A 60 años de la trágica partida de Ernest Hemingway

Por Penélope Canónico

Por Penélope Canónico


Desde la publicación de Adiós a las armas (1929), sus textos sembraron éxito. Por quién doblan las campanas (1940) marcó un hito en su carrera al punto de ser calificado como un clásico de la literatura estadounidense.

“La vida de cada hombre termina de la misma manera. Solo los detalles de cómo vivió y cómo murió distinguen a un hombre de otro”

Ernest Hemingway

Atormentado por fantasmas del pasado, el célebre escritor Ernest Hemingway se quitó la vida en su casa de Ketchum, en el estado norteamericano de Idaho, un 2 de julio de 1961. Hace 60 años, el hombre de la “generación perdida” y de la pluma “con elegancia en el sufrimiento” accionó el gatillo con su dedo pulgar, suscribiendo el final de un proceso de destrucción personal enhebrado al alcohol, los delirios y el enfrentamiento a sus propios demonios familiares.

Experimentó un trauma infantil que sosegó a golpes de rudeza e hidalguía. “Vivió con pasión y un enorme respeto por las otras culturas, con compromiso y determinación en tiempo de guerra. “Todo ello lo convierte en un estupendo modelo moral”, dijo hace algún tiempo James Meredith, presidente de la Hemingway Society, dedicada a conservar el legado del escritor.

De estilo sobrio, realista y casi autobiográfico, fue uno de los autores que más influyó sobre la ficción del Siglo XX y dejó huellas en las generaciones posteriores. García Márquez lo definió como un escritor que enseña la técnica para contar historias cortas y contundentes en cuya figura se puede aprender eso que los narradores conocen como “carpintería literaria”.

Escribió 7 novelas en vida -otras 3 salieron de manera póstuma-, libros de ensayos y varias colecciones de cuentos cortos. Cultivó una imagen de viajero y aventurero infatigable, con prolongadas estadías en París, Italia, España, Cuba o África. Ganó el premio Pulitzer en 1953 por “El viejo y el mar” (texto donde el personaje principal se enfrenta en soledad a la naturaleza y a su propio destino) y al año siguiente, el Premio Nobel de Literatura por su obra completa.

“Conocemos a Hemingway, el hombre, no a través de cartas o diarios, sino de historias recontadas a su vez por otros, reminiscencias que sirven para alimentar la leyenda y que -haciéndose cada vez menos fiables según su personaje queda atrás en el tiempo- aún continúan apareciendo”, describió Anthony Burgess en una de las tantas biografías que se publicaron de Hemingway.

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El sufrimiento como materia prima de su pluma

“El mundo nos rompe a todos, así es como entra la luz y, después, muchos son fuertes en los lugares rotos”, afirmaba el escritor estadounidense. Es que participó de diferentes conflictos bélicos. Sus relatos permiten explorar diversas facetas de su vida. Por ejemplo, el cuento inédito A Room on the Garden Side (Una habitación en el jardín) devela las proezas del novelista en la liberación de la capital francesa en 1944, donde fue corresponsal y, a la vez, parte de la resistencia.

El estallido de la Guerra Civil en España fue uno de los grandes tópicos de su literatura. Gran parte de sus experiencias vitales se reflejaban en sus obras. Por quién doblan las campanas, una de las citas que se desarrolla en una contienda española. De hecho, su participación como conductor de ambulancias en el frente italiano durante la Primera Guerra Mundial, su corresponsalía en la Guerra Civil Española, su presencia en el desembarco de Normandía y el rol activista en la liberación de París marcaron muchos de sus escritos.

Atormentado por el fuego que atravesaba desde las profundidades de su historia, perdió su última batalla en un punto de no retorno. Pero, tras seis décadas de su partida, el legado que dejó sigue siendo motivo de homenaje. ♣♣♣

#PA.

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