“El objetivo de Macri, de disciplinar vía mercado a los trabajadores, fracasó”

“El objetivo de Macri, de disciplinar vía mercado a los trabajadores, fracasó”

Por Lucia Sabini Fraga

Adrián Piva es sociólogo y doctor en Ciencias Sociales. Actualmente se desempeña como docente en la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de Quilmes. Es investigador de Conicet y ha publicado diferentes libros e investigaciones: Movimientos sociales y acción colectiva en la Argentina de hoy (2007),  Acumulación y hegemonía en la Argentina menemista (2012), y más recientemente Economía y política en la Argentina kirchnerista (2015), entre otros.

–En relación al modelo actual del gobierno de Cambiemos, ¿cuáles crees vos que significaron las principales rupturas y continuidades respecto al modelo kirchnerista, en aspectos como ser el modelo y las dinámicas de acumulación, o en términos de forma del Estado?

–La primera diferencia tiene que ver con el objetivo estratégico del gobierno, que definió además su estrategia política. El anterior gobierno es producto de la crisis del 2001, es decir, producto de la presencia popular en las calles y en ese sentido su gobierno se caracterizó por una estrategia que intentó reconstruir el poder de Estado, canalizando esas demandas populares. Y a su vez con el límite de una dinámica de acumulación que no se había transformado radicalmente respecto de sus condiciones fundamentales de los 90. El gobierno de Macri, lo que viene más bien es a tratar de resolver el bloqueo popular al ajuste y la reestructuración; es un gobierno que viene a restaurar la autoridad del capital en el lugar del trabajo o a nivel social; y por eso intentó ligar a ese discurso de restauración de autoridad del capital con la restauración del orden sin más adjetivos: la idea de que es necesario que se cumpla la ley, y ese tipo de dichos. Esto es un aspecto central que diferencia al gobierno de Cambiemos del gobierno previo, y se expresa en diversos aspectos. Respecto a las medidas, este gobierno intentó utilizar el alza en la tasa de interés y la apertura de importaciones -la apertura comercial- como un intento de disciplinar vía mercado a los trabajadores y los sectores populares. Ahora, este plan fracasó. Entonces en ese sentido, más allá de la estrategia, hay que ver también los resultados ya que no logró recomponer la dinámica de la acumulación, sino que más bien el proceso de estancamiento y tendencia a la crisis continuó hasta el estallido de la crisis abierta, y por lo tanto no se puede hablar de una dinámica de acumulación del capital del período macrista; más bien es parte del período abierto del 2012 con esta especificidad, con esta particularidad. Y respecto a la cuestión estatal, lo mismo, porque en realidad la recomposición de la acumulación y el crecimiento económico, van de la mano también de la reconstrucción del poder estatal, como pasó en el 2003, como pasó después de la crisis del 89, y que tampoco ocurrió. Entonces lo que vemos en realidad son inconsistencias a nivel de la acción de las distintas dependencias del Estado. Estas tensiones aparecen muchas veces como contradicciones, entre una política de tasa de interés alta del banco Central y al mismo tiempo el gradualismo fiscal por el lado del Ministerio de Economía; o el hecho de que el Ministerio de Desarrollo Social debió sostener una política de contención del conflicto y por el otro, los intentos de reducir el personal del Estado, aunque con resultados limitados en el caso del Estado Nacional. A su vez, como no se reducía el déficit fiscal por las dificultades políticas, la política de endeudamiento también se acelera por la necesidad de cubrir gasto corriente. Entonces, este conjunto de inconsistencias de las políticas del Estado más bien también se explican en el fracaso de la política de gobierno de restaurar la autoridad capital.

–¿Cuales son para vos los principales desafíos del gobierno entrante, que probablemente cambie según todos los indicadores, y justamente cuales son las perspectivas que ves en relación a eso?

–El contexto en el cual asumirá el nuevo gobierno es difícil, no digo nada nuevo con esto seguramente. Efectivamente hay un problema serio en el sector externo, tanto en términos de endeudamiento externo como la negociación que va a tener que encarar con el FMI en particular. Y además, encuentra una economía en crisis y con altos niveles de inflación, con lo cual el escenario es complejo. Eso se articula además con el escenario global, con cierta desaceleración de la economía mundial que no ayuda ni va a permitir tener las condiciones que permitieron salir de la crisis del 2001. En ese sentido, la situación es bastante diferente de las del 2002. Por otro lado, también es cierto que los salarios cayeron muchísimo, las jubilaciones y todos los ingresos populares en general, y en ese sentido es posible que no sea necesario seguir ajustando por el lado salarial. Pero sí enfrentamos yo creo un problema serio porque la triple reforma -que era el programa de fondo del macrismo, es decir, la reforma laboral, la reforma tributaria y la reforma provisional- no solamente siguen en la agenda del Fondo Monetario y en la agenda de la clase dominante, sino que empiezan a ser aceptadas como algo inevitable. Ahí me parece que es importante volver a lo que hizo fracasar al macrismo, que fue la resistencia popular.

–Justamente en relación a esto último que señalas, el gobierno que entendemos que asumirá de Alberto Fernández, tiene apoyo de varios sectores, o incluso de un marco de organizaciones sociales bastante amplio, que entendieron justamente esta lógica de unidad por sobre lo que había de la vereda de enfrente. Ahora bien, ¿cómo se conjuga o se combina ese apoyo con la lógica de la resistencia y la movilización para enfrentar a todas estas medidas que nombras?

–Bueno, ahí es donde aparece el problema más serio. Uno de los peligros del próximo gobierno es que ese amplio apoyo tanto desde el mundo sindical como de los movimientos sociales, se traduzca en una política de desmovilización que permita viabilizar formas light de estas reformas. Esta es la principal dificultad que enfrentaríamos desde los sectores populares en el próximo gobierno. Ahora, también puede ser ese el elemento que introduzca cierta tensión interna en el gobierno, eso no lo podemos predecir. Hoy no podemos saber si lo que va a suceder es cierta institucionalización del conflicto, desmovilización y cierta derrota, que eso es lo que implicaría la triple reforma; o una fractura de la coalición política que reabra otra etapa de la crisis, que se agudice. Eso es imposible predecirlo, lo que tenemos a la vista son las tensiones y las dificultades. 

–De cara a los debates más actuales que tienen que ver con el medio ambiente y la explotación de los recursos naturales o bienes comunes, ¿crees que es posible salir de un modelo de acumulación o un modelo de desarrollo basado en el extractivismo? ¿Es Argentina un ejemplo de ese tipo de desarrollo?

–Eso es difícil decirlo. Hay otros países que claramente lo son, Bolivia por ejemplo tiene efectivamente su fundamento es el extractivismo, con el acuífero por ejemplo; lo mismo pasa en Chile con la minería, en Ecuador, en Perú. En Argentina tenés una economía más compleja, mucho más diversificada. La única manera de introducir Argentina dentro de la definición de extractivismo son estas definiciones más amplias que incluyen la producción agrícola. Si incluimos entonces la producción agrícola como producción, en ese caso sí la economía argentina tiene fuertes elementos extractivos. Yo creo que es un poco excesivo hablar de extractivismo para referir a efectivamente problemas que trae la producción agrícola, pero que no es la misma dinámica de economías que dependen de la extracción de petróleo, o que dependen de la minería, y Argentina no es un país de este tipo. Y sobre las posibilidades de cambiar la inserción internacional, que sería ese el problema, es muy difícil. El horizonte en el cuál Argentina por lo menos modifique su inserción internacional en términos del perfil exportador, eso no parece muy probable en lo inmediato.

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