crisis pudo verse el pasado viernes cuando el Banco Central suspendió la compra de pasajes al extranjero con tarjetas de crédito. El argumento esgrimido por el gabinete económico fue que esos pagos en dólares eran financiados con las reservas del Banco Central.

“Cuidar los pocos dólares de nuestra economía es un acto de responsabilidad social”, declaró Matías Kulfas, ministro del Desarrollo Productivo.

El dato crítico sobresalió entre líneas; las reservas netas del Banco Central, disponibles para su uso, oscilan entre los cinco mil y tres mil millones de dólares, según algunos economistas. Los pagos al FMI, sin un acuerdo, superan los 40 mil millones el año próximo.

Los números negativos prenden las alarmas en los mercados, mientras las operaciones de prensa hablan sobre el riesgo de un supuesto corralito.

Más se acerca la fecha de los pagos al FMI, más sobrevuelan los fantasmas de que la falta de acuerdo derive en una disparada del dólar blue y una mayor inflación. Con razón, los pragmáticos del gobierno pueden señalar que la inflación destruye, por la vía de los hechos, el salario que los dogmáticos dicen defender de un ajuste fiscal.

Sin acuerdo no hay crédito, sin crédito no hay reservas para detener una corrida, y con una corrida puede dispararse un periodo hiperinflacionario con escasez. El mal menor parece imponerse en la mente y los corazones de algunos decisores económicos de Alberto Fernández.

En Grecia, la misma decisión de Tsipras lo llevó a dimitir, una semana después del acuerdo con la troika, cuando un tercio de los diputados de su coalición, liderada por el partido Syriza, se negaron a aprobarlo. En una nueva elección, Tsipras logró armar un nuevo gobierno de coalición que implementó, uno a uno, los recortes y privatizaciones de las empresas del Estado.

La historia por cierto no terminó ahí sino cuatro años después cuando el presidente perdió las elecciones frente al partido de centroderecha Nueva Democracia. Los recortes habían impactado en su decepcionado electorado.

“Este siete de julio, cuatro años exactos del atronador NO a la troika, los griegos han devuelto al Gobierno a Nueva Democracia, el partido que aplicó el más duro de los memorandos y dejó Grecia en la bancarrota, y lo han hecho con rotundidad, con mayoría absoluta, con ocho puntos de diferencia sobre el Syriza de Tsipras”, escribió Andrés Gil, enviado especial a Grecia de El Diario.es.

♣♣♣

El mundo, a veces, es un aleph de paralelismos.

#PA.

1 de noviembre de 2021.

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