La soledad

La soledad

Por Adrián Machado


“La teoría sueca del amor”, documental estrenado en 2015, se resignifica en medio de un largo e intermitente confinamiento mundial. En el film se exhiben distintos rasgos de parte de la sociedad de aquel país, pero que forman parte de la aspiración y del canon occidental: independencia, individualismo y aislamiento.

Erik Gandini, cineasta ítalo-sueco, estrenó en 2015 “La teoría sueca del amor”. En los 90 minutos que dura el documental podemos ver, entre otras cuestiones, soledad, suicidios, personas que mueren solas sin que sus cuerpos sean reclamados por familiares o amigos. Suecia tiene, en proporción, la mayor cantidad de habitantes en el mundo que viven en solitario, cerca de la mitad de su población, y uno de cada cuatro mueren en esa condición. Lo que denota cierta insatisfacción en uno de los países paradigma del Estado de bienestar.

Algunas cifras notables del territorio noreuropeo: según la base de datos que dirige el economista Thomas Piketty, el 1% de mayor patrimonio tiene una participación del 9% en el PBI; cuando, por ejemplo, en los Estados Unidos ese porcentaje es más del doble. No solo en materia de desigualdad el país mantiene estándares de los que la mayoría del mundo se encuentra a una distancia envidiable, el ingreso nacional promedio es de más de 44000 euros anuales. Es decir, la estructura de aquel Estado pergeñado por los gobiernos socialdemócratas se conserva, en buena medida.

En Argentina se elogia al país nórdico -al igual que en otras latitudes- desde distintas corrientes ideológicas, por sus redes de contención, seguridad y asistencia a sus ciudadanos -esto es clave para el desarrollo del hiper individualismo que reseña el film-. Las loas de la derecha autóctona se evaporan cuando se conocen tres simples datos: la recaudación fiscal sobre PBI asciende a casi 44% contra alrededor del 29% de Argentina, la tasa de sindicalización sobre el total de empleados es de 67% en Suecia contra 25% del país sudamericano y el gasto público sobre PBI alcanza casi 50% en el país europeo contra el 39% de la nación del sur.

Precisamente, el origen del cambio estructural en la dinámica de las relaciones sociales proviene de esa distribución del ingreso al servicio de las necesidades ciudadanas. De manera específica debe hacerse referencia al manifiesto de 1972 -cuando cumplía su primer periodo como primer ministro Olof Palme-, “La familia del futuro: una política socialista para la familia”. El documento planteaba la independencia personal total; los ancianos no deben depender del cuidado de sus hijos, los jóvenes tienen que tener oportunidades que garanticen su estabilidad en el paso a la adultez, entre las parejas no existirá la dependencia económica, el Estado cubrirá las necesidades básicas. “Toda relación humana verdadera debe sustentarse en el principio de independencia entre las personas”, sentenciaba el documento. Era una proclama que daba por tierra con la vieja estructura familiar/patriarcal.

Bajo el mandato de Palme -quien necesitaría al menos un artículo aparte- el país logró consolidar su Estado de bienestar y atravesar de manera exitosa la crisis del petróleo de 1973. El primer mandatario es recordado, además de por su trágico y aún no aclarado asesinato, por el pacifismo, la defensa de los derechos humanos y el universalismo. Se opuso a la política exterior de los Estados Unidos en el contexto de la guerra fría, denunció la carrera armamentística de tipo nuclear entre las dos grandes potencias, condenó las invasiones de EEUU a Vietnam y de la URSS a Afganistán, se manifestó a favor de la autodeterminación palestina y de la no injerencia norteamericana en Cuba, se preocupó a menudo por la problemática de los países del denominado “tercer mundo” -criticó fuertemente el golpe de Estado en Chile, por ejemplo-. En síntesis, un Jefe de Estado de los que no abundan, que se destacó especialmente en su tiempo histórico y cuya vida se terminó abruptamente una noche de febrero de 1986.

“Había llegado el momento de liberar a las mujeres de los hombres, de liberar a los ancianos de sus hijos y a los adolescentes de sus padres”, señala la voz en off en “La teoría sueca del amor”. Las políticas aplicadas fueron exitosas, aunque tal vez el estado de situación que retrata Gandini no sea el proyectado a principios de los ’70. De eso se hace eco también el realizador en una entrevista de 2016: “En aquella época, los que estaban detrás del proyecto socialdemócrata del Estado de Bienestar no tenían realmente malas intenciones. Ciertamente, no fue la intención de crear una sociedad de individuos solitarios y egoístas que se desprenden unos de otros y obsesionan con la autosuficiencia. No podían saber que una ola de cultura neoliberal llegaría en los años 80 a través del egoísmo económico, la cultura de consumo y la falta de ideologías colectivas, y que se convertiría en proyecto existencial que ahora está dominando el mundo”.

La película comienza con una mujer corriendo sola y explicando que su deseo era tener hijos, no una relación. Su relato es acompañado de primeros planos de hombres masturbándose en una sala de una compañía danesa, líder en venta de esperma congelado, cuyas mejores clientas son las mujeres suecas. Se suplanta la relación y, claro está, el sexo: vía web se elige según preferencias sociales, raciales y de edad.

El director comentó en la entrevista anteriormente citada que más que un largometraje sobre el país escandinavo o sobre cualquier otro es “sobre una idea, una idea muy exitosa hoy en día en todo el mundo occidental. La idea de que uno debe ponerse en el centro y encontrar la felicidad en ser uno mismo, el proyecto más importante de la vida. Liberándonos de otras personas y dedicando nuestra vida a intentar ser independientes”. Es atinada esta visión por lo sucedido luego de implementadas las políticas para derribar las viejas estructuras familiares patriarcales, donde las tecnologías surgidas a posteriori -incluidas las redes sociales, el comercio puerta a puerta y el teletrabajo- tuvieron un papel central en el moldeado de la cultura. Es decir, lo planeado por el gobierno de Palme no tenía como objetivo lograr una rotura del lazo social, como terminó sucediendo en parte de la sociedad. Vivir solo y en aislamiento.

En el documental se exhiben otras costumbres actuales, donde se aprecia el paso de la independencia personal al hiperindividualismo carente de contacto físico. El recorrido del trabajo cotidiano de los empleados de una agencia estatal que tiene como misión retirar los cuerpos de las personas que mueren sin que nadie se percate de la situación es revelador. El 25% de la población muere en esa condición, de manera anónima sin que nadie los reclame, en un departamento del que no salen excepto para realizar pequeñas compras. El rol del Estado es fundamental para que esto suceda: pensiones y subsidios se transfieren automáticamente a las cuentas de los beneficiarios y de allí se debitan directamente los servicios esenciales. Por lo que pueden pasar meses o años hasta que un vecino, debido al olor, avise a la agencia. A partir de allí, la tarea de los agentes es encontrar algún pariente que se haga cargo, si no lo encuentran o el familiar no tiene intenciones de relacionarse con la persona fallecida, el Estado toma posesión de sus pertenencias.

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En un país que tiene extensos antecedentes en la recepción de refugiados de sitios en guerra o que padecen crisis humanitarias, el largometraje ofrece una mirada a los asilados sirios que son acogidos por Suecia: “¿Dónde están los suecos? No hay manera de conocerlos”, se preguntan desconcertados. Reciben instrucción por parte de una inmigrante ya integrada al entramado social que advierte que la puntualidad es fundamental o que a los suecos les gustan las respuestas cortas. En promedio, estos refugiados tardan 7 años en encontrar algún trabajo e integrarse a la sociedad, menciona la película.

Donde el documental falla es en las causas que esgrime sobre la situación y en las posibles alternativas. Gandini afirma que el exacerbado individualismo es resultado de la riqueza del país: “En los países más ricos puedes permitirte preocuparte por ti mismo como el proyecto más importante del mundo”, apoya la voz en off. Esa explicación lineal es seguida de algunos posibles caminos alternativos: un retorno a la naturaleza, de la mano de un puñado de jóvenes que no están conformes con el estado de las cosas y se internan en el bosque a “vivir de la tierra” y mantener relaciones más cercanas. El otro ejemplo ofrecido es el de un médico sueco que se mudó a Etiopía y, en medio de todo tipo de carencias materiales, encuentra satisfacción en ayudar. No suenan muy tentadoras esas opciones, más aún si son observadas desde esta parte del planeta, romantización de la pobreza o exacerbación del subdesarrollo.

“La teoría sueca del amor” nos despide con las palabras del sociólogo Zygmunt Bauman, quien aboga por la interdependencia en lugar de la independencia extrema: “Al final de la independencia no está la felicidad, está el vacío de la vida, la insignificancia de la vida y un aburrimiento absolutamente inimaginable”. ♣♣♣

#PA.

Viernes 31 de julio de 2020.