Emma Zunz: un cuento borgeano inquietante

Por Penélope Canónico

Por Penélope Canónico


Las letras de Borges constituyen un axioma en la literatura argentina. El legado de su obra trascendió las fronteras. El texto policial Emma Zunz, inscripto en El Aleph, propone una lectura en clave que cruza tanto al discurso literario como al jurídico.

“El texto borgeano inquieta al lector”, afirma Sylvia Moloy, escritora, crítica y ensayista, para referirse al vaivén de un discurso oscilante que se insinúa en los primeros textos poéticos del literato.Así, Fervor de Buenos Aires, Luna de enfrente y Cuaderno de San Martín renuevan la perspectiva de Baudelaire: la de un paseante ocioso en una ciudad crepuscular que ya no es suya, que busca espacios libres y no quiere renunciar a su mundo privado. Estas ideas pueden reconfigurarse en uno de los cuentos que integran El Aleph, una de las obras más conocidas de Borges.

Se trata de un texto breve que se inserta dentro del género policial porque la historia se desarrolla a partir de un dilema. En esta tesitura, el autor posiciona al lector para que actúe como investigador, descifrando el enigma planteado al inicio del cuento. Sin embargo, el asesinato explícito subvierte la estructura del policial clásico: relata la venganza de la protagonista contra su empleador, Loewenthal que tras recibir una carta anunciando el suicidio de su padre, motivado por una falsa acusación, se propone matarlo bajo la apariencia de un acto en defensa propia.

En efecto, Borges utiliza al delito como singularidad para narrar una historia ficticia y contar una trama interesante. “La imagen del crimen representada literalmente puede resultar más temible para el espíritu que el mismo crimen realizado, el cual se presenta como una rama de la producción capitalista”, destaca Josefina Ludmer, escritora argentina, en su libro El cuerpo del delito. Por su parte, Beatriz Sarlo, periodista y ensayista argentina en el ámbito de la crítica literaria y cultural, explica: “El cuerpo muestra su independencia frente a los pasos de un plan, gobernado por la conciencia, para vengar su entrega y la de todas las mujeres. La policía creyó su historia porque las emociones que emergen de su declaración son verdaderas”.  De manera que el ultraje conecta a Emma con una noción desviada de hacer justicia ya que está convencida de que realiza un acto de equidad divina para remediar el error que los tribunales le niegan.

En este contexto, teje una tela, trampas mortales, para atrapar a su víctima. En tal sentido, su cuerpo es un lenguaje donde se leen múltiples verdades porque mata y notifica una verdad: “El temor se perdió en la tristeza de su cuerpo, en el asco”. De modo que la protagonista enmascara su plan sin revelarlo. Siguiendo esta línea, configura la imagen de una prostituta para simular otra. Inicia un juego de máscaras: aparenta venderse para incriminar, aparenta ser instrumento de justician divina, pero venga una afrenta personal, aparenta ser víctima pero es victimaria, actúa motivada por odio pero padece por amor.

En consecuencia, la lectura de la ficción invita a emprender un juego ingenioso que consiste en revelar las dualidades de un mismo discurso.  Emma es autora y víctima de un destino desfavorable por lo cual decide borrar las huellas que la incriminan, fabricando una hipótesis que le permita modificar lo sucedido. Justamente, inventa una historia que la teoría jurídica desarticula. Por un lado, no existe violación porque si bien el texto sugiere que hay acceso carnal, no se dan los elementos subjetivos exigidos por el tipo penal: sujeto menor de 13 años, mediar violencia -despliegue de energía física para vencer resistencia opuesta por la víctima- y no consentir libremente la acción. Tampoco hay estupro porque si bien el acto sexual fue consentido y presenta inmadurez, ella no es menor de 16 años. Por otro lado, tampoco presenta legítima defensa ni otra causa exculpante porque exigen agresión ilegítima -afectación de un bien jurídico-, necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla -debe ser la única herramienta que el sujeto tiene a su alcance- y falta de provocación suficiente por parte de quien se defiende. Ninguna de estas condiciones se presenta en el cuento.

En cambio, Emma sí es autora material de un homicidio doloso puesto que buscó un resultado típicamente antijurídico y premeditado. ¿Por qué? Tiene el dominio del hecho y provoca un resultado lesivo que se le reprocha normativamente por no haberse inspirado en la norma, en otras palabras, la protagonista es culpable porque siempre comprendió la criminalidad de sus acciones.

En resumidas cuentas, la literatura crea una verosimilitud textual: “la historia era increíble pero se impuso a todos porque sustancialmente era cierta. Verdadero es el tono de Emma, el pudor, el odio y el ultraje; pero falsas son las circunstancias, hora y uno o dos nombres propios”. Finalmente, todo concluye en una muerte devenida en salvación para el padre, pero en condena y castigo para Emma Zunz. ♣♣♣

#PA.

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