Capitalismo y Estado

Capitalismo y Estado

Por Adrián Machado


La pandemia, y la búsqueda de vacunas efectivas contra el Covid-19, trajo nuevamente a escena la discusión sobre el rol del Estado. Recientemente se enfrascaron en ese debate el premier británico Boris Johnson y la economista italiana Mariana Mazzucato.

El Reino Unido es uno de los países que más y mejor ha vacunado a su población hasta el momento. De todos modos, la pandemia está lejos de finalizar y las restricciones continúan existiendo. El Primer Ministro Boris Johnson atribuyó el éxito de la vacuna en su territorio (desarrollada por la Universidad de Oxford conjuntamente con el laboratorio farmacéutico anglo-sueco AstraZeneca) al “capitalismo” y la “codicia”.

En un artículo publicado el sábado pasado en The Guardian la economista italiana Mariana Mazzucato, autora de “El Estado Emprendedor”, recapituló las ideas vertidas por Johnson desde el inicio de la pandemia del coronavirus. Hace unos meses, el sucesor de Theresa May afirmaba, por ejemplo, que “los de izquierda, que piensan que todo puede financiarse con el dinero del contribuyente…llega un momento en que el Estado debe correrse y dejar que el sector privado se ocupe de ello”.

En el caso británico, la vacuna fue creada por científicos de la Universidad de Oxford y desarrollada y distribuida por AstraZeneca. Sin embargo, el gigante farmacéutico es quien se llevó el reconocimiento público. Cuando, recuerda la economista italiana, se ha invertido una cantidad sin precedentes de fondos públicos en la investigación, desarrollo y fabricación de vacunas.

Los principales candidatos a desarrollar vacunas recibieron en el Reino Unido 12.000 millones de dólares de dinero público aproximadamente, entre los que se cuentan 1.700 millones para Oxford/AstraZeneca y 2.500 para Pfizer/BioNTech. Claramente ha sido una inversión de riesgo, así como la garantía de que las empresas privadas que produzcan exitosamente una vacuna contra el Covid-19 sean recompensadas ampliamente con una demanda gigantesca.

Una de las razones del éxito en el desarrollo de las vacunas, explica Mazzucato, ha sido la inversión pública en las primeras etapas, las más arriesgadas debido a que no se ha formado un mercado viable aún. Una coordinación gubernamental eficaz y orientada hacia el objetivo: política industrial, inversión científica-tecnológica, contratación pública estratégica y asociaciones público-privadas, allí estuvieron las claves del logro.

Sin embargo, a pesar de la fortaleza británica en el sector de Salud, no se ha fomentado una base industrial interna que pueda producir vacunas en masa y otro tipo de productos sanitarios: el cuello de botella en la producción ha llevado a las recurrentes disputas con la UE por la provisión de dosis. “Si los ministros hubieran propuesto un plan para invertir en fábricas de vacunas antes de la pandemia de coronavirus, probablemente se habrían encontrado con una recepción poco entusiasta”, señala la italiana y afirma que “es vital una estrategia industrial a largo plazo que invierta en productividad y crecimiento económico y que, al mismo tiempo, se centre en retos más amplios como la crisis climática y futuras pandemias”.

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Recortes

Un aspecto que recorre el camino inverso para lograr éxito sanitario, indica Mazzucato, es la reciente desaparición del Consejo de Estrategia Industrial británico. El gobierno dirigido por Johnson se comprometió a duplicar el gasto público en I+D hasta alcanzar los 22.000 millones de libras en 2024-25, y al mismo tiempo propone recortar el presupuesto de Investigación e Innovación del país, reduciendo a la mitad la financiación de proyectos de desarrollo internacional.

Según afirma la investigadora, estos movimientos pueden socavar la estructura que fue fundamental para el éxito de las vacunas en el Reino Unido. Por lo tanto, la nueva Agencia de Investigación Avanzada e Invención podría ser una mera distracción, ya que está inspirada en su par estadounidense: Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada, que “ha tenido un gran éxito precisamente porque se encuentra dentro de una infraestructura de investigación vibrante y descentralizada, respaldada por la inversión pública en ciencia, que la administración Biden tiene previsto impulsar”, reseña Mazzucato.

No es menor que los recortes se produzcan durante una pandemia global, destaca el texto, y vuelve sobre las palabras de Johnson: cuando se refirió a la codicia, señaló lo que está mal en el sistema, no lo que merece destacarse. La vacuna por si sola no será suficiente para erradicar al coronavirus, incluso el Reino Unido no estará a salvo hasta que la mayor parte de la población mundial haya sido vacunada (este pensamiento egoísta es compartido por casi todos los países centrales). La codicia no ayudará a garantizar la disponibilidad de vacunas para toda la población terrestre.

La autora aborda luego otro tema nodal: el del acceso a los conocimientos técnicos y la tecnología. El monopolio de las patentes por parte de las Big Pharma atenta gravemente al combate contra el coronavirus (y no solo). Aunque casi el 75% de los ciudadanos británicos apoya este tipo de medidas, su gobierno ha bloqueado la exención temporal sobre la propiedad intelectual de las vacunas.

“Cuando la codicia es la filosofía que guía a un gobierno, el ‘apartheid de las vacunas’ está prácticamente garantizado. El 56% de los más de 455 millones de dosis de vacunas ya se han destinado a personas de países de renta alta y sólo el 0,1% se ha administrado en los 29 países de renta más baja. Es poco probable que Covax, que pretende vacunar hasta el 27% de la población en 92 de los países más pobres, sea suficiente por sí solo” concluye Mazucatto y enfatiza que la visión de Boris Johnson de un capitalismo codicioso es incompatible con el objetivo de vacunar a todo el mundo y así eliminar la pandemia.

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Como afirma la economista en “El Estado Emprendedor”: “Vivimos en una era en la que se está reduciendo el papel del Estado. Se externalizan los servicios públicos, se recortan los presupuestos y muchas estrategias nacionales las dicta el miedo en lugar del valor. Gran parte de estos cambios se están llevando a cabo bajo la excusa de hacer a los mercados más competitivos y dinámicos”, y llama a repensar la discusión sobre el Estado, sus mitos y la dicotomía con el sector privado.

Las ideas expuestas por Mariana Mazzucato con respecto al Reino Unido son extrapolables en su mayoría al resto de los países, tanto centrales como periféricos. ♣♣♣

#PA.