Deuda y Fuga

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Por Adrián Machado


El BCRA informó que durante la presidencia de Mauricio Macri se fugaron más de 86.000 millones de dólares. Diez personas lo hicieron por casi USD 8.000 millones y los cien primeros sacaron USD 24.679 millones del sistema financiero local en menos de cuatro años.

“Todos hemos visto impávidos cómo los dólares que deberían haber financiado el desarrollo productivo acabaron fugándose del sistema financiero, llevándose los recursos y dejándonos la carga de la deuda. Esas prácticas son absolutamente reñidas con cualquier idea de progreso. Es la especulación más dañina que puede enfrentar una sociedad: endeudarse solo para el beneficio de los especuladores y del prestamista. Debemos saber lo que pasó, quiénes permitieron que ello suceda y quiénes se beneficiaron con esas prácticas. Necesitamos no hacernos los distraídos ante lo ocurrido, porque el riesgo que acarrea tal distracción es la concreción de un daño inmenso que deberían soportar varias generaciones de argentinos”, con esas palabras Alberto Fernández se dirigía a la Nación el 1 de marzo en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso. Allí informaba que el Banco Central estaba trabajando en dilucidar como se produjo el fabuloso proceso de endeudamiento y fuga de capitales propiciado por el macrismo.

Finalmente, el organismo presentó el informe “Mercado de cambios, deuda y formación de activos externos, 2015-2019” este jueves. El reporte recuerda los resultados del modelo macrista: “un ciclo de endeudamiento que condujo a una severa crisis de balance de pagos, devaluación del peso, aceleración inflacionaria, recesión y desempleo creciente”. Otros hitos del gobierno anterior fueron: caída del PIB en tres de los cuatro años de gestión, la tasa de inflación más alta de los últimos 28 años -en 2019-, el nivel más alto de desempleo en 13 años y más de 35% de la población sumergida en la pobreza al finalizar su mandato. 

“Lejos de las auspiciosas promesas”, continúa el informe, “la deuda externa no trajo consigo el desarrollo de nuevas y mejores capacidades productivas que favorecieran el crecimiento y desarrollo del país”. El año pasado el peso de la deuda pública fue del 90% sobre el PIB y sus intereses consumieron el 20% de los recursos tributarios. “La deuda denominada en moneda extranjera representa 5,6 veces el valor de las reservas internacionales en poder del BCRA y 3,8 veces el monto de las exportaciones anuales de bienes”, detalla el documento.

Deuda y fuga son dos caras de la misma moneda, coexisten y se retroalimentan. La contracara de la desenfrenada toma de deuda fue la gigantesca fuga de capitales “cuyos beneficiarios constituyen un reducido grupo de empresas y personas que aprovecharon las ventajas transitorias de un modelo que ofrecía importantes rendimientos financieros”. Entre diciembre de 2015 y octubre de 2019, la fuga de capitales superó los USD 86.000 millones. El 1% de las empresas concentró las tres cuartas partes de la formación de activos externos realizado por personas jurídicas. Y solo el 1% de las personas humanas contabilizaron el 22% de la fuga efectuada por individuos.

A partir de diciembre de 2015 se produjo una desregulación y flexibilización del mercado cambiario, además se modificaron los regímenes de información y el esquema organizacional que contaba el BCRA para la fiscalización. Eso generó las condiciones para un nuevo ciclo endeudamiento y valorización financiera, el libre movimiento de los capitales aumentó sustancialmente la vulnerabilidad de la economía local a los shocks externos.

¿Para qué se utilizó el endeudamiento en dólares? “Las divisas provenientes de la deuda externa eran ingresadas al país y canjeadas por pesos. Dichos pesos eran luego absorbidos por los instrumentos de deuda del Banco Central en el marco de su estrategia de regulación monetaria. De esta manera, el Gobierno emitía deuda en dólares para solventar sus necesidad fiscales y externas, al tiempo que el Banco Central emitía deuda para neutralizar los efectos monetarios de la deuda del Tesoro”, se contraía deuda para compensar los efectos monetarios de la propia emisión de deuda del Estado nacional. Argentina se convirtió en el principal colocador de títulos soberanos en los mercados internacionales entre enero de 2016 y abril de 2018.

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Endeudar y fugar

“Los dólares del endeudamiento mediante colocaciones de bonos hasta principios de 2018, y con el FMI después, alimentaron un ciclo de especulación financiera que terminó en una severa crisis de sobreendeudamiento, devaluación del peso, aceleración inflacionaria, profunda recesión, desempleo, pobreza creciente y deterioro de la distribución del ingreso”, especifica el texto producido por el Banco Central. Además, explica que la entrada de divisas vía endeudamiento financió la formación de activos externos, sumado al déficit de la balanza de servicios –ligados fundamentalmente al turismo– y el creciente pago de intereses tornaron insostenible el programa macroeconómico instalado por la administración Cambiemos. Esto se hizo evidente cuando fue imposible refinanciar las deudas, debido al cierre de los mercados internacionales a principios de 2018. Esa fue la segunda etapa del gobierno encabezado por el PRO, signado por la inestabilidad cambiaria, la salida de capitales especulativos, la aceleración de la fuga y la pérdida de reservas internacionales.

De los 86,2 mil millones de dólares fugados entre enero de 2016 y octubre de 2019, USD 41,1 mil millones lo hicieron durante la primera fase. Cuando se aceleró la salida de capitales, ante el colapso del modelo económico, lo hicieron los USD 45,1 mil millones restantes.

“La evolución de la formación de activos externos, que operó prácticamente sin restricciones desde 2016, se triplicó en cuatro años al pasar de USD 8,5 mil millones en 2015, a niveles cercanos a los USD 27 mil millones en los años 2018 y 2019”, subraya el informe.

Hay diferencias entre las operaciones que involucran al dinero físico y las que no lo hacen. El 74% de la demanda neta de activos externos en el periodo abarcado es explicada por las operaciones con billetes, realizadas casi en su totalidad por personas humanas. Entre 2016 y 2019, la compra de billetes por este grupo superó los USD 62,6 mil millones.

Por su parte, las transferencias netas al exterior -divisas- fueron efectuadas mayormente por personas jurídicas y otros -empresas y fondos comunes de inversión-. No obstante, la formación de activos externos de los individuos bajo la forma de compras netas de divisas se aceleró en 2019, llegando a los USD 4 mil millones.

La cantidad de personas que accedió al mercado de cambios se mantuvo en torno a los 4 millones entre 2016 y 2018. En cambio, en 2019 se registró un máximo de 5,5 millones de personas que accedieron al mercado para adquirir billetes comprando unos USD 3.900 per cápita.

La fuga de capitales mostró a lo largo del período elevados niveles de concentración. Los 100 mayores compradores demandaron USD 24.679 millones entre diciembre de 2015 y octubre de 2019. Si se consideran a los mayores 10 compradores, sus operaciones alcanzan los USD 7.945 millones. Si, 10 personas fugaron casi 8 mil millones.

Si se toma a las personas humanas que tuvieron una formación de activos externa neta positiva, el 10% concentró el 63,8% de las compras realizadas por individuos, es decir USD 47.006 millones. Si vamos a la punta de la pirámide vemos que el 1% de las personas con mayores compras netas, 66.639 individuos, compraron USD 16.206 millones –el 22% del total–.

Por otro lado, las personas jurídicas y otros –empresas y fondos comunes de inversión–muestran una concentración aun mayor que las personas humanas: el 10% de los que más compraron –8.257 empresas– lo hicieron por USD 51.742 millones en concepto de formación de activos externos. El 1% de las mayores empresas compradoras –853 compañías– adquirieron divisas por USD 41.124 millones –el 73,8% de las compras netas del total de las empresas–.

Es interesante observar la composición sectorial de las empresas compradoras porque de esa manera se aprecian los ganadores de la era macrista: primeros se ubican los inversores institucionales junto a las firmas del sector energético. Luego siguen los sectores de Químicos, Caucho y Plástico, las Comunicaciones, el Transporte, Alimentos, Bebidas y Tabaco, Maquinarias y Equipo y la industria Automotriz. 

“La mayor parte de la formación de activos externos terminó fuera del sistema financiero local. El stock de billetes que el sector privado mantiene en su poder por fuera del sistema –el denominado “colchón”–, cerró 2019 en USD 175 mil millones –aumentó USD 55 mil millones respecto de diciembre de 2015– y los depósitos en el exterior alcanzaron USD 44 mil millones, USD 14 mil millones por encima de diciembre de 2015”, finaliza el reporte del Central.

La fuga se detuvo cuando se reestablecieron los controles en el acceso al mercado de cambios. Las compras de billetes pasaron de un promedio mensual de USD 1.513 millones a USD 214 millones en el ultimo bimestre del año pasado. Entre enero y febrero de este año, las compras y ventas de billetes de los individuos casi se compensaron. “La cantidad de individuos que accedieron al mercado para la compra de billetes en moneda extranjera registró una caída sustancial tras la aplicación del impuesto PAIS. En comparación con el pico de octubre y diciembre pasados, de 2,6 millones de personas por mes comprando dólares, en los últimos 2 meses tan sólo 500 mil personas accedieron al mercado de cambios para la compra de billetes”, concluye el trabajo del BCRA.

En suma, solo el 4% del capital ingresado en el periodo 2016/2019 fue destinado a la inversión –IED, inversión extranjera directa–, el resto fue a la formación de activos externos. Lo que se fugó fue la inversión, el consumo de las capas sociales acomodadas no se resignó. Sería interesante conocer los nombres propios de individuos y empresas que participaron de tales maniobras, ya que algunos de ellos han pedido ayuda al gobierno para pagar sueldos en este periodo. Mientras que otros se oponen férreamente a cualquier tipo de impuesto a la riqueza y militan fervientemente un acuerdo, a como dé lugar, con los acreedores de la deuda externa bajo legislación extranjera –esto se explica, entre otras razones, porque ellos mismos son tenedores de bonos–.

Todo lo fugado en el periodo 2016-2019 equivale a los gastos de más de 3 años y medio de importaciones de bienes de capital e insumos de uso difundido.       ♣♣♣

La Justicia debe investigar

Por Fernando Oz

Los números espantan, especialmente si se tiene en cuenta la reducida cantidad de personas que sacaron más de 86.000 millones de dólares del sistema financiero del país durante los últimos cuatro años. ¿Qué responsabilidades les cabe en la crisis económica que se heredó de la gestión de Mauricio Macri? El hecho debería ser investigado por Justicia, el Poder Ejecutivo tendría que agilizar todos los mecanismos para colaborar con la investigación, y el Congreso debería crear una comisión para que investigue el asunto. Difícilmente se pueda probar de que se haya tratado de una asociación ilícita montada sobre el plan económico de un gobierno, o algún tipo de complicidad de funcionarios del Estado, aunque probablemente hubiese sido así. De todos modos debería investigarse los hechos.     ♣♣♣

#PA.

Sábado 16 de mayo de 2020.
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