Vallejo y el universo del azar

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Por Penélope Canónico


Construir la identidad lírica en primera persona y marcar así un rasgo autorreferencial, ha sido una característica del discurso poético desde el romanticismo, que alcanzó su apogeo en el modernismo y vanguardismo.

Los poemas de Vallejo funcionan como hipertextos que engendran distintas temáticas y revelan figuras vinculadas a la isotopía temática familiar. Sujeto universal que recrea vivencias; expresa percepciones, sensaciones y sentimientos. Describe un universo ilógico, desordenado, caótico y regido por el azar. James Higgins lo llamó absurdo. Esta forma de concebir la realidad se concretiza mediante varios elementos de estilo como, por ejemplo, el empleo de guarismos. Símbolo de cambio, división y heterogeneidad. La vida misma.  Su finalidad es representar a un mundo fragmentado que sufre transformaciones continuas.

Vallejo representa su propia manera de pensar mediante la inversión del orden normal de las cosas. Opone el sentido de sus versos, distorsiona la sintaxis, modifica los sustantivos por calificativos y convierte los verbos en adverbios para transmitir su propio pensamiento. El ser humano aparece sujeto a múltiples tensiones. Encuentra su razón de ser en la colectividad, manifestando preocupación por la existencia del ser humano, por su interacción con otros seres y por su musicalidad con el entorno que lo rodea.

***

Trilce, obra cumbre de la vanguardia poética

Los sonetos algo anómalos y setenta y cinco composiciones de estrofas no tradicionales y de versos libres y blancos conforman Trilce. Puesta en funcionamiento de un lenguaje completamente novedoso para 1922, año en el que se publicó.  Evocación ideal del ámbito familiar provinciano y, al mismo tiempo, transfiguración en espacio de orfandad y desolación. La idealización de un pasado infantil, donde la relación con la madre es fundamental, no le sirve al yo lírico para contrarrestar la impresión de abandono que experimentó al alejarse de él. Un yo poético escindido.

Con un tono evocativo de la infancia, el retorno al hogar funciona como un leitmotiv. La memoria se nutre de la calidez de la casa, pero también manifiesta su distancia al despertar la orfandad. Dos niveles temporales marcan la fractura: el tiempo de lo evocado y el de la evocación. Además, la figura simbólica de la madre no recrea, como podría suponerse, la necesidad psicológica de retorno al espacio de protección infantil, sino que acrecienta la atmósfera dolorosa en su ausencia. De allí que las primeras líneas del poema III digan:


Las personas mayores

¿a qué hora volverán?

Da la seis el ciego Santiago,

y ya está muy oscuro.

Madre dijo que no demoraría.


 La soledad inerme del yo se agudiza desde el primer momento. Sin preámbulo, el poema desnuda la condición existencial de abandono: las personas mayores, símbolo del orden que rige el seno hogareño, se han ido. El tiempo de la infancia se reivindica como espacio primordial en oposición al orden. Quien da las seis es el campanero ciego Santiago, metáfora de Cronos, que impera en el Caos universal anterior al orden definitivo del universo impuesto por Zeus. Santiago, además, figura de la oscuridad sincrética con la del afuera —“y ya está muy oscuro”—, se impone en relación con la ciudad provinciana a la que se alude a lo largo de Trilce. Así, el escenario de la infancia se conjuga con la visión de un universo prístino —el reino de Cronos— donde el orden que se ha impuesto en el mundo moderno está todavía ausente. Retorno al origen, sí, pero para mostrar un yo cuya orfandad es resultado de un orden confuso donde la gran figura, la madre, tampoco aparece. Porque el poeta no ha escogido “mi madre”, sino Madre, lo que universaliza el sentido de orfandad del sujeto poemático. Además, es el yo quien  asume una suerte de paternidad frente a los otros huérfanos: “cuidado con ir por ahí”. Y es ese ahí que veda el sujeto, donde han ido sus congéneres “ganguenado —llorando, gimiendo— sus memorias penas” (metáfora del dolor que provoca la memoria que doblega y produce el “gangueo”), el lugar omnímodo del desabrigo. Además,  eEl monólogo trilciano agudiza las sensaciones de soledad mediante el uso del vocativo y de las formas lexicales coloquiales:


Ya no tengamos pena. Vamos viendo

los barcos ¡el mío es más bonito de todos!

con los cuales jugamos todo el santo día,

sin pelearnos, como debe de ser:

han quedado en el pozo de agua, listos,

fletados de dulces para mañana.


El monólogo del yo se interrumpe abruptamente al final del poema, se produce un giro al darse cuenta que el único solo es él. La pregunta por sus congéneres revela la angustia existencial que produce el abandono. A lo largo del texto, Vallejo se vale del vocativo para darnos la ilusión de una orfandad compartida. Ese dirigirse le permite delimitar el topos de la infancia hasta cierto punto feliz, solo interrumpida por la ausencia de la madre. El vuelco final extrema dicha ausencia: llama, busca en la oscuridad y reclama lo que es obvio: “No me vayan a haber dejado solo / y el único recluso sea yo”.El hecho de que este texto haya sido escrito posiblemente en la cárcel no parece ser determinante en la alusión final, porque la referencia directa, que bien podría marcar la fusión del sentimiento doloroso de la privación de la libertad en consonancia con el abandono de la infancia, no produce una transformación semántica en la cosmovisión que hemos advertido en el texto, más bien perturba la posibilidad de una interpretación menos biográfica. La sensación de orfandad que produce la partida de las personas mayores se metaforiza en el dolor del recluso, y no al revés. La fragmentación del sujeto se produce al evocar —desde un cronotopos lejano— un espacio que no logra aplacar el sentimiento de orfandad, más bien lo multiplica.

En el poema XXVIII,  la voz poética también adopta un tono desgarrado que se manifiesta por la constatación del quebrantamiento del hogar propio.Aumenta la tensión lírica frente a la nostalgia de un pasado ya abolido:


He almorzado solo, y no he tenido

madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua,

ni padre que, en el facundo ofertorio

de los choclos, pregunte para su tardanza

de imagen, por los broches mayores del sonido.

♣♣♣

#PA.

Sábado 14 de noviembre de 2020.
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