El mundo fantástico de Cortázar

El mundo fantástico de Cortázar

Por Penélope Canónico

Decía Gérard Genette, a finales de los setenta del siglo pasado, que el objeto de la poética es la transtextualidad, entendida como la literalidad misma, es decir, todo lo que pone al texto “en relación, manifiesta o secreta, con otros textos”. Julio Francisco Cortázar fue un enamorado del mundo clásico, universo al que se acercó en su juventud, siempre alentado por el saber de Arturo Marasso.

Su fascinación por la mitología griega y romana se refleja en la producción de Bestiario, su primer libro de cuentos donde se visibiliza la tendencia que marcará un recorrido hacia lo fantástico de un modo original. Es que no sólo se presenta ese registro en lo temático o en los sucesos narrados, sino que también está reforzado desde lo discursivo y desde la estructura misma de los relatos.

Las derivas de un entusiasmo que deja huellas en las lecturas de varios de sus escritos. De hecho, la curiosidad por el mundo helénico puede leerse en el  estudio que hizo sobre la obra de John Keats (a quien le dedica varios escritos que se reúnen en un volumen póstumo).

Luego, escribió textos en los que muestra las posibilidades de transformación y adaptación del mundo antiguo a otros espacios y tiempos. Mediante esas reescrituras, Cortázar trató de entender el presente que le tocó vivir.

Al igual que Keats, entiende el elemento mitológico desde el universo de las formas. En sus producciones, persiste una visión del mito que impresiona más que el modelo anónimo recreado por la literatura.

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Casa tomada

El relato, que inicia al libro Bestiario, narra la historia de dos hermanos quienes viven en una realidad diferente. Encerrados en su hogar hasta que se ven sometidos por unos intrusos que ingresan sin permiso y “toman” la casa. Abandonan el lugar sin siquiera luchar por sus pertenencias.

Aislamiento de Latinoamérica luego de la segunda guerra mundial, una alegoría del peronismo o de la expulsión de Adán y Eva del Paraíso o bien, una recreación del mito del minotauro. Las interpretaciones abundan y se entremezclan en función del contexto histórico.

Se constituyen dos mundos antagónicos: el cotidiano, real, y el otro inexplicable, inasible, extraño, siniestro. Opuestos que se combinan para desestabilizar la lectura. Por un lado, la vida rutinaria, ociosa, aparentemente “tranquila” y sin sobresaltos de dos hermanos; y de pronto, la invasión de algo extraño, misterioso, indeterminado y, a la vez, esperado y aceptado por los protagonistas. La modificación de tiempo verbal (del pretérito imperfecto al pretérito perfecto simple) anticipa la inminencia de un suceso que “de repente” suspende la cotidianeidad inicial. Lo bestial es lo indeterminado, un “algo” imposible de definir.

Vacilación, temblor, extrañeza. El género fantástico en Cortázar se presenta dentro de un contexto familiar donde algo va mutando hasta sufrir una completa transformación. La angustia que experimenta el lector surge ante la posibilidad de que la ficción suceda en su propio mundo.

La sensación de estar al borde de un abismo, ante una caída inminente, lo sumerge dentro del universo que Cortázar va construyendo; no sólo desde el contenido de los relatos, sino también desde el discurso, la estructura y las zonas de neutralidad que cruzan la escritura. El entorno de los hechos narrados es tan familiar y cotidiano como el propio mundo y así, uno cae en la cuenta de que lo siniestro acecha. Piensa que cualquier momento puede exceder los límites textuales y emerger en la realidad externa. Hablemos de la propagación de coronavirus…

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#PA.