La ruta de las misiones

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Por María Angélica Troncoso

Los pueblos que siglos atrás albergaron las misiones evangelizadoras de los jesuitas en Suramérica se integran por primera vez en una ruta mística que evoca a la del Camino de Santiago franco-español y que permite a turistas conocer los patrimonio de las misiones en Paraguay, Argentina y Brasil.

La primera edición de la ruta turística internacional El camino de las misiones, que integra las ruinas de las 30 comunidades católicas establecidas por la Compañía de Jesús entre los siglos XVII y XVIII, fue inaugurada el 17 de agosto con un primer grupo de caminantes que terminará el trayecto el próximo 15 de septiembre, cuando arribe a la ciudad brasileña de Santo Angelo.

En total serán 741 kilómetros de camino recorridos a pie en 30 días con las debidas pausas para descanso y comida. El proyecto, que incluye 7 misiones en Brasil, 8 en Paraguay y 15 en Argentina, tomó 25 años en hacerse realidad, resultado de un esfuerzo aunado entre el sector público y privado de las tres naciones.

La idea nació en 1994 pero comenzó a tomar forma después de 2001, cuando empezaron a realizarse las primeras caminatas por las misiones ubicadas en tierras brasileñas. Ahora, El camino de las misiones es el primer producto integrado de turismo del Mercosur, el bloque de integración económica en el que participan Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay.

“El año pasado se experimentaron las rutas de las misiones en Paraguay y Argentina, y ahora, después de tantos años se logró lo que estábamos buscando, una ruta por los tres países”, explicó a EFE José Roberto de Oliveira, coordinador de la travesía en Brasil.

Consideradas como la primera experiencia misionera española en Suramérica, en una región que hoy abarca la zona de frontera de Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay, las misiones de la Compañía de Jesús impulsaron un modelo de desarrollo innovador para su época, según de Oliveira.

Para este investigador y experto en la historia de las misiones, los jesuitas llegaron a la región con el objetivo de evangelizar a las etnias nativas, principalmente la Guaraní, una labor que, lejos de ser forzada, los sacerdotes lograron con base en la palabra y el ejemplo.

En estas misiones, que eran una especie de comunidades autosuficientes, los sacerdotes de la Compañía de Jesús instruyeron a los pueblos originarios guaraníes en oficios como la agricultura y en artes como la música.

Las herramientas que llegaron con los sacerdotes para labrar la tierra, así como los alimentos allí producidos y todos los animales y elementos que hacían parte de la comunidad, fueron considerados como propiedad colectiva de una sociedad en la que no existía el Estado ni las clases sociales, y en la que se convivía en armonía.

De acuerdo con de Oliveira, algunas misiones llegaron a contar con más de 7.000 guaraníes y el número de habitantes en los 30 pueblos que surgieron entre 1609 y 1768 sumaron casi 150.000 personas.

Y es que el tema ha sido objeto de interés mundial durante años y hasta inspiró al director británico Roland Joffe a rodar La Misión (1986), uno de los filmes más aclamados de Hollywood, merecedor de varios premios internacionales, entre ellos, la Palma de Oro en el festival de Cannes y el Oscar por su fotografía.

Uno de los aspectos más relevantes del recorrido es la huella española de las misiones que aún se percibe en las ruinas de estos 30 pueblos, muchos de los cuales son considerados patrimonios culturales de la humanidad.

Sao Miguel das Missoes, una ciudad brasileña localizada en el sureño estado de Río Grande do Sul, alberga tal vez las más importantes de todo el recorrido, unas ruinas cuya importancia es “equiparada con las de Roma”.

La ruta de las misiones se inspiró en el conocido camino de Santiago, la red integrada por doce rutas de peregrinación cristiana de origen medieval que parte de los Pirineos occidentales, y recorre el norte de España hasta llegar a Santiago de Compostela, capital de Galicia.

Aunque puede parecer largo el recorrido, de Oliveira asegura que es una ruta tranquila, con una topografía amigable y que, a diferencia del camino de Santiago, donde la temperatura a veces tiene cambios bruscos, en el de las misiones el clima no juega malas pasadas.

El entrenamiento previo es clave porque “es un recorrido que no se hace de la noche a la mañana y necesita preparación”. Por eso de Oliveira aconseja comenzar con caminatas más cortas –las hay desde tres hasta 14 días– para irse adaptando a la región y a las condiciones climáticas y topográficas del recorrido.

Guías especializados y toda una red de hoteles, posadas y hasta haciendas forman parte de esta aventura que además de sumergir a los participantes en un recorrido místico e histórico, les presenta una experiencia gastronómica y cultural de los tres países.  ♣♣♣

Fotografía: EFE/Fernando Gomes.

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