El oscuro mundo delictivo en la pluma de Borges, Arlt y Ocampo

Por Penélope Canónico

Por Penélope Canónico


El delito irrumpe en todas sus formas. Se presenta como una amenaza potencial o concreta frente al orden social impuesto en los textos. La narración convierte al hecho inverosímil (fantástico) en una realidad atroz.

“La imagen de un crimen representado literalmente puede resultar más temible para el espíritu que el mismo crimen realizado”, exploran las letras académicas. La obra literaria implica un vehículo de creatividad y originalidad. Posibilita la extensión de los horizontes referenciales y recrea las conductas tipificadas en la pétrea letra del Código Penal.

Nadie debe ignorar el conocimiento de la ley ni del lenguaje. Las formas discursivas del derecho y de la literatura operan en universos distintos, pero convergen en la instrumentación de la comunicación. Materias interdisciplinares con diferentes miradas. Prescripción de conductas, facultades y obligaciones, por un lado. Descripción y creación de personajes acompañados de una verosimilitud textual, por el otro.

Toda transgresión requiere de una respuesta por parte del poder punitivo. El delito es, ante todo, un comportamiento humano y voluntario. Los juristas lo definen como acción típica, antijurídica y culpable (atribuible a un actor que debe ser penado por sus actos y no por lo que es). En el universo de las Letras, el sentido se invierte. Lo que importa es la reproducción de la imagen, antes que la de la realidad.

El delito irrumpe en todas sus formas. Se presenta como una amenaza potencial o concreta frente al orden social impuesto en los textos. La narración convierte al hecho inverosímil (fantástico) en una realidad atroz. Es la fuerza de la palabra. El acto de habla, parafraseando al lingüista John Austin.

Cadenas de ficciones correlacionadas. El juguete rabioso, novela realista de Roberto Arlt, relatos fantásticos de Silvina Ocampo (Fotografía, Cielo de claraboyas y La boda) y el texto policial de Emma Zunz junto a El Jardín de los senderos que se bifurcan de Jorge Luis Borges se inscriben dentro de la temática, con sus propias subjetividades. Todos, interpelan a una misma sociedad.

***

El cuerpo del delito

Singularidad en la forma de narrar. Jorge Luis Borges utiliza al delito para informar que los personajes le permiten contar una historia ficticia. En Emma Zunz el crimen aparece como una rama de la producción capitalista. La protagonista se descubre autora material e intelectual de un homicidio culposo y predeterminado. Pero, los justifica con circunstancias exculpantes: legítima defensa por intento de abuso sexual.

La noticia policial manifiesta la potencia del mal. Ficción. Puro teatro. Asesina a un hombre para ejercer una justicia que está por encima del Estado. Irrupción violenta con sabor a venganza. Falsificación de la verdad. Todo es una farsa. El arte de la simulación. La burla de un aparato jurídico al borde del colapso. Un doble campo semántico. La mujer se convierte en criminal.

***

La vida transgresora

Silvio Astier, el personaje de Roberto Arlt en El juguete rabioso, concibe al delito como una forma de trascendencia. Situaciones de crisis anuncian la inminencia de la disrupción. Plantea que la violación de la ley es una constelación de factores donde delincuente, víctima, Estado y sociedad conforman un todo. Para Josefina Ludmer, ensayista y crítica literaria, el delito funciona como un elemento discriminador que funda contraculturas (Ej.: en el club de Los Caballeros de la Noche no está mal robar).

***

Bajo un cielo de claraboyas

Relatos sumergidos en lo fantástico. Belleza ligada al horror. Convergen placer y dolor. SIlvina Ocampo disfraza su escritura con la inocencia de un niño para nombrar la ruptura en lo cotidiano. Sus ficciones alteran el orden normal de las cosas. Cuando lo familiar aparece extrañado, emergen los elementos del orden delictivo.

Entrever, vislumbrar, espiar secretos ajenos. Detalles terroríficos que revelan condimentos de crueldad desde el inicio de sus cuentos. Indagan el mundo burgués de Buenos Aires presentado como escenario ideal para que sucedan hechos fantásticos.

El espectador es un espía. Se convierte en cómplice del crimen con su lectura. La mirada es peligrosa. “Comprendí que había asistido a un crimen en medio de esos juegos que parecen inocentes”, destaca uno de sus personajes. La distancia irónica entre la ingenuidad del observador y la atrocidad de lo que se cuenta es un rasgo esencial de su narrativa. Muchas veces, los niños aparecen representados como brazos ejecutores del delito, sin saberlo. Los textos son inocentes. Es el lector quien los carga de perversidad. ¿Cómo se percibe el mundo delictivo en nuestra sociedad? ♣♣♣

#PA.

Notas Relacionadas

“Habrá un antes y un después” de la movilización en Uruguay

Con la emoción contenida bajo un cielo de un solo color, una multitud de uruguayas y uruguayos de distintos ámbitos y procedencias, de los más diversos colores y sectores del sector productivo, social y económico del país, este miércoles 15 se celebró una jornada de lucha y reflexión, de propuestas y señales, de esperanza y futuro.