Reforma impositiva global

Reforma impositiva global

Por Adrián Machado


Carta abierta de economistas a Biden en busca de reformar el sistema tributario internacional para eliminar el fraude fiscal y la evasión de las corporaciones. La propuesta de un impuesto corporativo mínimo del 25% sobre el ingreso global de las empresas multinacionales de los países del G-20. El caso de la UE.

A principios de semana Josep Stiglitz, José Antonio Ocampo y Jayati Ghosh, entre otros economistas -como Thomas Piketty, por ejemplo-, firmaron una carta abierta dirigida al presidente de los Estados Unidos Joe Biden en la que solicitan remodelar el sistema tributario internacional para garantizar una fiscalidad justa de las multinacionales y eliminar “uno de los aspectos más tóxicos de la globalización: el fraude fiscal y la evasión de las corporaciones multinacionales”.

“Una tributación justa de las multinacionales es necesaria para crear el tipo de sociedades a las que aspiramos, y debe ser una parte central de cualquier sistema fiscal progresista destinado a impulsar el crecimiento económico y crear altos estándares de vida para todos. Poner fin a la evasión impositiva de las empresas también es una de las mejores maneras de hacer frente a la creciente desigualdad de riqueza e ingresos“, sentencia la carta escrita por los economistas.

Los firmantes del texto enviado a Biden calculan que con las desviaciones de ganancias a paraísos fiscales, las grandes empresas privan a los gobiernos en todo el mundo de por lo menos 240.000 millones de dólares por año en ingresos fiscales: “Este déficit afecta no sólo a Estados Unidos, donde alrededor del 50 por ciento de las ganancias en el exterior generadas por multinacionales norteamericanas se transfiere a paraísos fiscales cada año, sino también al Sur Global, donde las fuentes de ingresos son más limitadas y donde, en consecuencia, la dependencia de la recaudación impositiva corporativa para financiar los servicios públicos es mayor”, menciona el documento en otro párrafo.

La propuesta más fuerte en este sentido es la de imponer un impuesto mínimo global: si los países del G-20 acordaran imponer un impuesto corporativo mínimo del 25% sobre el ingreso global de sus empresas multinacionales, más del 90% de las ganancias mundiales automáticamente estaría gravado con el 25%. “Por supuesto, también es esencial que un impuesto de estas características esté diseñado para asignar potestad tributaria de manera justa entre los países de origen y los países receptores de las empresas”, explica la carta.

Los economistas reforzaron que no existe ninguna evidencia de que la tendencia reciente hacia tasas más bajas del impuesto corporativo haya estimulado una inversión y un crecimiento productivos. “Está plenamente en nuestro poder construir un mundo post-pandemia que sea más sustentable, cooperativo y justo, donde las multinacionales paguen los impuestos que deberían pagar”, concluyen.

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Fiscalidad internacional

El núcleo del texto es el impuesto corporativo mínimo del 25% sobre el ingreso global de las empresas multinacionales de los países del G-20. Esta recomendación, junto a otras diseñadas para el futuro inmediato, fue propuesta a mediados de 2020 por ICRIT. La Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional (ICRICT) es una organización que busca promover el debate sobre la reforma de la tributación corporativa internacional.

“La crisis global del COVID-19 ha disparado el gasto público para apoyar la respuesta sanitaria, proteger el empleo y acompañar a las familias de menos ingresos. Pero la carga económica no debe recaer desproporcionadamente sobre quienes menos tienen”, afirmaba un documento del ICRIT en junio del año pasado. También planteaba la inviabilidad económica y social de bajar impuestos de sociedades con el objetivo de estimular la inversión en reconstrucción. En cambio, convertir el impuesto a las sociedades en una tributación más progresiva para proteger a las pequeñas y medianas empresas, así como un tope a la riqueza offshore, sería beneficioso y justo para la mayoría de la sociedad.

Para diseñar una salida responsable a la crisis, los gobiernos nacionales deberían tomar las siguientes medidas, afirma la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional:

  • Introducir impuestos sobre los servicios digitales, diseñados con carácter progresivo y que se apliquen sobre las rentas económicas generadas por las empresas multinacionales de este sector
  • Aplicar un tipo impositivo más elevado sobre los beneficios extraordinarios sobre las grandes empresas en los sectores oligopolizados;
  • Aplicar un 25% como tipo mínimo efectivo del impuesto sobre sociedades en cada país para detener la erosión de las bases imponibles y el desplazamiento de beneficios;
  • Exigir que para todas las empresas que reciban apoyo estatal tengan que publicar su reporte país por país -con los principales datos financieros y tributarios en cada territorio en el que operan-;
  • Publicar datos sobre la riqueza offshore para que cada jurisdicción pueda gravar de forma efectiva y progresiva el patrimonio neto de sus residentes, con un mayor control de los tipos reales que paguen las grandes fortunas y los contribuyentes de altas rentas.

La tasa del 25% sobre el ingreso global de las empresas multinacionales de los países del G-20 se inspira en precedentes similares de impuestos aplicados durante la segunda guerra mundial a los proveedores de material militar o en casos más recientes sobre ganancias inesperadas de determinados contratos petroleros, y que hoy afectaría muy probablemente a muchas de las empresas de e-commerce en la actualidad o del sector farmacéutico. Es fundamental que el enfoque sea global y progresivo: impuestos progresivos sobre los servicios digitales, que apuntan a la renta económica de los negocios digitales, de modo que la tasa impositiva aumente a medida que las ventas se incrementen.

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Paraísos

Otro aspecto central que la pandemia ha puesto de relieve, por si hacía falta, es el de la riqueza off-shore. Cuando las grandes empresas abusan de los paraísos fiscales para reducir al mínimo su contribución fiscal, también renuncian lógicamente a su pretensión de contar con apoyo de los gobiernos en los que se desarrolla la mayor parte de su actividad. Parece por tanto lógico prohibir el apoyo con fondos públicos a las empresas que tienen su sede o sus filiales en paraísos fiscales, como ya han propuesto algunos gobiernos. Además, la ayuda pública a grandes empresas debería estar condicionada a la publicación de los datos financieros de los reportes país por país.

La creación de este tipo de registros permitiría además identificar, medir y comprender mejor la concentración de riqueza, facilitaría un debate público y normativo bien informado sobre el grado de desigualdad deseado y sería un puntal de cambio hacia un diseño tributario que contribuya a la reducción de la desigualdad. Organismos como la OCDE podrían colaborar a que se logre el objetivo a través de intercambios de datos con todos los países, incluidos aquellos que no pertenecen a la organización. Así como publicar información sobre la riqueza off-shore por país de origen y destino.

En ese sentido es alentadora la medida efectuada por la UE de obligar a las multinacionales a publicar cuantos impuestos pagan en cada país miembro. La norma intenta evitar la evasión fiscal corporativa producida gracias a los paraísos fiscales existentes dentro de la misma Unión Europea.

La regulación se aplicará únicamente a las empresas con una facturación anual consolidada superior a 750 millones de euros, lo que excluye a nueve de cada 10 multinacionales. Por lo tanto, solo afectará a gigantes como Apple, Facebook y Google. Algunas de estas empresas evitan impuestos al trasladar sus beneficios de países con tasas más elevadas, como Francia y Alemania, a otros con bajos impuestos como Irlanda, Luxemburgo, Malta, Chipre o Países Bajos. Una propuesta similar ya existía desde 2016, pero varios de los países con bajos impuestos la bloqueaban. Irlanda es uno de ellos. Google, Facebook y Apple tienen su sede en la isla.

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No son políticas o ideas aplicables para la pospandemia que nunca llega, son esquemas que requiere urgente discusión pública y posterior aplicación para remediar un aspecto nada entrañable de la “vieja” normalidad. ♣♣♣

#PA.