La primera vuelta al mundo

La primera vuelta al mundo

Por Manuel Rus

Hace exactamente 499 años que la nao Victoria zarpó desde Timor para completar la primera vuelta al mundo, culminada el 6 de septiembre de 1522 en la región española de Andalucía tras navegar siete meses con una única escala de tres días en Cabo Verde, de donde los pocos supervivientes al mando de Juan Sebastián Elcano salieron huyendo de los portugueses.

Esa larga travesía es una de las grandes hazañas de la navegación mundial porque fue la primera vez que un barco cruzaba el Índico sin tocar tierra, lo que Elcano decidió para evitar ser apresado por los portugueses, que ya habían navegado por esas aguas, pero siempre cerca de la costa y sin adentrarse en medio del inhóspito océano.

“¿Se imaginan embarcar hoy en la nao Victoria y no volver a pisar tierra hasta el 6 de septiembre? Tal día como hoy, hace 499 años, la nao Victoria zarpaba de Timor. La mayoría de los dieciocho marinos que llegaron en ella no desembarcaron nunca hasta llegar a España”, subraya el especialista en la primera vuelta al mundo Tomás Mazón.

Con el barco a rebosar de clavo, lo que permitió que la expedición comenzada en 1519 fuera un éxito comercial, el barco bajó por debajo del paralelo 40, una zona conocida por los navegantes como los “Cuarenta rugientes” por los habituales temporales que se registran.

En las competiciones actuales de la vuelta al mundo a vela esta zona se recorre en sentido contrario al que lo hicieron los españoles hace casi quinientos años porque las corrientes son más favorables y se evitan los constantes zigzag que se vio obligada a efectuar la Victoria para poder avanzar, debido al viento contrario que tenía.

A la aventura del regreso a casa aún le quedaban muchos pasajes porque, cuando el 4 de mayo pensaban que habían pasado al sur del temido Cabo de Buena Esperanza en África, comprobaron que estaban más al norte y hasta el 19 de ese mes no lo sobrepasaron tras fuertes vientos y mar en contra, lo que les provocó la rotura de un mástil.

En ese periodo estuvieron a punto de tirar la carga de clavo para navegar mejor, pero decidieron que no porque “buscan la gloria y no quieren volver sin su preciado cargamento”, sostiene Mazón.

El cronista de la expedición, Pigafetta, lo deja claro: “Hallándose la mayor parte de la tripulación inclinada más al honor que a la vida misma, determinamos hacer cuantos esfuerzos nos fuera posible para regresar a España.”

Una vez en el Atlántico logran vientos favorables y recorren grandes cantidades de millas en un solo día, pero la falta de alimentos provoca las primeras de las quince bajas tras varios días comiendo solo arroz hervido con agua de mar, lo que lleva a Elcano a buscar durante quince días un lugar en el que abastecerse, pero solo encuentran manglares. Están en Guinea.

Ante esa tesitura votan qué hacer y deciden parar en Cabo Verde mintiendo sobre su origen (dijeron que venían de América), para no ser apresados por los portugueses, ya que a los españoles les estaba prohibido comerciar con las especies de las Molucas, pero al tercer día los descubren y salen huyendo.

En las islas atlánticas descubren que para ellos es día 9 y para los portugueses es el 10 y comprueban que, “navegando siempre hacia el oeste, siguiendo el curso del sol y habiendo regresado al mismo punto, debíamos ganar veinticuatro horas sobre los que permanecían en el mismo sitio, y basta reflexionar para convencerse de ello”, explica Pigafetta.

En la huida dejan en tierra a trece marineros, que luego serían rescatados por el rey Carlos V y, para engañar a los portugueses, Elcano pone rumbo sur, que luego cambian para llegar hasta las Azores y desde allí hasta Sanlúcar de Barrameda (Cádiz, sur de España), donde arriban el 6 de septiembre.

En Sanlúcar están dos días antes de ir hasta Sevilla y compran “12 arrobas de vino, 75 hogazas de pan y roscas, un cuarto de vaca y melones”.

Esa cantidad de comida estaba justificada porque, como dejó escrito Elcano, hasta la costa andaluza llegaron solo dieciocho navegantes “flacos como jamás hombres estuvieron”.

La gloria de ser el primero en capitanear una vuelta al mundo es historia ya conocida, Elcano lo sabe y se lo dice al emperador: “Mas sabera tu alta magestad, lo que en mas avemos de estimar y tener es que hemos descubierto e redondeado toda la redondeza del mundo, yendo por el oçidente e venyendo por el oriente”.  ♣♣♣

#PA. EFE, Sevilla (España).