Aquellos pormenores de la globalización

Aquellos pormenores de la globalización

Por Facundo Costa de Arguibel

─Eco­no­mis­ta─

En las últimas décadas, el mundo ha vivido eventos frenéticos. La revolución de las telecomunicaciones, la caída del muro de Berlín y el fin de la guerra fría abrieron paso a una nueva etapa. El nuevo escenario mundial se configuraba con un liderazgo estadounidense, rol otorgado de la interpretación de la victoria de dicho país por sobre el comunismo. Los políticos, y grandes empresarios de los países más desarrollados percibieron el fenómeno que estaba sucediendo y promoviendo el discurso de un mundo integrado.

El nuevo orden mundial impulsado por estas naciones fue el reflejo de su hegemonía. Es que las facilidades que la integración mundial ofrecía a los países menos desarrollados eran tentadoras, debido a que el aumento en el flujo de comercio, inversión extranjera y conocimiento permitiría disminuir esta brecha existente. La deslocalización de la producción se hizo evidente y las cadenas globales de valor se convirtieron en la norma, transformando al globo terráqueo en un mercado para las empresas multinacionales. La idea del mundo plano, proclamada por Thomas L. Friedman del New York Times, se hizo incuestionable.

Y para alcanzar el mundo plano, algunas instituciones debían modificarse. Lo principal eran los regímenes de tipo de cambio. De esa manera, se promovieron los regímenes flotantes por encima de los tipos de cambio fijo ya que permitían superar las asimetrías ocasionadas en un contexto alta movilidad de capitales. Este movimiento se promovió por las instituciones internacionales y la mayoría de los gobiernos lo han adoptado, al punto de que los tipos de cambios fijos ya casi han quedado obsoletos.

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Las vicisitudes de la globalización no se materializaron de forma simétrica a lo largo de la tierra. La nueva configuración mundial acarreó nuevos problemas, decantados en una mayor escala y velocidad de los fenómenos.  Y en el origen del nuevo orden se encontraban los peligros, porque la mayor interdependencia de los países amplificaba los fenómenos ocurridos en cualquier parte del globo, ya que las barreras fronterizas habían perdido su significado.

Los riesgos que acechan a los ciudadanos de los países se incrementaron. La manifestación de la sensación de inseguridad no solo desde el punto de vista económico, sino también en lo referente al terrorismo, las enfermedades y el cambio climático, fueron cada vez mayores. Y el paso del tiempo demostró las carencias de la globalización.

Es evidente que este fenómeno ha sido positivo para algunos países, pero no para todos tal como se indicaba en un principio. Actualmente, la mayoría de los países se ven más expuestos a vulnerabilidades macroeconómicas con una autonomía en las decisiones de política muy reducida.

La globalización financiera, que en un principio reflejaba un augurio de esperanza para los menos desarrollados, introdujo una alta incertidumbre en los mercados financieros mundiales. La volatilidad de los capitales, conocida en el último tiempo en nuestros país, la dependencia de los centros financieros mundiales y la especulación financiera han derivado en la inestabilidad del sistema financiero.

La crisis financiera global ocurrida en 2008 ha dejado al desnudo la subordinación del sistema financiero mundial a los Estados Unidos, como así también la característica disfuncional del propio sistema. Un sistema financiero que ha generado riqueza a expensas de otros a través de prácticas deshonestas y anticompetitivas.

La deslocalización de la producción ha llevado, junto con la globalización financiera, a una pérdida de autonomía de las políticas económicas de los países. Los políticos se encuentran limitados por el humor de los mercados financieros y por las ventajas que pueden conceder a las empresas multinacionales.

Es de público conocimiento que las grandes empresas multinacionales han hecho uso de los bajos salarios en los países menos desarrollados. También se reconoce que la facilidad con la que se mueven las empresas alrededor del mundo pone en aprietos a los políticos. La amenaza de la destrucción de empleo por la falta de soluciones a las multinacionales es recurrente, y la creciente inmigración que sufren las economías más desarrolladas afecta a los ciudadanos de estos países.

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Las crecientes protestas de millones de personas alrededor del mundo son el reflejo del rechazo de esta parte de la población al sistema predominante.

Para estos grupos, los efectos de la globalización no han sido beneficiosos, tal y como se vislumbraba en sus inicios, más bien han sido perniciosos por la creciente inseguridad de los ciudadanos y por la pérdida de soberanía nacional de los Estados nación. Dicha inseguridad no solo se refiere al porvenir de sus estilos de vida (tanto de los propios como de las generaciones futuras), sino también a la seguridad física y de su entorno.

Estos síntomas se han manifestado con creces en los Estados Unidos y el Reino Unido en el último tiempo. El ascenso de Donald Trump al poder de los Estados Unidos, y la base de su electorado, es una muestra clara de las inseguridades vividas por muchos ciudadanos en este país. Las presiones sociales devenidas de estos fenómenos, obliga a los políticos a limitar las fuerzas intrínsecas de la globalización para atender las demandas de inseguridad de la sociedad ante riesgos globales.

En lo económico, el proteccionismo es lo primero en que se piensa cuando se intenta combatir el poderío del nuevo orden mundial. Donald Trump con su política proteccionista, es un reflejo de los fenómenos que se están viviendo. Sin embargo, debido al rol de los Estados Unidos en el comercio mundial y la propia interdependencia de los países, está socavando aún más el devenir del mundo en lo económico.

La discrecionalidad de Trump en su política comercial, basada en la seguridad nacional, ha incrementado la incertidumbre mundial. Las cadenas globales de valor se encuentran en una situación vulnerable y las condiciones financieras globales pasan por una creciente incertidumbre. Perjudicando a aquellos países que se encuentran más expuestos a las condiciones económicas externas. Quizás sea momento de repensar las instituciones en las que se basa la globalización, redirigiendo las propuestas hacia la protección social de los ciudadanos y minimizando las vulnerabilidades macroeconómicas externas a las que se enfrentan los países. ♣♣♣