La mujer en el teatro de Shakeaspere

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Por Penélope Conónico


Las obras del dramaturgo inglés se resignifican época tras época, sin perder vigencia. Al asistir a sus representaciones, el espectador experimenta las pasiones presentadas sobre el escenario. Allí reside la magia de sus textos. Los personajes femeninos contribuyeron a acentuar este propósito.

Shakeaspere representa la gran corriente de la vida; la invención de lo humano, parafraseando al crítico estadounidense Harold Bloom. Sus dramas son vitales, maravillosos, profundos, divertidos, crueles y populares. Impactaron y se arraigaron en la cultura. Todos nos enamoramos con Romeo y Julieta, defendimos los ideales de Antígona, sentimos celos con Otelo o atravesamos la neurosis con Lady Macbeth.

Diferentes clases de mujeres afloran en las obras del dramaturgo inglés. En Macbeth aparece la figura femenina asociada a la ambición por el poder y a la falta de descendencia por no cumplir con los mandatos sociales. Lo mismo sucede en Antonio y Cleopatra. En cambio, en El Mercader de Venecia surge la mujer racional que supera a los varones en su argumentación, pero debe enmascarar su rostro bajo ropajes masculinos, como si fuera un juez. En La tempestad, última obra conocida de Shakeaspere, el personaje de Miranda aparece vinculado a la civilización porque resuelve cuestiones que su padre, obsesionado en la magia, olvidaba.

Si uno se remonta al siglo XVII, pareciera que la función de la mujer es secundaria. Asume un papel de mera espectadora, lo cual puede observarse en las grabaciones que las retrataban camino al teatro, dentro de embarcaciones. Es necesario preguntarse qué pasaba con ellas en el contexto de la representación, dado que les estaba prohibido subirse al escenario porque estaba mal visto social y moralmente que fueran actrices. Los papeles femeninos eran representados por jóvenes adolescentes para que la voz no sonara tan discordante. “El gran desafío actual es ver cómo Shakespeare pensó los personajes femeninos en su entorno histórico. Es necesario leerlo y releerlo en claves distintas”, sostiene Featherston.

El lector del siglo XXI se asombra de que los personajes interpretados por Julieta y por Lady Macbeth evidencien un distanciamiento con respecto al modelo coercitivo femenino de la época. Ninguno se ajusta al estereotipo de mujer confinada al ámbito de lo privado. Tampoco lo hacen Cleopatra en Antonio y Cleopatra, Gertrudis en Hamlet, Titania en Sueño de una noche de verano ni Porcia en El mercader de Venecia. “No es un dato menor que estas figuras adquieran una función activa dentro de las tragedias y comedias de Shakespeare; mientras que en las obras históricas se tiñen de pasividad al ser consideradas como prendas de intercambio entre las dinastías”, destaca la investigadora.

Antonio y Cleopatra, Helena y Lisandro, Píramo y Tisbe, Troilo y Crésida. Shakeaspere construyó sus obras tomando diversas parejas de amantes provenientes de la antigüedad. Todos poseen una larga tradición que fue rescrita y resignificada por el escritor inglés. Pero el personaje de Julieta escapa al estado de la cuestión. No deriva de ninguna literatura clásica, mitología, leyenda ni cultura arcaica. Se trata de una doncella cuya imagen fue construida e idealizada culturalmente por la sociedad. No existen referencias internas que aludan a las pasiones de Romeo y Julieta como sí ocurre, por poner un ejemplo, con la pareja de Píramo y Tisbe a la cual sugiere Hamlet.

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Un poco de historia

El teatro del dramaturgo se produjo principalmente en la época isabelina (Siglo XVII), donde fue conceptuado como una empresa comercial. Cumplía una función de entretenimiento popular y estaba ubicado en una zona marginal de Londres, llamada Southback (ámbito de prostíbulos, pubs y teatros). El precio de las entradas variaba de acuerdo a la comodidad de la ubicación: las más baratas le exigían al público estar de pie, expuesto a los cambios meteorológicos.

Las representaciones se llevaban a cabo durante el mediodía. “Me resulta difícil imaginar la escena central de Romeo y Julieta en plena luz del día porque estudié a Shakespeare a la manera victoriana, en la cual la escenografía es realista y verosímil. Pero en el período isabelino el público tenía un papel activo. Estaba obligado intervenir con su imaginación”, explica Cristina Featherston, docente de literatura inglesa de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) e investigadora de CONICET.

A fines del siglo XX, un reconocido actor norteamericano encontró una placa en el depósito de una zona abandonada del southback, que tenía la siguiente leyenda: Aquí estuvo el teatro de Shakeaspere. Fue donde se construyó El Globo, recinto elegido por la compañía del dramaturgo inglés. “Cuando fui al Globo, asistí a una puesta en escena de la Fierecilla domada. Actuaban solo mujeres. Es curioso que en pleno siglo XX los papeles masculinos estén representados por otro género. Descubrí que el director de la obra había decidido presentar la contrapartida del teatro isabelino, haciendo el ejercicio inverso”, relata la investigadora.

La literatura siempre ha estado fundada sobre la mimesis de situaciones reales y sobre discursos necesariamente individualizados y sexuados. Como sistema de comunicación, conlleva distintas posibilidades de conotación y transgresión. Por eso, personajes shakespereanos como Antígona continúa interrogando las mentes humanas: Ser o no ser… ¿Será esa la cuestión? Quizás en la distinción entre el “sueño” constitutivo de nuestra condición y el “dormir” que acecha la brevedad de nuestra vida se cifre el verdadero poder que Shakespeare sigue reconociendo en la humanidad.   ♣♣♣

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Detrás del telón

La actriz Irene Almus habló con #PuenteAereo sobre su experiencia en el mundo de Shakespeare cuando interpretó a la nodriza de Romeo y Julieta.

–¿Cómo definirías al teatro de Shakeaspere?

–El teatro de Shakespare enseña personajes absolutamente humanos y por lo tanto débiles y apasionados. Por ejemplo, “mi” nodriza tiene muchos “claroscuros”. La mueve su profundo amor por Julieta pero también tiene miedo, y sabe que se comprometió en una situación muy complicada y arriesgada y más allá de salvar a Julieta de la situación desesperada que está viviendo, también quiere salvar su pellejo. Es realista. Sabe que no hay escapatoria. Comprende su error demasiado tarde.

–¿Qué motivaciones internas invaden a la nodriza? ¿Cuáles son las consecuencias de sus decisiones?

–Su existencia cobra sentido a través de Julieta. La nodriza es feliz en tanto y en cuanto sea necesaria pueda compartir su vida con la joven. Julieta representa, en cierto sentido, el reemplazo de su hija muerta. Ella y el fray Lorenzo son cómplices de un acto adolescente y apresurado que, como adultos, hubieran podido manejar de otra manera.

–¿A qué patrones sociales responde la nodriza? ¿Cómo se caracteriza?

–La nodriza es una sierva que presta su servicio en la casa de los Capuleto. Digamos que es una sierva con ciertos beneficios, pero sierva al fin. El orden medieval está llegando a su fin y la movilidad de las ciudades renacentistas está comenzando a surgir. En esta tragedia, las mujeres son sometidas por una sociedad machista, como la señora Capuleto, sometida a las decisiones de su marido. En el caso del Ama, también está sometida a una situación de servidumbre que expone a situaciones de peligro.

–¿Cómo es su relación con Julieta? ¿Qué determinación toma la nodriza cuando comprende su error y en qué consiste este?

–Su relación es maternal, es más madre de Julieta que la propia Sra. Capuleto y Julieta también lo siente así. Tiene la necesidad de proteger a Julieta y también de salvar su propio pellejo. Con su intervención “apura” los acontecimientos hasta que sobreviene la tragedia.

#PA.

Domingo 10 de noviembre de 2019.
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